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La espiritualidad como fuente artística

La exposición “Naturaleza mágica”, exhibida en la hacienda La Armenia, en el municipio de Sopó, irá hasta el próximo domingo.

29 de noviembre de 2018 - 09:00 p. m.
La feminidad y el juego de colores atraviesan las obras de la artista. / Cortesía: Nana Zuleta
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“Cada artista en América Latina trabaja como puede”, afirma Nana Zuleta, una colombiana que lleva 12 años viviendo en Argentina y que está presentando desde la distancia una exposición de pintura junto a Clara Pinilla y Juanita Ritcher en la hacienda La Armenia, en el municipio de Sopó, Cundinamarca, ubicado a unos 39 kilómetros al norte de la capital de Colombia. En Argentina pasa inadvertida. Vivió varios años en Buenos Aires, ahora está a una hora y media de la ciudad. Sus vecinos jamás pensarían que detrás de la mujer ama de casa hay un espíritu pensante, que se inquieta con la forma en que nos han impuesto vivir. Jamás se ha conformado con la forma en que se le presentan los modelos y el sistema. Pocos, o quizá nadie, tal vez si alguien lo sabe no es relevante, sabrán que dentro de la casa de Nana Zuleta, ubicada en Escobar, un pueblo que queda a una hora y media de Buenos Aires, hay un universo por descubrir, pues detrás de la fachada y de cada pared hay un rastro de pintura, de tinta, de cuadros que juegan con contrastes y de hojas en blanco que juegan con las palabras para resignificar y redescubrir los caminos y los propósitos que sugieren su espíritu.

Pinta lo que su alma le dicta. Los colores la acompañan desde niña. El pincel como batuta que dirige sus obras ha sido su fiel cómplice desde los 15 años. La mano con la que empuña cada pincelada es el canal que comunica lo que su alma le confesó para que esto fuera plasmado en un lienzo.

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Su proceso creativo es, también, un proceso de sanación. Cada vez que se enfrenta al espacio en blanco está buscando aquellas epifanías que le dicen algo nuevo sobre su esencia. Cada revelación es un asombro y una posibilidad de reinventar su perspectiva y su arte.

Nana Zuleta tuvo maestros como Fernando Dávila y María Cristina Vallejo. Las pinturas de Andy Warhol son un referente para ella por la forma en que manifiesta los colores en sus obras. Pasó por clases de escultura y sus pasos merodearon las facultades de Arquitectura y Dibujo en Colombia. De ahí adquirió algunas técnicas. Pasó a estudiar psicología mientras seguía pintando. Nunca abandonó estas dos últimas cosas. Su sueño, cuenta Nana Zuleta, era hacer una exposición de arte. María y sus guardianes fue la realización de ese anhelo a finales de 2006. Hablaba del amor incondicional y de lo sagrado femenino que, según ella, es la línea subyacente de su obra. Se define como una romántica y fiel creyente de la espiritualidad. Cree que a través de ese diálogo metafísico y reflexivo logra constituir un elemento que reconecta lo femenino con el propósito de sanar el mundo.

La recepción de su primera exposición le permitió viajar a Argentina, país en el que estará hasta el próximo 17 de diciembre, pues la crisis socioeconómica que viven los gauchos los obliga a ella y a su familia a vivir nuevamente en Colombia. Su esposo Marco y sus hijos Nicolás yJuan Ignacio son su compañía e inspiración. Su vida apartada de un ambiente libre de cemento, de grises, de paisajes urbanos que suelen estar calcados calle tras calle, la acercaron a esa percepción de tranquilidad, armonía y reconciliación con la vida que le brindaba Escobar, una zona rural cercana a Buenos Aires.

Nana Zuleta lleva el Caribe colombiano en sus entrañas. De ahí los colores como sinónimos de alegría y folclor. La reunión de colores vivos pretende sumir a los espectadores en un escenario de júbilo, de empatía con las pinturas y de su relación con el mundo exterior. Las figuras de flores que componen los rostros de los animales y los seres humanos hablan de la pureza y la armonía que la artista pretende plasmar gracias a su concilio con el campo y la naturaleza como escenarios que entran en una relación de beneficio con el cuerpo, la mente y el alma.

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Sus ancestros, afirma la artista, son de La Paz, municipio del departamento del Cesar. Su padre, Emiro Zuleta, es compositor vallenato. El arte es su herencia y su misión. Tanto ella como sus hermanos se dedicaron a explorar la condición humana a través de la música, la pintura y la escritura. De las letras del vallenato, que en un pasado fueron tan literarias como las obras de García Márquez o Burgos Cantor, nace también una fuente de vida, de color, de inspiración para retornar a las raíces de su tierra y de su familia. Ese mensaje es el que ha escuchado Nana Zuleta para volver a Colombia, pues siente que su pasado le dice que es momento de regresar y seguir trabajando para la comunidad, para el bienestar espiritual y colectivo de su entorno a través de lo que dice su alma y su visión del universo.

“El proceso del arte no es tanto de crear, sino de recibir la información que uno tiene que bajar del universo, del inconsciente colectivo, del alma universal o de la gran matriz cósmica, como la llamo yo. Más que ser creador, uno es un canal para la energía creativa del universo”, cuenta Nana Zuleta, autora de la exposición Naturaleza mágica.

 

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