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La magia se congela

Con un pasaporte a la aventura, Disney llega a Bogotá. Sus personajes, los más recordados por los niños, estarán patinando en un escenario encantador.

03 de octubre de 2014 - 10:24 p. m.
La boletería para ‘Disney on ice’ está disponible desde el 12 de agosto en Primera Fila. / Cortesía
Foto: Heinz Kluetmeier
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Santiago Gélvez, de cinco años, no se despega de su televisor. La mamá intenta explicarle de mil maneras que existen otras cosas en la vida: las letras, los números, la plastilina y el colbón. Si sale con sus amigos también lleva los muñecos que ve en el televisor. De alguna manera, es adicto a los personajes imaginarios que salen en la pantalla de Disney Channel.

“Los juegos de colores, la música, el ritmo y la maldad natural de los personajes atraen a los niños a los canales de televisión infantil extranjeros. Por eso, porque aquí los personajes locales no tienen maldad, los niños no se pegan a los programas”, afirma el crítico de cine y televisión Ómar Rincón.

Así que maldad natural y encanto es lo que esconden Mickey, Minnie, Donald, Goofy y Daisy, para que millones de niños alrededor del mundo, sin importar su contexto sociocultural, su idioma y su pasado, se enamoren y los conviertan en sus ídolos, en sus sueños.

Walt Disney Company es hoy la empresa de entretenimiento más grande del mundo. A pesar de las críticas que ha recibido por acaparar la mayor parte de la industria, el ingenio de sus historias y creaciones la ha mantenido en la cima desde su formación, el 16 de octubre de 1923. Son cinco sus segmentos de negocio: redes de medios de comunicación, parques y centros turísticos, entretenimiento en estudios, productos para el consumidor y medios interactivos. En su último año fiscal tuvo ingresos de aproximadamente $40,9 billones.

Ahora, la imaginación y la magia se convierten en espectáculo. Disney on Ice: Pasaporte a la aventura es una puesta en vivo y en directo de los sueños de los niños y de los adultos que crecieron con estos personajes animados y que con ellos modificaron su manera de entender el mundo y la vida, porque, como dijo el actor Jim Carrey cuando le preguntaron por qué hacía películas para niños, “lo que se aprende en los primeros años nunca se olvida”.

Mickey, Minnie, Donald, Goofy y Daisy recorrerán el planeta. Visitarán el mundo de El rey león, también de La sirenita y el de Peter Pan y Lilo & Stitch. Podrán explorar las Praderas del Orgullo con Simba, Timón y Pumbaa, recorrer el fondo del mar con Ariel y todos sus amigos marinos, y volar a la tierra de Nunca Jamás, para finalmente trasladarse a Hawái.

La música juega un papel fundamental en el trascurso de la historia, pues el espectáculo no es sólo un derroche de escenarios y luces; también las historias son protagonistas.

Como dice su coreógrafa, Cindy Stuart, “el público llega a ver cuatro grupos diferentes de sus personajes favoritos de Disney en este espectáculo, así que quisimos estar seguros de que todos ellos tuvieran la oportunidad de contar su historia. Después de todo, el público es el verdadero crítico, que conoce la historia a fondo: si uno se va por la tangente y patina sólo por el hecho de patinar, el público lo notará. Hay que presentarles algo que los sorprenda a todos, pero manteniéndose fieles al relato”. Stuart ha sido medallista de bronce en los Campeonatos Nacionales Juveniles y dos veces integrante del equipo internacional de patinaje de Estados Unidos, fue entrenada por Janet Campion y patinó con la compañía Ice Follies y la de Holiday on Ice.

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Robert Smith, quien falleció el 21 de abril de 2004, fue el diseñador de producción de Disney on Ice: Pasaporte a la aventura. Su intención fue crear un estilo específico para cada una de las situaciones, aunque manteniendo uno general que identificara todo el show.

“Lo que es muy interesante es que tres de las cuatro historias cuentan con un gran elemento acuático y eso contribuye a relacionarlas entre sí”, decía Smith. “Nunca Jamás es una isla, el reino de Ariel está bajo el mar y el hogar de Lilo está en Hawái. Los tres lucen muy diferentes, pero están vinculados por ciertos elementos, como los colores. Mientras más retadora sea una situación, más entusiasmo habrá en lograr que funcione. La parte más difícil es la que proporciona más diversión. Ellos conocen estos cuentos mejor que cualquiera de nosotros. En realidad se tiene que llevar a cabo un esfuerzo concertado para no olvidar en el espectáculo ninguna de las cosas que el público prefiere”, afirmó Smith refiriéndose al público infantil que enloquece por este evento.

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Arthur Boccia, diseñador de vestuario, está en sintonía con Smith. Buscó que los trajes se parecieran todo lo posible a lo que el público tiene en mente e intentó crearlos tan reales como la imaginación de los asistentes: las aletas y escamas de la sirenita o las garras y las pieles del rey león de Disney.

Boccia ha participado en 14 temporadas como asistente principal del fallecido Don Foote, el diseñador de Ringling Bros. and Barnum & Bailey. “Cada traje es cuidadosamente ensamblado, cada elemento ornamental es único en su tipo”, explica refiriéndose a sus diseños para Disney on Ice.

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Además, el diseñador buscó que los trajes fueran lo más cómodos posibles y fáciles de mantener. Como sugirió, los actores, que también son patinadores, deberán viajar con sus vestidos por muchos países y harán más de 1.800 presentaciones por el mundo.

“Este es el evento más esperado de la historia por el público infantil”, afirman sus creadores. Entre el 24 de octubre y el 2 de noviembre, en el coliseo El Campín, la magia se congelará y patinará en frente de los ojos de un público ávido de sueños, fantasía, encanto e imaginación.

 

 

mariangelauc@gmail.com

@mariangelauc

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