Perdón por ver tu reflejo por ahí en alguna vidriera y recordarte todo el sobrepeso que llevabas.
Perdón por someterte a las dietas abusivas y a los ejercicios excesivos; perdón por arruinar tus tardes cuando cansada después del trabajo te gritaba gorda al antojarte de chocolates rellenos o algún helado de crema.
Perdón por todas las relaciones tóxicas que te obligué a continuar, disculpa cada vez que te repetí que en tu soledad sólo había vacío.
Perdona la tarde en que con algo de timidez querías presentar tu trabajo de literatura frente a todos, tomaste tus papeles con nervios y allí de pie ante el público te recordé cada uno de los errores de tu texto mientras lo leías.
Perdón por las tardes de compasión y lástima, perdón porque en cada una de ellas sólo reforcé la pobre idea de que no valías más que cada una de las excusas que te dabas.
Perdón por abandonarte en la depresión después de interrumpir ese embarazo durante tu adolescencia, perdón porque en medio de esos días de confusión y absurda culpa sólo pude hacerte sentir asco de tu cuerpo, no supe, de verdad no supe, darle valor a tu proyecto de vida ni a tus decisiones.
Escribo con la esperanza de que sepas disculpar todas esas noches en las que acentué tu soledad y tus inseguridades, te abandoné porque en el fondo sentía que merecías todo lo que te sucedía.
Sé que he sido la más cruel contigo, lamento tanto haberte obligado todos estos años a dejarte como última opción, te hice sentir egoísta cada vez que tenías un proyecto personal y aplazabas los familiares, te juzgué aquella tarde en que dijiste que no podías preparar la cena para tus hijos porque estabas muy cansada, señalé con desprecio los días en que te sentías cansada de tu rol de madre, de esposa, de hija y hasta de amiga. Te repetí mil veces que la única forma de existir correctamente era para los demás, te obligué con injusticia a dedicar tus días a los otros.
Infinito perdón por hacerte tragar enteros los anuncios publicitarios y tratar de imitar y alimentar esos imaginarios de sensualidad, sexualidad y belleza; perdón por callar tu sujeto político latente que pedía a diario otra forma de habitar el mundo.
He sido ciega, te he anulado, humillado y denigrado y seguiste aquí de pie frente a mí, frente a todos; me dijiste un día con furia mientras lanzabas cosas que yo no era más fuerte que tú, y te buscaste, desesperadamente, detrás de tu maquillaje, detrás de los consumos en los que te escondías, detrás de tu familia, de tus responsabilidades, detrás del machismo, de la violencia. Te fuiste, corriste, viajaste, y al final un día en la tranquilidad de respirar a solas te viste, me desdibujaste, me abandonaste y no volviste a buscarte fuera.