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La cara detrás de ExpoArtesanías

Amalia de Pombo es la cabeza  de la plataforma del trabajo artesanal colombiano que se da cita cada diciembre en Corferias.

06 de diciembre de 2008 - 12:00 a. m.
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En una mano sostiene un celular  y en la otra un intercomunicador que no paran de timbrar y de solicitarla. Vestida como una ejecutiva, un collar artesanal de la India y un cinturón Wayúu son los encargados de darle unas puntadas de color y el toque especial a su atuendo. Saluda a un artesano por el nombre y cruza con un empleado de Corferias para decirle que la están buscando. Da una entrevista para la radio mientras otros esperan que los atienda, mientras en los pasillos se cuelan los acentos de los costeños y de los pastusos entre fiques, werregues, mochilas, hamacas, máscaras y una creatividad convertida en objeto.  

Son las 11:50 y la 18 Feria de Artesanías está a punto de abrir sus puertas al público, y Amalia de Pombo, su directora por segundo año, siente esa mezcla de ansiedad, felicidad y estrés que producen la organización y la expectativa de un evento de tales magnitudes, el cual toma todo un año de trabajo de planeación.

Amalia asegura que el gran reto es tratar de incluir el mayor número de artesanos posibles y  continuar con el objetivo de mejorar cada vez más el diseño y el terminado de la artesanía que, en últimas, es la gran ventana comercial de Colombia. “La meta es crear más oportunidades y capacidad para exportar al exterior y que los artesanos tengan mayores herramientas para negociar. Artesanías de Colombia está haciendo un trabajo muy importante para agrupar , reunir y fortalecer a los distintos artesanos en asociaciones de tal manera que sean competitivos”.

Esta literata, graduada de la Universidad de los Andes, siempre fue una apasionada de las expresiones culturales. De su madre argentina quizá heredó el gusto por los escritores como Cortázar, Borges y Girondo. De su padre cartagenero se le pegó el bailado costeño pero se considera una rola rotunda tanto de apariencia como de esencia. La música, la que le funciona como inspiración y escape al mismo tiempo fue motivo de estudio. Se  graduó con una opción en canto y disfrutó haber pertenecido al coro de esa misma institución. Siguiendo el camino de las letras entró a Editorial Norma como editora júnior y tiempo después se fue a Madrid a hacer una Maestría en Comunicación de Instituciones Públicas y Políticas en la Universidad Complutense.

A su regreso tuvo la oportunidad de ingresar al sector público, una gran escuela generadora de experiencias increíbles. Ahí permaneció por cinco años, donde empezó como secretaria privada de la Ministra de Cultura y terminó como directora del Teatro Colón. A pesar de que la literatura fue su centro de estudio y de que siempre ha sido una ávida lectora, ha sentido más conexión con el mundo de la música. La dirección de uno de los teatros más insignes del país le permitió conocer de primera mano grupos de música colombianos maravillosos, afianzar una entrañable relación con la Orquesta Sinfónica de Colombia y haber conocido y departido con  artistas de la talla Olga Kern y  Yo-Yo Ma, entre muchos otros. 

Este último lo recuerda con especial aprecio por ser no sólo el chelista más reconocido mundialmente sino por ser cariñoso, sencillo, cálido y casi como un hombre del Renacimiento interesado en preguntar, en conocer y en  aprender. “En vez de ser una persona que quiere mostrarse a sí misma, lo que le interesa es aprender”, afirma Amalia, con emoción al recordarlo.

De su paso por este puesto, se siente orgullosa de haber creado  el programa del Colón electrónico con compositores nacionales e internacionales y haber sacado un disco de esa experiencia. Asimismo, de la mano de Antonio Arnedo, logró hacer una serie de conciertos de nueva música colombiana que rescataban ritmos tradicionales del país, reinventándolos y haciendo que un tiple o  un cuatro llanero  sonaran a jazz.

Desde hace más de un año se siente feliz con su nueva tarea. Siempre fue una asidua a ExpoArtesanías y solía salir con toneladas de paquetes. Su perspectiva de la feria ha cambiado desde entonces, porque tomó conciencia de que  hay un artesano y unas manos  detrás de cada  objeto.  “Detrás de cada producto hay una familia, una historia, una anécdota, una vida y años de tradición por contar. Conocer la tras escena me ha parecido muy interesante”. 

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Uno de los oficios que más admira es el del Barniz de Pasto. Entender cómo era el proceso le abrió otro panorama. “Entendí que el material lo extraen del árbol del Mopa Mopa, lo calientan y  le sacan la resina que preparan de manera especial para tinturar. Me impresiona ser testigo de cómo los artesanos de hoy en día han convertido esta técnica en una verdadera obra de arte”. El tamo de Nariño tampoco se queda atrás, pues cada objeto requiere de un mes de trabajo.

Por otro lado, están las personas que han redescubierto la artesanía a través de lo urbano y que están encontrando nuevas voces y nuevas maneras de expresarse mediante el objeto artesanal ya con un lenguaje contemporáneo. Según Amalia, eso le da una vida a la artesanía que le permite tener dos caminos: el del establecido y la tradición y el otro que tiene una nueva lectura.

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Si de novedades se trata, la feria siempre tendrá algo novedoso que ofrecer, pues el requisito para que un artesano vuelva a ser aceptado por el consejo directivo es que debe traer cinco objetos nuevos. Si se multiplica 850 artesanos por cinco, siempre se encontrarán cosas nuevas. Además, a pesar de que lo que más le duele a Amalia es dejar artesanos en la lista de espera por la limitación de espacio, cada año se hace un esfuerzo por lograr mayor inclusión y que el proceso de asesoría sea cada vez  mejor y eso, en efecto, se ve en el producto que cada vez es más perfecto.

Por ejemplo, en el pabellón 5, Artesanías de Colombia estará  mostrando el producto de todas las asociaciones y trabajos que se hicieron con distintas instituciones encaminadas a ayudar a poblaciones desplazadas o hacer nuevos desarrollos en comunidades. “Es muy bonito ver el trabajo de una comunidad que no sabía trabajar con las manos, ni siquiera cómo coger una aguja y ver que de esas  personas se hacen artesanos”.

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A Amalia le quedan 11 días para invocar los días de cielo azul de diciembre, tan esquivos en estos tiempos, y toda una vida para gozarse a Joaquín, su primer hijo que apenas tiene dos meses de nacido.

La tradición también deja dividendos

La Feria Expoartesanías 2008, no sólo es un despliegue de forma y de color, la muestra reunirá los mejores trabajos de once países y espera negocios por el equivalente a más de cinco millones de dólares. Vasijas extrañas y trabajadas, joyería típica, tapices y cestería estarán expuestos en la feria, hasta el 17 de diciembre, en donde además se expondrán muestras autóctonas de Bolivia, Brasil, Ecuador, Guatemala, India, México, Pakistán, Perú, Paraguay e Indonesia.

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Los visitantes podrán además sorprenderse con hermosos trabajos en chamba, tagua, papel maché, tamo, werregue, lana oriundos de los pueblos tradicionales de Colombia. En la feria habrá más de 850 expositores, se prevé la asistencia de más de 85.000 visitantes y se esperan ventas superiores a las del año pasado. La exposición se dividirá en un pabellón de indígenas y afrocolombianos, otro internacional, uno de mesa y mobiliario, el de joyería y bisutería, el de moda y accesorios y uno más de objetos tradicionales. Entre los expositores figuran más de 200 comunidades campesinas colombianas y 80 de indígenas y afrocolombianos.

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