Hace más de 30 años, desde la década de los 70 cuando salió del país a especializarse, que esta artista barranquillera no vive en el país.
Residente en Londres, Ofelia Rodríguez no deja de volver a Colombia cada vez que puede, pero siempre desprovista de su producción artística: no es sino hasta ahora que logra exponer, invitada por el Mambo, de nuevo en nuestro país, tras un período de 10 años. “Me hace mucha falta mi país, yo estoy muy metida en Colombia. Estoy en Inglaterra y así lleve allá muchos años, hable inglés y mi esposo sea británico, siento que de todos modos hay una gran distancia con ese país”, confiesa Rodríguez a medio esconder detrás de su grueso pelo negro y sus gafas de acetato del mismo color.
Graduada de la Universidad de los Andes, alumna de Marta Traba, especializada en Yale (Estados Unidos), habiendo vivido en París y ahora en Londres, Ofelia Rodríguez asegura que gran parte de su arte radica en el hecho de que desde afuera ha alcanzado a ver y a sentir todo el hemisferio latinoamericano como algo mucho más cercano.
“Uno empieza a verse con muchos suramericanos y se va dando cuenta de las diferencias que hay entre allá y acá, de las cosas de uno que ellos no entienden por la manera como son educados. Hay partes de uno que simplemente están cortadas y se empieza a dar cuenta de que Colombia no es sólo Colombia sino que es toda Latinoamérica”, afirma con total convicción.
Con un arte que mezcla elementos alusivos a lo pop, a lo kitsch y a lo surrealista, y que se basa en gran medida en los ready-made, en el collage, en las cajas mágicas y en la utilización de objetos encontrados, Ofelia Rodríguez busca un arte que se haga a sí mismo y se identifique como latinoamericano.
Con seriedad crítica y conciencia artística, ella se atreve a afirmar que el problema con el arte colombiano es que, incluso, desde su época de estudiante en Bogotá, siempre se ha tendido mucho a copiar lo que pasa en Europa y Estados Unidos en lugar de hacer algo que fuera –en la medida de lo posible– original. “Eso me molestó mucho y decidí lanzarme al vacío, por duro que fuera, porque claramente es más difícil empezar a hacer algo que cargue con identidad de acá, sin ninguna tradición artística a la cual amarrarse ni en la cual insertarse y encontrar un espacio. Y una de las cosas que me llamó la atención y que yo sentí era lo más auténtico colombiano era nuestra música, las artesanías, lo que la gente hace en los barrios, en fin, la cultura popular”.
Las obras de esta artista están plagadas de tapas de Cerveza Águila y Club Colombia, de figuras animales propias de nuestra latitud (como las iguanas), de elementos y colores referentes a la exuberancia del trópico y al absurdo de nuestra “realidad surreal que es la realidad nuestra”.
Pero más que en ese afán de plasmar esa pertenencia y ese sentir intrínsecamente latinoamericanos, el arte de Ofelia Rodríguez, consiste, ante todo, en hacer lo que más le gusta, lo que le llama la atención, lo que la toca. “Todo nace más del simple placer de hacer algo que me gusta, que de cualquier cosa racional o del afán de querer decir o conceptualizar algo”.
Es la energía y el impulso vibrante que transmite cada una de sus obras lo que está a la base del arte de Ofelia Rodríguez y, quizás, del arte latinoamericano que ha buscado y ha propuesto a lo largo de toda su trayectoria.