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La conciencia de no tener un solo relato

Me asalta la necesidad de conocer las múltiples historias y no un relato único. Chimamanda Ngozi Adichie, la gran escritora feminista africana, nos llama la atención sobre la importancia de no tener un solo relato. Lo que ella califica el peligro de la historia única.

25 de mayo de 2021 - 09:00 p. m.
Esta es la primera estatua derribada en Bogotá durante el Paro Nacional de este año. El pasado 28 de abril, en Cali, un grupo de indígenas también tumbó la estatua de Sebastián de Belalcázar.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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En estos tiempos de convulsiones, me han llamado la atención los múltiples reclamos y clamores que en las ciudades tienen movilizados a millones de personas en las calles. Las manifestaciones diversas, entre ellas las que se materializan en la destrucción de los patrimonios materiales: derribar los monumentos.

¿Es esta una expresión de interpelación a ese “relato único” de la construcción de lo que es ser colombiano? Del mito de la construcción de la nacionalidad colombiana.

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Vuelvo una vez mas sobre mi experiencia y pienso en si no hubiese tenido la oportunidad de leer a Andrés Caicedo de muy joven, de ver una película de Gaviria o escuchar a Joe Arroyo, quizá tendría un solo relato: el de la historia contada en la cátedra del colegio.

Y no juzgo esa cátedra de sociales o la de historia en la primaria y el bachillerato, sólo que se ensancha mi espíritu al saber que he accedido a otras historias a través de la literatura, el cine, la música…

Las artes, la cultura y el patrimonio son claves para estos espacios de conversación. Esta historia ha configurado símbolos, alegorías en la construcción de la nacionalidad colombiana, imágenes de lo que es ser colombiano. Sin embargo, el relato sólo logra su totalidad si puede contar la historia de los indígenas, de los negros y de un pueblo multiétnico y pluricultural.

Lo que me permitieron las artes, en el privilegio de no haber tenido acceso a esa historia única, fue justamente conocer varios relatos; el de la Cali y los 70 con Caicedo entre la salsa y el voltaje de una juventud que clamaba desde aquí lo que otros vivían al otro lado del charco, el de la Medellín sitiada por el narco y también por una humanidad que desde lo más humilde luchaba por resistir y ser resiliente a la seducción del billete fácil, la del sabor que relata la historia de la esclavitud en las estrofas de Rebelión que nos daba datos sobre la historia de la esclavitud en el Caribe colombiano.

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“Las historias importan. Importan muchas historias. Las historias se han utilizado para desposeer y calumniar, pero también pueden usarse para facultar y humanizar. Pueden quebrar la dignidad de un pueblo, pero también pueden restaurarla”. Escribe Chimamanda.

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Para dignificar los relatos de los jóvenes y la ciudadanía quizá tendremos que recurrir a nuevas expresiones culturales, artísticas y patrimoniales. En Cali, por ejemplo, a alguien se la ha ocurrido que sería bueno hacer una gran escultura con el material bélico usado por el Esmad en el sitio donde estaba la estatua de Sebastián de Belalcázar. Apunta a la idea de construir un nuevo relato de nación con la multiplicidad de voces que ahora le hablan al país.

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