Los zapatos le incomodan tanto en las playas de Mindelo como en el escenario. Debe ser porque en ambas situaciones se siente al natural. Sobre la arena de su bahía favorita y tal vez la ciudad cultural más importante de Cabo Verde, Cesária Évora supo de las injusticias sociales del planeta y en homenaje a todos aquellos que no tienen un techo seguro y que pocas veces han sentido su estómago complacido sale descalza a cantar. Esa es la única manera vital, genuina, que tiene para transmitir la cotidianidad de su gente, sus angustias, pero también sus alegrías.
Con la morna, el estilo musical por excelencia de Cabo Verde, muy próximo a las manifestaciones sonoras de Portugal, Évora ha conseguido que sus coterráneos le den otro significado a la vida y con su voz ha cerrado muchas heridas que los políticos africanos más hábiles ni siquiera habían logrado mitigar.
“En Mindelo estamos siempre con melancolía, nostalgia (saudade), porque queremos viajar por ese mar y partir, pero con el dolor en el corazón. Somos un pueblo muy alegre, muy cerca de la naturaleza y de la música, porque con ella expresamos el sufrimiento y también la alegría de vivir. Somos un pueblo de esperanzas y cuando la vida es dura, creemos que nos olvidaron. Sin embargo, siempre pensamos en un mañana mejor”, comenta la artista, que comenzó su actividad discográfica en 1988 con el registro La diva de los pies descalzos.
Con esta denominación se le empezó a conocer durante los primeros años de la década del 90, cuando publicó el álbum Miss Perfumado, su favorito y con el que mucho la llamaron, simplemente, La Reina de la Morna. Para ella lo de menos es la denominación porque ya perdió la cuenta de todas las que tiene gracias a sus miles de seguidores en todo el mundo.
“Creo que a la gente le gusta porque en lo que hago hay mucha saudade, así como en la música de Cabo Verde, particularmente en la morna. La saudade viene con la separación que muchas veces la vida nos impone. El mar que nos separa de todo y de todos tiene un lugar muy importante en mi sonido porque es esencial para mi vida cotidiana también”, dice Cesária Évora, a quien muchos expertos catalogan como la gran responsable de la consolidación del fenómeno de la world music, también llamada música étnica o música del mundo. Ella ni siquiera sabe que exista algo que tenga ese nombre, pero asegura: “Si el fenómeno se inició con Cesária Évora, estoy contenta por eso, pero no soy responsable de nada”.
Hace un poco más de una década la artista incursionó en el terreno de las canciones en español y desde ese entonces el público hispanoparlante le tiene un aprecio especial. Su versión del clásico bolero mexicano de Consuelo Velázquez, Bésame mucho, que confesó es una de las piezas más complejas que ha grabado, provocó un impacto insospechado. Pero esa decisión de meterse de lleno en otro idioma la tomó, como casi todas en su vida, rodeada del silencio, ese fiel consejero al que acude en los momentos de meditación y de nostalgia. Bajo su asesoría creó Rogamar y Nha sentimento, sus dos más recientes producciones.
La deuda con el público de Colombia es grande: más de 20 años de canciones y ninguna visita a este territorio que comparte con su natal Mindelo muchas situaciones de pobreza y desesperanza. En Bogotá, Cesária Évora tratará de ponerse al día y lo hará con música, con su morna, con toda la saudade del caso… pero sin zapatos.
Jueves 17 y sábado 19 de marzo a las 8:00 p.m. Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, calle 170 N° 67-51. Informes: 5 93 63 00 y www.tuboleta.com.