Lo único que todavía no le suena muy bien de la música es el ánimo competitivo. Para la pianista ucraniana Valentina Lisitsa su oficio está mucho más ligado al arte que al deporte, y por eso no la inquieta mucho el hecho de establecer qué tan virtuosa y rápida la percibe la gente sobre el escenario. En lo que enfoca todos sus esfuerzos es en la posibilidad de transmitir sentimientos y evocar vivencias.
La música, hasta donde ella sabe, no hace parte de las disciplinas incluidas dentro de las gestas olímpicas, por eso se le hace muy extraño que en algunas escuelas de formación artística sean más importantes la resistencia y la velocidad que la magia misma de llevar una obra desde el comienzo hasta el final, con todos sus puntos de clímax, tal y como la concibió el compositor años, incluso siglos atrás.
“Probablemente la mía es la misma experiencia por la que pasan miles de músicos jóvenes y que, por cierto, tal vez no sea la mejor para ellos. La forma de progresar rápidamente en la música, de forjarse un nombre, es a través de las competencias, como si se tratara de los Olímpicos. La cosa es que la música no se trata de competir, no es tocar más rápido o duro o satisfacer a los jueces”, comenta Valentina Lisitsa, quien se formó en principio en la Escuela de Música de Lysenko y luego continuó su época de aprendizaje en el Conservatorio de Kiev.
Sin duda fue una gran bendición para ella comenzar su relación con la música desde los tres años. En ese entonces veía a su hermano mayor entregado al instrumento y ella sacrificaba horas enteras para escucharlo ensayar. Esa dedicación la llevó a realizar su primer recital en serio, con un público distinto al familiar, a los cuatro años. Lo que más le gustó en esa época fue la sensación de tocar para los demás, de compartir un gusto muy personal con gente que ni siquiera conocía.
Ese gusto se mantiene hasta la actualidad, cuando lleva varias temporadas como profesional y ha sido invitada a realizar conciertos en compañía de las mejores orquestas sinfónicas de América y Europa. A pesar de que la crítica especializada ha emitido comentarios bondadosos, incluso ha dicho que se trata de una “pianista electrizante”, Lisitsa prefiere los aplausos y las manifestaciones de cariño del público general.
“Más allá de lo que digan los críticos, lo que me gusta es que mis interpretaciones atraigan la atención de la gente, que mi música sea emocionalmente atractiva. No se trata de si toco más o menos rápido, sino que logre conectarme con la gente”, dice la artista, cuyo concierto más memorable, según sus propias palabras, fue su debut oficial en el Musikverein, de Viena. Luego de ese recital entendió que podía lograr mayor impacto con su arte si incluía dentro de su agenda a las plazas más importantes del continente americano.
Además de la música, Valentina Lisitsa tiene la pasión por el ajedrez y en un momento de su adolescencia pensó en que podía cambiar sus prioridades y dedicarse a construir estrategias para derrotar a sus opositores en el juego, pero su amistad con el instrumento estaba ya muy consolidada.
“La música y el ajedrez tienen mucho en común en el lado competitivo, aunque el ganador en deporte siempre resulta siendo el oponente más fuerte, mientras que en la música el vencedor es un asunto mucho más ambiguo. En el ajedrez hay que planear todo, como si se tratara de una vida: tiene un comienzo, un desarrollo y un final. La música es como la arquitectura, en la que todas las piezas cuentan. No vale sólo pulir el comienzo o el final, sino hay que tener una estructura sólida a través de toda la pieza para mantener la atención del público”, asegura la ucraniana.
Un día se dio cuenta de que el ajedrez le estaba tomando demasiado tiempo y que representaba un compromiso para toda la vida, y ella ya tenía un pacto adquirido. Se aburrió también de la competición y se desilusionó mucho más al descubrir que la atraían más las jugadas bellas que aquellas movidas extrañas que le entregaban la victoria. En ese punto resolvió abandonar el ajedrez como práctica seria.
El tiempo que antes le dedicaba al juego se lo empezó a destinar de nuevo al piano, a las grabaciones y al mismo hecho de compartir con sus colegas de las orquestas sinfónicas. Lisitsa tenía ya la formación, la trayectoria, pero tal vez le faltaba experimentar con formatos diversos y aprovechar las inmensas posibilidades de crecimiento que se desprenden del arte.
“Hay muchas partes de la música que son increíblemente placenteras. En una orquesta es lindo tener tanta gente y un conductor, crea una experiencia muy diferente y entretenida. Pero, por ejemplo, la música de cámara también es muy interesante porque es algo mucho más íntimo, en la que se interactúa con un grupo más pequeño de personas. Por otro lado, ser solista entrega sensaciones muy diferentes porque te da la oportunidad de expresarte libremente al tiempo que exige más”, comenta la pianista que a pesar de tener seis importantes registros en el mercado discográfico prefiere escuchar las grabaciones ajenas para disfrutar de sus aciertos y también aprender de sus equivocaciones.
Valentina Lisitsa es una solista reconocida por su nivel interpretativo, pero además por su capacidad de crítica. Cree que por desgracia en el mundo de la música comenzar significa entrar a competir, lo que distrae mucho del arte porque se toca para agradar la subjetividad de un jurado, sin jugar con elementos como el sentimiento y la improvisación. Pero ella está aquí para salirse del libreto y dejar a un lado la competencia.
Viernes 10 de agosto, 8:00 p.m. Teatro Julio Mario Santo Domingo, calle 170 Nº 67-51. Informes: 593 6300 y www.tuboleta.com.