Fabio Rubiano, el fundador del Teatro Petra y reconocido dramaturgo colombiano, reflexiona en Soy asesino y padre de familia sobre ser victimario en Colombia. A partir de un monólogo relata la forma de vida de Alejandro, un agente de La Dirección, entidad secreta del Ejército que inculpa a supuestos subversivos y luego procede a amputarles los pies, asesinarlos y extorsionarlos.
El libro comienza contando la vida laboral y personal del protagonista como esferas separadas; sin embargo, minetras avanza, convergen estas dos esferas, al punto que una de sus misiones en La Dirección es utilizar su experiencia laboral para que su hija mayor se aleje de su novio.
El libro muestra algunas de las problemáticas en la sociedad actual, como acostumbrarse a la violencia, además funcionó como inspiración para la aclamada obra de teatro Labio de liebre. La obra trata sobre la historia de Salvo Castello, un asesino que tras muchos años de cometer sus crímenes paga su condena en Norteamérica e intenta alejarse de ese pasado. Sin embargo, a su memoria regresan algunas de sus víctimas para mortificarlo.
El autor de estas dos piezas artísticas participará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (Filbo) el sábado 29 de abril con una lectura dramatizada a tres voces del monólogo Soy asesino y padre de familia.
¿Qué lo impulsó a escribir Soy asesino y padre de familia?
Fueron todos los intereses estéticos y artísticos, de historias que trabajamos sobre victimarios en el Teatro Petra. Técnicamente el libro surge porque la editorial Planeta me llamó para que escribiera un ensayo sobre el conflicto y el posconflicto. Yo les digo que prefiero no hacer un ensayo –sí los he escrito, pero no me parece que sean tanto mi oficio- y que si quieren les escribo un monólogo de un victimario. Entonces hago una pequeña improvisación hablada, no actuada, de lo que consideraría que sería la narración. Empiezo a escribir en primera persona sobre ideas que tenía por ahí anotadas. Les interesó y aceptaron.
Al principio se quería hacer una edición de bolsillo, pero el texto comenzó a agrandarse. Luego los editores y la correctora de estilo propusieron que tuviera unas ilustraciones y así se hizo.
¿Cuáles son los problemas que trata el libro?
Alejandro, el personaje, tiene que realizar ciertos oficios y tiene todos los conflictos laborales para llevarlos a cabo. Además, tiene pequeños conflictos en su casa con sus hijas, pero no con su esposa, ella no le genera ningún tipo de conflicto mas allá de que a él le aburre estar con ella.
Al final, los dos universos –el laboral y el personal- se juntan para terminar en otro lugar. Lo diferente de este relato es que tiene que ver con violencia, con sangre, con tortura, pero para el personaje es algo cotidiano, como un empleo cualquiera.
¿Qué busca transmitir con este monólogo?
El teatro está hecho para generar un placer estético en el público, independiente de que uno esté contando cosas horrorosas y que incomodan. La literatura también debe generar un placer en el lector: en seguir el relato, en encontrar la descripción del personaje, en encontrar ese universo y en ir al universo profundo de eso. Ese es el objetivo básico de un narrador, un teatrero y un artista.
¿Por qué fijarse en los victimarios?
Hemos hecho una investigación fuerte con el Teatro Petra, que fundamos con Marcela Valencia hace un poco más de 30 años. Ella ha sido mi socia y compañera de teatro toda la vida. Con el grupo hemos trabajado la figura del victimario, no nos interesa por una cosa personal, sino porque nos parece un elemento necesario de analizar y de estudiar en una situación como la que vive el país, en la que a ellos se les trata de una sola manera: como monstruos, como locos, como personajes salidos de la sociedad. Pero resulta que no, que tienen un entorno tan doméstico y tan cotidiano como el que puede tener cualquier otra persona.
Alejandro es un victimario que, a pesar de su indolencia con los desconocidos, es muy sentimental en asuntos familiares. ¿Por qué se suele tener compasión de las víctimas y no de los victimarios?
Bueno, no creo que aquí solo se tenga compasión con las víctimas y no con los victimarios, hay muchísimos ejemplos que muestran lo contrario. Acordémonos de la infortunada frase “no estarían recogiendo café”, que dijo el presidente de esa época cuando empezaron a descubrirse los llamados falsos positivos. Esa expresión es de las cosas más duras y peligrosas que existen acá, es como si por alguna razón se justificara el asesinato o la muerte.
¿Está la sociedad dividida entre víctimas y victimarios?
La sensación de creerse el bueno es muy peligrosa. En el momento de acceder al lado profundo de un victimario o de alguien que comete hechos atroces estamos entrando en terrenos que no queremos escuchar. ¿Cómo me van a decir que el violador era una persona que ayudaba a empresas humanitarias? ¿Cómo me van a decir que había buenas intenciones en alguien que comete atrocidades?, piensan algunas personas.
Creo que no queremos encontrar las ambigüedades que existen en todos los personajes. Es preferible señalarlos porque nos mantenemos alejados. En el momento en que nos acercamos y vemos su condición humana y la cercanía que tienen con nosotros salimos corriendo.
¿Cómo considera que se manifiesta la doble moral del personaje en el país?
Se habla de doble moral, pero yo creo que hay varias morales. No es que uno haga cosas buenas y malas, es que uno es muchas personas al día. Es muy extraño que una persona se comporte siempre igual en todas las situaciones: uno tiene comportamientos de acuerdo con los espacios, a los estatus que maneja en los lugares a donde va. Hay un tipo comportamiento frente a un general y otro frente al señor que trae la pizza.
En ese sentido, yo no creo que haya doble moral en el personaje. Creo que tiene muchas morales y formas de analizar cada uno de sus actos. Para él, hacer daño no le parece un problema. Para él, lo malo es que su hija esté con un muchacho que, según su opinión, es muy moreno. Entonces, para él los homosexuales son elementos que hay que eliminar y, sin embargo, él tiene relaciones homosexuales, pero no lo asume así, sino como algo poético. La complejidad de los personajes va más allá de la doble moral.
¿Está invitando al perdón con este libro?
No tengo el objetivo de invitar al perdón. El teatro, la literatura o el arte no son pragmáticos. No creo que tenga esa misión, ni esa capacidad. No creo que Alejandro sea cínico, simplemente es la muestra de que hay gente así. Es ver ese lado oscuro de alguien que ya es oscuro y darnos cuenta de que encuentra razones para hacer lo que hace, muy parecidas a las razones que encuentra otra gente que no comete los mismos hechos pero sí los justifica.
¿Qué expectativas tiene al presentar Soy asesino y padre de familia en la Feria del Libro de Bogotá?
Que la gente se entere de que existe, contar que se han hecho cosas antes y también presentarlo con dos personas: Anderson Balsero y Julián Román. Toda mi vida ha estado unida al universo teatral, por eso haremos una pequeña lectura de fragmentos con una dramatización.
Creo que en el público habrá una interpretación de cómo yo veo el personaje. Podrán tener una visión de él diferente a la que percibieron al leer el libro