Nadie como Gustavo Zalamea logra inocular el movimiento en su pintura. No sólo el paso del tiempo en el arte de Carpaccio al romanticismo de Gericault, luego a De La Croix, hasta llegar al arte moderno de Matisse. En la obra de Zalamea se mueve la imagen y se mueve él mismo; confiesa que muchos son trabajos sin terminar y que aquellos terminados dejan con la duda a los espectadores. “Los cuadros que sí están terminados no lo parecen, pues la pintura viene de atrás de manera que la tela, que en algunos puntos queda cruda, es un filtro y sale hacia delante. Da una sensación como de fragilidad o levedad que me interesa”, explica el maestro y ex director de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional.
En esos lienzos, a medio camino, naufragan la Plaza de Bolívar con sus ilustres edificios y habitantes, junto a la Balsa de la Medusa (Gericault) y a La libertad guiando al pueblo de De La Croix. Ese, el tema político, es el leit Motiv, lo que ya conocemos de Zalamea. Pero lo que llega nuevo a la obra es su escritura. En esta muestra, que se exhibe en el Museo de Artes Visuales de la Universidad Jorge Tadeo Lozano hasta finales de junio, sus textos están presentes junto al resto de su obra.
Los textos, garabatos, anotaciones y mapas conceptuales son una nueva forma de arte que antes formaban parte del proceso indispensable de investigación y análisis. Pero en esta ocasión el artista los integra, agrandándolos, enmarcándolos, dándoles un espacio de exposición, para que prime lo gráfico sobre el contenido.
En esta selección hecha por Ana María Escallón, que incluye video, pintura y algunas instalaciones y esculturas, los escritos de Zalamea sirven de línea conductora de la muestra, el artista insiste en que “no son tan importantes el contenido como la caligrafía y el gesto del dibujo”, pero reconoce que también es importante poner de presente el proceso creativo, otro de los elementos temporales que protagonizan su obra.
Gustavo Zalamea, ganador Primer Premio del XXX Salón de Artistas Colombianos (1986), como digno artista de su tiempo en la pintura y en el arte moderno, encuentra un lugar especial, pero no deja de lado nuevos formatos. “Sigo teniendo confianza en ciertos valores de la creación. Algunos permanecen y aunque otros hayan sido revaluados y revisados, en el fondo sigo siendo moderno”, afirma, y con eso no renuncia al arte contemporáneo.
En la muestra, además de los naufragios y la Plaza de Bolívar, hay otra serie Tranz que hace referencia La isla de los muertos, de Arnold Böcklin, “que luego entendí que remite a la imagen de la Catedral de la Plaza de Bolívar”, agrega. También hay un trabajo que no alude al exterior, a la política ni a esa mirada crítica poco esperanzada con relación al futuro, sino que es un paisaje interior, de su estudio, de algo colorido e íntimo. Tan privado como sus paletas (hechas de moldes de papel aluminio), que se convierten en esculturas, en pequeñas obras que una vez más revelan los secretos de los procesos que Zalamea está dispuesto a evidenciar.
El movimiento, el reconocimiento del paso del tiempo y del desplazamiento entre lo externo y lo interior, entre arte moderno y arte contemporáneo, se ven claramente en esta muestra que resalta el proceso a través de la escritura. Zalamea reconoce que a pesar de estar más parado en el arte moderno, también es un animal de cambios y de riesgos. Así queda confirmado, su obra está en proceso, se sigue moviendo.
Datos de Zalamea
1951 – Nace en Bogotá
1969-1971. Arquitectura, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.
1971-1973. Antropología y Diseño, Universidad de Concepción, Chile.
Distinciones
1986. Primer Premio, XXX Salón Anual de Artistas Colombianos, Museo Nacional, Bogotá.
1989 – Primer Premio de Pintura, concurso Francia-Colombia, 1789-1989.
1992 – Premio Casa Andrés Bello, Caracas, Concurso Convenio Andrés Bello, Bogotá.
1993 – Premio Nacional de Diseño Gráfico, Colcultura, Museo Nacional de Colombia.
2003 – Invitado de honor del XII Salón Nacional de los Sindicatos del Grupo Renault en París y del Festival de Arte Contemporáneo de Barranco, en Lima, Perú.
Carrera 4 N° 22-40. Horarios Museo: Lunes a viernes 9:00 a.m. a 7:00 p.m.Sábados 10:00 a.m. a 2:00 p.m.