Carlos Salas, director de la Galería Mundo veía venir los diez años de ese proyecto artístico que había cocinado con amigos entre charlas de cafetería. Pensaba que, quizás, a la manera de un gran jugador de béisbol, era mejor retirarse en uno de los momentos más fructíferos de la galería, que, quizás, era el tiempo de darle fin a una década de curadurías que descubrió jóvenes talentos y los puso a compartir el espacio ubicado en una de las Torres del Parque con maestros afamados de la plástica colombiana.
En la incertidumbre, Salas había intentado encontrar los hilos del destino en el tarot, entre esas cartas llenas de ruedas, ángeles, demonios y sacerdotisas. “Los diez años de Mundo han sido un camino recorrido que pareciera marcado por las cartas . Si nos hubiéramos guiado por su lectura, la carta de inicio con seguridad habría sido El Loco, libre para todas sus decisiones. La del final, El Mundo, la que cierra el círculo e indica que la obra llega a su fin cuando ya no se puede recibir daño de nadie, ni tampoco beneficios”.
Las cartas parecían sugerir lo que su intuición artística le venía insinuando: era la hora de planear el cierre de la galería, de planear las muestras que la llevarían caminando orgullosa hacia su propio final. Pensó que si las cartas habían vaticinado el destino de la galería, por qué entonces no hacer de ellas —de ese juego que tejen sus arcanos— el objeto mismo de una de las últimas exhibiciones que acogieran sus blancas paredes.
Salas eligió así el tarot de Marsella, el mazo completo compuesto por 22 arcanos mayores y 56 arcanos menores. Del cero al veintiuno, los arcanos mayores ofrecían las comprensiones de un mundo interno y descubrían hechos para que el destino pudiera ser rey. Por su parte, los menores eran el tejido y los colores de un destino posible.
El mazo fue dividido y, dejando que los designios del azar se impusieran, el director de Mundo asignó una carta a cada artista. “Todo mazo de tarot es un juego que no resulta inocuo. Acalora las pasiones y avisa con suficiente antelación las vanidades de un mundo que gira para nunca permanecer en el mismo lugar. Cada carta se acomoda, se mezcla y evidencia sin tapujos un lugar, un requerimiento y más de una consecuencia”, le anticipó la tarotista Diana Castro Benetti.
El resultado de su apuesta fue poder leer a través de las imágenes trabajadas por 32 artistas invitados, un tarot que, además de tener todos sus atributos, permite nuevas lecturas: “las que se dan al contemplar cada una de las cartas concebidas como obras de arte en esta especie de museo imaginario”, explica Salas.
“Podría suponer que la asignación de cartas se hizo al azar, pero en mi caso creo que se hizo de forma resuelta”, asegura por su parte la artista plástica Carolina Convers. “Sabían que la figura femenina en mi trabajo es una reflexión que va más allá de mi ser como mujer. Así, para crear ‘La Sacerdotisa’ propuse una simple imagen, la de una feminidad exaltada”, añade, esta convocada a hacer parte de este proyecto artístico que desborda el espacio mismo de la galería y se materializa en un tarot, haciendo del arte un objeto portable, usable y que s e puede comprar por $90 mil.
“El proceso fue interesante pues, además de investigar el tarot y el significado de cada carta, me fue posible hacer un paralelo entre el mago de la carta y la influencia de la magia en Latinoamerica”, añade, por su parte, el artista plástico Franklin Aguirre.
Arcano tras arcano, cada carta tiene su significado . Patas arriba o quedándose quietos, ‘Los Enamorados’ de Eva Celin, ‘ El Colgado’ de Iván Rickernmann, ‘La Muerte’ de Juan Carlos Delgado se empujan y se respetan entre sí, ninguno sobresale, ninguno se queda pequeño. Son los designios de grandeza y locura que componen un teatro bien dispuesto.
En la Galería Mundo (carrera 5 No. 26A-19) se realizará el próximo miércoles de 6 p.m. a 9 p.m. la lectura del tarot.