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Juego de Tronos: de amores y de odios

Para terminar, la tercera razón por la cual aún hay tiempo de leer Canción de hielo y fuego es la siguiente: a diferencia de los que ven la serie, no es que me gusten mucho los Stark; de hecho, mis personajes favoritos son dos Lannister.

02 de julio de 2017 - 09:00 p. m.
A la derecha, la princesa Daenerys Targaryen, junto a su protector. Dos de los personajes más emblemáticos de la serie.
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Para terminar, la tercera razón por la cual aún hay tiempo de leer Canción de hielo y fuego es la siguiente: a diferencia de los que ven la serie, no es que me gusten mucho los Stark; de hecho, mis personajes favoritos son dos Lannister. La razón de lo anterior es que, siendo Juego de Tronos un producto televisivo, HBO enfatiza en la acción y el diálogo explicativo, haciendo que los personajes pierdan complejidad y el televidente defina más fácilmente quién le gusta y quién no. Esta tarea es muy fácil en Canción de hielo y fuego. Cada capítulo está escrito desde el punto de vista de algún personaje; así, el lector es testigo de sus sentimientos y pensamientos. Aprovechando este recurso, George R. R. Martin juega con los lectores al presentar a sus personajes desde el punto de vista de otros, para luego mostrarles la otra cara de la moneda. Asimismo, colorea los eventos de la historia con sus personalidades. 

Uno de los personajes que más se ha visto afectado por la falta de introspección en la serie es Jaime Lannister. Sí, en efecto tiró a un niño por la ventana y se acuesta con la hermana. Este lado del personaje es introducido desde el punto de vista de Bran y Ned Stark. Mientras el primero no sabía qué estaba haciendo, el segundo detestaba a aquel hombre “sin honor”. En estos capítulos, el lector se contagia de la opinión subjetiva de los Stark y, como resultado, odia a Jaime. Yo lo odié. Ahora es de mis personajes favoritos porque es mucho más que eso, pero los elementos que lo redimen se encuentran en sus sentimientos, algo que no alcanza a captar la serie por completo.

Por ejemplo, si bien mantiene una relación con Cersei, realmente la ama y el lector logra sentir empatía por él cuando le entristece que le sea infiel. Igualmente, en los libros, los sentimientos encontrados que tiene hacia Brienne son más evidentes, y lo más importante: irónicamente es el mejor caballero de los Siete Reinos porque el sistema del honor en Poniente está podrido. Jaime fue repudiado porque mató al Rey Loco, sin importar si era mal gobernante o pretendía quemar una ciudad entera. En cambio, cuando Jaime intentó detener a ese mismo rey por violar a su esposa, uno de aquellos virtuosos caballeros de la Guardia Real le dio una lección de honor: Debes mantenerte en el umbral porque tu deber es sólo obedecer y proteger al rey. Oh sí, el honorable Ned Stark le habría dado la misma lección.

Tyrion también se ve afectado, pero por lo contrario. Este enano es alguien que gusta tanto a televidentes como a lectores, y es la sensibilidad de este personaje mucho más palpable en los libros, pues sus pensamientos más memorables son también los más enternecedores de la saga. Quiere defender Desembarco del Rey, no para salvar su propia vida, sino para demostrarle al pueblo que no es el demonio que creen que es. Asimismo, a pesar de que su esposa, siente asco por él. No hace sino protegerla y desear que lo ame.

No obstante, HBO ha “blanqueado” a Tyrion, debido al límite de tiempo que tienen para contar la historia. Es el enano que se enamora a primera vista, entabla amistades con bastardos, se obsesiona con canciones de amor y protege damas en apuros. En sus palabras, “siento debilidad por los tullidos, bastardos y cosas rotas”; pero así como es quien más profundamente ama, también es quien más visceralmente odia, incluso a sí mismo. Piensa varias veces en matar a su hermana. Envía a su mercenario a despedazar a un bardo y estuvo a punto de suicidarse. El último libro publicado muestra un Tyrion capaz de herir a aquellos por quienes “sentía debilidad” y que se parece más a un monstruo que al personaje compasivo que estamos acostumbrados a ver. En cambio, HBO ha presentado un Tyrion que cuentachistes, “toma vino y sabe cosas”. Lo siento, eso no ocurre.

¿Por qué me gustaría más alguien así en lugar, por ejemplo, de Jon Nieve? Porque prefiero ver personajes menospreciados, caídos en desgracia y realizando cosas infames antes de alzarse como héroes. En un universo con personajes tan complejos, el perfecto Jon Nieve me aburre: siempre honorable, siempre fuerte, que siempre sale victorioso (por Dios, ¡hasta lo reviven!). Ya hemos tenido suficiente de aquel modelo heroico. La vida no es una canción. Aquellos héroes intocables no existen, lo que existen son seres humanos imperfectos, que intentan superarse a sí mismos a pesar de sus defectos y el desprecio del mundo. He ahí por qué no soy muy pro Stark; personalmente, prefiero personajes más grises, tan tribulados como virtuosos.

Ahora bien, las personalidades de los personajes no sólo ayudan a entender mejor sus emociones y motivaciones, también le dan forma a los acontecimientos. Sansa Stark es un claro símbolo de esto. Esta niña está llena de silencios y vacía de expresiones; además, lo poco que dice es para complacer a Joffrey o Cersei; por tanto, la perspectiva de lo que ocurre cambia bastante cuando uno, en lugar de presenciar el silencio de Sansa, logra meterse en su cabeza y leer su sufrimiento y hasta su estupidez. Por otra parte, si bien ningún personaje es confiable, en Sansa el contraste entre lo que realmente ocurre y lo que ella recuerda es más notorio. Por citar un caso, está convencida de que el Perro la besó, cuando nunca la ha tocado, algo que el autor ya confirmó que tendrá importancia en el futuro.

Podría seguir personaje a personaje, diseccionando sus emociones, su pasado y sus pensamientos. Podría hablar de la manera como Cersei protege a sus hijos como toda una leona, de los recuerdos deshonrosos que persiguen a Barristan o de cómo la personalidad de cada personaje enriquece la narración de la historia. Pero el espacio no alcanza, y tampoco quiero quitarles la emoción de viajar por la profundidad psicológica de los habitantes de Poniente.

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Por consiguiente, los invito a leer y, en consecuencia, a repensar sus alianzas cuando sean los personajes mismos quienes les cuenten por qué hacen lo que hacen. A este respecto, George Martin no es Fyodor Dostoievski, pero hace un trabajo decente. De igual forma, los invito a ver cómo una misma situación cambia desde los ojos de personajes diferentes. Juego de Tronos sólo tiene una forma lineal de narrar las cosas, en Canción de hielo de fuego existen tantas maneras de narrar como personajes hay en la historia. Si la vida está llena de matices, si nosotros estamos llenos de matices, ¿por qué la literatura no puede tenerlos también?

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