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La escritura clara de Guelfenbein

“Contigo en la distancia”, de Carla Guelfenbein, fue escogida entre 707 novelas y galardonada con US$175.000. El jurado fue presidido por Javier Cercas y destacó la “eficacia narrativa” y su capacidad de crear múltiples lecturas.

26 de marzo de 2015 - 12:13 a. m.
Carla Guelfenbein también ha publicado las novelas “Nadar desnudas” y “El revés del alma”. /EFE
Foto: EFE - Cézaro De Luca
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Viene del país de Roberto Bolaño, Pablo Neruda, Raúl Zurita y Nicanor Parra, y también es tan exitosa en ventas como Isabel Allende: Carla Guelfenbein nació en Santiago de Chile en 1959 y ayer fue declarada como la ganadora del Premio Alfaguara 2015, que en otras ediciones ha caído en manos de escritores como Santiago Roncagliolo, Jorge Franco y Hernán Rivera Letelier. Guelfenbein —cuyo seudónimo en el concurso fue Sofía Veloso— dio ayer varias entrevistas a medios de América Latina y España, en las que recordó que en esta novela, como en otras, busca retratar aquello que el lector vive en su propia cotidianidad.

Contigo en la distancia —el título de la novela ganadora y también el título de un bolero escrito por el cubano César Portillo— es la historia de Emilia, una joven francesa que va a Chile a realizar su tesis sobre la escritora Vera Sigall, quien justo después de su llegada sufre una accidente y queda en coma. En su ansia por conocer la vida de Sigall, Emilia traba amistad con Daniel, un personaje cuya vida está marcada por un suceso de su infancia. Sus temas, según reza el comunicado que entregó Alfaguara —la novela será publicada en junio en Colombia—, son “el amor, el sacrificio por la persona, las servidumbres de la genialidad”. Guelfenbein anotó también que el amor y la amistad, ejes fundamentales en otras de sus obras (entre ellas Nadar desnudas, El resto es silencio y El revés del alma), conforman “la vida personal de un personaje: nunca son el centro de la historia de un país. Son dos ejes que mueven la vida. Son vínculos estrechos que existen en la vida de cualquier ser humano”.

Quería crear una novela compleja en sus voces, una polifonía, y desdoblarse a través de nuevas construcciones literarias. Por eso, Pilar Reyes (integrante del jurado) dijo que parecía la construcción de un caleidoscopio. “Me he dedicado a un trabajo fino de la prosa —dijo Guelfenbein—. Corrijo varias veces. Leo en voz alta. Quiero que el fraseo funcione en todos los niveles”. Por esa razón, porque quiere llegarle al público de una manera directa, la escritora chilena dice que prefiere la transparencia en el lenguaje y la complejidad en la estructura. “Quiero darle valor a la profundidad y conjugar esta complejidad y presentarla de un modo comprensible. No soy una teórica de la literatura: soy una escritora. La escritura se va construyendo con la vida”. Guelfenbein desea un libro que todos entiendan. Que sea para todos.

El éxito de esa pretensión es visible en el reconocimiento de su trabajo en Chile y fuera de su país: nueve ediciones de Revés del alma (2003), su primera novela; las 14 traducciones de La mujer de mi vida (2006); el éxito de ventas en Chile y la traducción a 16 idiomas de Nadar desnudas (2014). Tres de sus novelas han sido ya publicadas por Alfaguara y una más por editorial Planeta. Los jurados —que trabajaron por separado y nunca supieron quiénes conformaban el grupo, de acuerdo con la editorial— fueron Javier Cercas, Héctor Abad Faciolince, Ernesto Franco, Berna González, Concha Quirós y Pilar Reyes.

Guelfenbein, quien estudió biología en la Universidad de Essex y también se recibió de diseño en la St. Martin’s School of Art en Londres, ha dicho que le interesa la voz de las mujeres en sus textos pero que no es una escritora dedicada a preservar una ideología feminista a través de la novela. Su obsesión por esta voz literaria es similar a la de una novelista contemporánea a Guelfenbein y con quien comparte nacionalidad, Marcela Serrano, y también recuerda, a primera vista, la fijación de Isabel Allende en personajes femeninos como Inés Suárez. Con sus temas sucede algo similar: el amor, la amistad, el protagonismo del sacrificio, la mentira y la identidad. Esos temas, que suelen abarcar muchos otros escritores, cruzan la literatura de Guelfenbein y son una herramienta para descubrir, quizá, la naturaleza misteriosa de los personajes. El jurado destacó, además de esta diversidad de perspectivas, la capacidad de Contigo en la distancia de ser leída desde muchos puntos de vista y a través de diferentes prismas. Una novela así es definida, en ocasiones, como un clásico: necesita ser releída para desentrañar su sentido. Es una vasta promesa.

 

 

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