Para entender a profundidad una situación humana, hay que vivirla. Pero para apelar a nuestra sensibilidad o empatía por las dolencias ajenas, no hay que estar debajo de la piel del que lo está viviendo, sino hacer el famoso ejercicio a consciencia: ponerse en los zapatos del otro.
Regreso a casa, la película colombo noruega estrenada el pasado 7 de junio en las pantallas de Cine Colombia, conduce a que los espectadores nos pongamos en los zapatos de los niños adoptados, adoptables y no adoptables del país.
Arild Andresen, el director, ya había ganado el premio a Mejor Película nórdica en el Festival de Cine de Gotemburgo por la película Kompani Orheim (2012), en la que exploró la problemática relación entre un padre y su hijo. Con Regreso a casa, también se sumerge en una disfunción familiar similar por el nexo entre los mismos miembros, pero desde los retos de la adopción.
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El filme, que pudo convertirse en una historia profundamente dramática, se balancea entre la situación real y las pulsiones de cada personaje que inevitablemente afectarán a Daniel, un niño colombiano de seis años adoptado por una familia noruega que se quedó sin su madre a causa de un accidente de tránsito.
Daniel no sería el único que tendría que hacer un duelo. Kjetil (Kristoffer Joner), su padre, perdió a su esposa y aunque parecía que manejaba la situación, estaba atrapado. Al quedar solo con el niño tendrá que sortear una encrucijada que no calculó. Nunca quiso ser padre. Amaba a su esposa y ella anhelaba ser madre. Viajaron a Colombia y regresaron a Noruega con un bebe que sumaron a la familia. Con la ausencia de ella y la presencia del pequeño, Kjetil quedó confundido, frustrado y desesperado, porque, aunque quiere lo mejor para Daniel, no quiere dárselo él. Accedió porque estarían mejor si ella es más feliz, además de darle un hogar a un niño colombiano muy pobre. Total, él estaba muy poco en casa por su trabajo y cuando volviera estarían ellos dos sin que él tuviese que encargarse del niño. Lo creyó arreglado y la vida lo sorprendió.
La película conduce a muchos interrogantes y populares discusiones aún inconclusas en el país. Actualmente, 12.000 niños que dependen del ICBF se encuentran en estado de adoptabilidad, situación que no es mejor, ya que de esa cifra 8.900 son mayores de 10 años, lo cual dificulta el proceso y es aún peor cuando se comienza a indagar por los conceptos legales: adoptables y no adoptables. La sentencia T-844 de la Corte en 2011, pidió que se indagara antes de iniciar el proceso, por los familiares del niño hasta en sexto grado de consanguinidad. Es decir, un niño es adoptable legalmente hasta que se encuentren familiares muy lejanos, y claro, ese es el primer paso de una serie de requisitos que debe cumplir la pareja para acoger al menor. Quiere decir que la cifra de 12.000 automáticamente se infla en proporciones absurdas, ya que no solo podemos hablar de los niños que son adoptables legalmente, sino también de los que aún continúan a la espera de que se encuentren sus parientes.
En la película Daniel fue adoptable y posteriormente se convirtió en uno de los niños adoptados. Fue una fortuna los primeros años, pero ¿qué ocurrió después? Kjetil no se había asumido como padre y él (Daniel), tampoco ayudaba a que la situación fuese más amable. Dos humanos diametralmente opuestos que deben estar juntos y se sienten encartados el uno con el otro.
La mayor parte de la película fue grabada en Colombia y la razón por la que escogieron nuestro país fue el inmenso número de casos de niños colombianos adoptados en Noruega. Cuando el equipo de producción llegó a tierra colombiana, se maravilló con la calidez de su gente, pero también se asombró con la pobreza de sus calles. “Les parecía increíble la cantidad de indigentes acercándose a pedir por comida o dinero. No entendían esos niveles de pobreza, ni la suciedad de la ciudad. Se preguntaban por la labor del Estado con estas situaciones” dice Marcela Carvajal, quién participó en la película interpretando el papel de la directora del orfanato del que salió Daniel hacia Noruega.
¿Cuál cree que es el objetivo principal de la película?
Mostrar la realidad de los niños huérfanos en Colombia. Yo creo que lo más importante de Regreso a casa es, claro, narrar la historia de ese padre que está intentando hacer lo mejor para un niño que aceptó por amor a su esposa, pero, sobre todo, exponer lo que sufren los niños que nacieron de una madre que tal vez se dedicaba a la prostitución, los abandonó o simplemente no pudo sostenerlos, y ahora esperan por una familia. Las dificultades en este país para adoptar son inmensas y ellos siguen esperando.
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En teoría en Colombia pueden adoptar las parejas heteroparentales, homoparentales y monoparentales, lo que supone un escenario favorable para los niños. En la práctica, la distancia se incrementa por falta de recursos, tiempo y garantías. Es sumamente importante que el Estado se asegure que los que pretendan adoptar un menor sean personas capaces de enfrentar el reto de la paternidad, pero absurdo que dentro de las limitaciones que se impongan se mezclen los prejuicios morales y la intolerancia a la diferencia.
Regreso a casa es para que vaya a cine y se cuestione sobre los riesgos de estar vivos. También sobre una realidad colombiana que naturalizamos, pero que no deja de ser una rareza para aquellos que aún no entienden como un país tan rico como Colombia, tiene a parte de su gente viviendo en la extrema miseria. Una película para ver un poco más de cerca a lo que está expuesto un niño sin padres. Una historia que refleja las consecuencias de las decisiones adultas que se toman a la ligera, y un caso que más allá de ser susceptible al análisis, tocará las fibras más profundas atravesándose a su corazón y despertando solidaridad por el niño, y por qué no, su padre.
La película participó en los Premios Amanda 2017 en Noruega en donde obtuvo nominación y premio; el primero a Mejor Guión y el segundo a Mejor Actor para Kristoffer Joner. También estuvo presente en diferentes festivales como Cannes 2017, el mercado internacional de cine y televisión de Hong Kong –FILMART- y en el Festival Internacional de Cine de Berlín 2017.