Un despertar de conciencia, un género libre de prejuicios, la libertad, la espontaneidad y la rebeldía en sí mismas, así como el poder de cuestionar, protestar y colectivizar, eso es el rock latinoamericano. Sus letras surgen de un vínculo estrecho con lo social, pues el cese de la violencia y la represión se aclama desde los gritos de libertad. Países como Chile y Argentina, en medio de sus dictaduras, pero también México y Colombia, que si bien no vivían bajo un régimen totalitario formal, sí lo hacían bajo un contexto de violencia y represión, son algunos países en donde el rock empezó a surgir a la par de las demandas sociales en nombre de un cambio.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta?
En el mundo de Los Beatles y de los Rolling Stones, un mundo en el que se dejó de pensar en blanco y negro, para empezar a concebirlo desde sus diferentes colores, comenzó a surgir el rock latinoamericano con letras propias. “Nosotros tenemos un contexto riquísimo por nuestra situación social, política, económica y cultural”. Este, según Gustavo Santaolalla, es el origen de la música alternativa. El hipismo, como un movimiento de conducta que pedía libertad, estaba detrás de ello. Así, los rockeros empezaron a cargar con un estigma social fuerte: “no saben hacia dónde van, no quieren elevarse, no construyen nada; pero sí tienen como firme derrotero la negación y la destrucción de los valores positivos”. Sin embargo, la rebeldía y los deseos de libertad eran más fuertes y se consolidaron como la base del rock latinoamericano.
En Argentina existió una política de erradicación del rock, pues se dio una persecución en contra del género. Esta era una música underground que se hacía en medio de la clandestinidad. Ni la radio ni la televisión la mostraban, pero aun así se hacía. Norberto “Pappo” Napolitano, cuando le preguntaron cuál era el sentimiento principal de esa época, dijo: “la libertad era el motivo de todo: vivir en libertad”. Sui Generis, dúo conformado por Charly García y Nito Mestre, cantaba bajo la misma premisa: “Hubo un tiempo que fue hermoso / y fui libre de verdad / guardaba todos mis sueños / en castillos de cristal”. Incluso, la agrupación llegó a grabar el disco Pequeñas anécdotas sobre las instituciones, un proyecto que reflejó la perspectiva crítica de los jóvenes de la época, en medio del ambiente de censura de la Alianza Anticomunista Argentina. “‘Si yo soy la patria, yo soy extranjero’. Se suponía que así era la letra. Pero yo ponía: ‘si ellos son la patria, yo me juego entero’”, afirmó García. Luego de esto llegó la dictadura militar y León Gieco cantó al mundo “sólo le pido a Dios que el dolor no me sea indiferente, que la reseca muerte no me encuentre vacío y solo sin haber hecho lo suficiente (…) Sólo le pido a Dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. Con ello, llegó el exilio.
En cuanto a Chile, según cuenta Claudio Parra, integrante de Los Jaivas, con la elección de Salvador Allende se empezó a hablar del hombre nuevo, así como de la búsqueda de una nueva consciencia y actitud frente al mundo. En medio de ello, Víctor Jara cantó: “Es el canto universal, cadena que hará triunfar el derecho de vivir en paz”. Precisamente, Jara fue quien empezó a hablar de la nueva canción chilena: “es un grupo de gente que dice ya basta de música extranjerizante, o de música que no nos ayuda a vivir y que no nos dice nada. Así, comienza la juventud a vibrar más con el acontecimiento social y empieza a rebelarse, y surge en la canción un tipo de canción rebelde”. Jara, en medio de esta nueva iniciativa, mezcló el folklore con los sonidos eléctricos y se abrió un nuevo espacio para la música chilena. Sin embargo, llegó el golpe de Estado y con ello la dictadura de Augusto Pinochet.
Si le interesa leer más de Cultura, le sugerimos: Bobby Fisher: Un hombre eternamente en jaque (II)
Los Prisioneros, aunque el nombre no tenía nada que ver con los prisioneros de la dictadura, y a pesar de que su canción Por qué no se van estaba dirigida hacia aquellos que pensaban que en Chile no pasaba nada y que no los comprendían, finalmente pasó a ser: “Por qué no te vas, Pinochet”. Incluso se decía que Los Prisioneros “era el grupo del pueblo”. El costo de esto fue la censura. Sin embargo, el sentimiento antipinochet hizo eco. Los Tres, aunque de una forma más poética, fue un grupo que siguió esta línea. No en vano cantaron: “En las calles que te dieron el poder que ahora te pudre, pediste mil favores y dijiste algo más (…) Estabas preparado, no pediste perdón. Nunca he deseado mal a nadie, esta es mi primera vez”.
El rock latinoamericano se consolidó en contextos autoritarios, en los que la represión imperaba. Y aunque en México y en Colombia no se instauró una dictadura formal, la violencia también era el pan de cada día. En el primero, incluso hubo una ley que prohibió el rock. Como oficialmente no se podía hacer este tipo de música, las bandas empezaron a tocar en los hoyos funkies, y así los sótanos o lugares abandonados pasaron a ser los escenarios musicales. “Vivir en México es lo peor, nuestro gobierno está muy mal. Nadie puede protestar porque lo llevan a encerrar”, cantó El Tri con su canción Abuso de autoridad. El Festival de Avándaro, el Woodstock mexicano, fue el escenario en el que en 1971 se cantó en coro “Tenemos el poder, tenemos el poder”, letra de la banda mexicana Peace and Love. En este momento, la masacre de Tlatelolco y El Halconazo estaban vivos en la memoria del país y ante el poder de convocatoria que tuvo el certamen, el gobierno decidió censurar la transmisión radial, se satanizó el rock y empezó su persecución.
En cuanto a Colombia, aunque la cobertura del documental no es igual de amplia a la de los demás países, se habla de la década de los 80 y los 90, años marcados por las bombas y por la guerra contra el narcotráfico, como el momento en el que el rock se fue abriendo camino. Según Juanes, quien por esa época era parte de la agrupación Ekhymosis, el rock y el metal fueron importantes, especialmente para la juventud paisa. Esta banda, por lo menos en sus primeras letras, hablaba de la injusticia, de la política y del poder. No en vano cantaba a una solo voz: “No más disparos, no más silencio”. Junto a esta agrupación, Kraken y Parabellum fueron los exponentes musicales en medio de ese complejo contexto social que se vivía. Además, el rock en Colombia también se formó como una música para todos. “El rock no es una música de mechudos y locos, sino un género para todo el mundo. Incluso llega más al pueblo, pues es menos elitista”, afirmó Héctor Buitrago, miembro de Aterciopelados.