Isadora Duncan —considerada por algunos la creadora de la danza moderna— se enamoró de Serguéi Esenin, un poeta ruso 17 años menor que ella. Esenin era una especie de Rimbaud: un joven de versos sutiles y de vida autodestructiva, al punto que se cortó las venas cuando tenía 30. Un día le preguntaron a Duncan por qué quería a un tipo como él, que le decía vieja frente a sus amigos, que iba detrás de otras faldas. “Porque sabe acariciar la tristeza”, respondió. Borderline, obra con que la Compañía Wang Ramírez llegó a Cali, no da salidas. Acaricia la angustia, sin embargo.
El breakdance de esta compañía no se parece al que se practica en Brooklyn. No es sucio, no irradia aire de batalla. Tampoco tiene la soltura y la explosión del breakdance brasileño. Eso se explica porque Honji Wang —alemana, directora de una compañía de instalaciones en museos— y Sébastien Ramírez —francés, dueño de una compañía de teatro— son bailarines de hip hop mudados a la danza contemporánea. Borderline, compuesta por el dúo creativo en 2013, no deja claro casi nada en 70 minutos de presentación. El choque de danza urbana con artes marciales y acrobacias cae como un rayo. Absorbe al espectador durante ese tiempo; luego, lo bota a la normalidad. Aturde.
“El hip hop abrió posibilidades y estamos orgullosos de este trabajo. Puedes ver la diferencia de sabor y estilo… Los franceses tienen un estilo particular, los estadounidenses tienen un estilo particular. Cada estilo refleja la cultura en la que vives. Pero todo se ha mezclado debido a internet. ¡Todo el mundo se inspira en todo el mundo! Antes la división era tajante: estilo sucio, estilo europeo, estilo asiático. Ahora todo está mezclado”, dice Wang, de 33 años, criada por padres coreanos.
Borderline parece un campo de energías. Los cuerpos angustiados forcejean con sus otros yos para liberarse, volar a través de cables elásticos. La polea —ese instrumento para reducir el esfuerzo humano— es inútil en este caso: los personajes permanecen sembrados en el suelo. Caminan dentro de cubos de aluminio. Con desdén, los tiran lejos. Dan pasos hacia atrás, dan pasos adelante: no logran salir de los barrotes. La desolación de la metáfora, sin embargo, no crea una puesta en escena neurótica. Incluso las escenas violentas —los cuerpos a empujones— son movimientos pausados, finos. El freestyle es aquí, por los demás, un vivo recurso dramático. “Nuestro enfoque —dice Ramírez— era utilizar el aparejo (sistemas de poleas) de una manera muy sutil… A pesar de que se ven algunos grandes movimientos, no estábamos constantemente en alambres y saltando”.
La Compañía Wang Ramírez en lugar de gritar, baila.
La Compañía Wang Ramírez se presentará en Bogotá en el Festival Danza en la Ciudad de Idartes, con el apoyo del Instituto Goethe, los días 10 y 11 de noviembre, 8:00 p.m.,Teatro Colsubsidio.