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La obra soñada de Pedro Salazar

“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”.

06 de octubre de 2008 - 04:54 p. m.
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Después de seis funciones y de más de dos millones de visitas, el público colombiano más acostumbrado al teatro comercial parece haber respondido al reto “de traer la tradición dramatúrgica del barroco al siglo XXI”, reto que se propuso el joven director Pedro Salazar en la obra La vida es sueño.

La pieza teatral, cuya presentación se ha extendido en el Teatro Libre hasta el 1° de noviembre, cuenta con numerosos detalles que pueden estar detrás de su éxito.

Quizá sea el escenario y la puesta en escena diseñada por el mexicano Alejandro Luna, conocido en su país como “un monstruo prodigioso de la selva teatral”, quien intentando derrotar el vacío que existe generalmente en el teatro latinoamericano en relación con la luz y la escenografía, después de estudiar arquitectura, se especializó en Teatros para el siglo XXI en la Universidad de Harvard y se hizo doctor honoris causa por la Universidad de Baja California.

La simplicidad y oscuridad del escenario dan cabida a la genialidad. Con la propuesta de Luna de inclinar la tarima hacia delante se logra distorsionar la perspectiva, realzar el escenario y generar una gran resonancia de los movimientos de los actores que engrandece su actuación.

Está también su impecable vestuario diseñado por Jerildy Bosch, mexicana que después de recorrer las formas imperfectas y el exceso en detalles del vestido barroco, hace una adaptación con formas modernas que traducen la intención del director de sorprender al público y jugar al máximo con su expectativa. Así, Segismundo, —personaje principal interpretado por Nicolás Cancino—, pasa de usar pobres trapos en su momento de cautiverio, a hacer honor de una chaqueta brillante y dorada y unas gafas estilo rock sta’r cuando se sueña siendo rey, sin caer en ningún anacronismo y por el contrario acentuando el carácter cómico de la obra.

Resulta además remarcable la apuesta por una música en vivo que de manos de la banda capitalina Verde 3, hace que los músicos  se conviertan en unos personajes más de la obra. Finalmente, el casting que incluye artistas de diferentes países y de diferentes disciplinas,  como el teatro, la televisión o la comedia hace que una obra que de entrada presenta la dificultad de estar hablada en verso y en un español antiguo, gane mucho ritmo y logre cautivar al público.

“Hace rato no se hacían apuestas clásicas y de gran formato, y aunque hacer teatro es siempre arriesgado, creo que encontramos la manera de aterrizar la obra metafísica y reflexiva de Calderón de la Barca a estos días”, confiesa Pedro Salazar, quien en unas semanas saldrá de gira a Pasto, México y tal vez Nueva York con su obra soñada.

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