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Las caras del café ‘gourmet’

Steven Sutton y María Paula Vargas comparten la pasión por tomarse un buen café colombiano. Estos dos jóvenes empresarios hacen una apuesta para cambiar el esquema tradicional de esta bebida.

18 de agosto de 2008 - 12:17 p. m.
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Los dos son jóvenes, no pasan los 30 años y tienen unas carreras que poco o nada tienen que ver con el mundo del café.  Steven estudió negocios internacionales en la Universidad de Boston y se especializó en ingeniería de sonido, pues su pasión era la música. En efecto, dentro de sus ensoñaciones infantiles siempre estuvo la idea de convertirse en un músico o en un chef.

Trabajó mucho tiempo como productor musical, organizando conciertos de grande escala, pero un día se dio cuenta de que el estilo de vida que llevaba, muy nocturno y agitado, no era lo que él quería y decidió cerrar las puertas del negocio. Su hermano comerciaba con materias primas como las flores, el petróleo y el café verde, y le sugirió seguir los mismos pasos. Los negocios siempre han sido una parte fundamental en la tradición judía, y Steven no escapa a ésta, sólo que no lo hace en los textiles como toda su familia.

Como la gastronomía era un tema que le apasionaba, decidió meterse en el mundo del café como un intermediario, donde tuvo la posibilidad de conocer a mucha gente, incluyendo los tostadores europeos, con quienes más aprendió.

A Steven no le cabía en la cabeza que en la tradición europea se considerara imposible hacer un buen espresso sin la variedad de café Robusta, y se propuso demostrar que era factible hacerlo sólo con la variedad arábiga, que es la que se consigue en Colombia. Tardó cuatro años para encontrar la mezcla a base de café proveniente de doce regiones cafeteras, que hoy vende bajo el empaque de marca Devotion, un café gourmet de alta calidad que se ha posicionado como uno de los más finos en el mercado. “Es un café menos amargo, de mucho cuerpo y que se siente en la boca, no en la garganta. Está destinado para la gente que quiera exclusividad y la mejor calidad”. En efecto, es un café que sólo se distribuye a grandes restaurantes, hoteles, y los particulares lo reciben por suscripción. Únicamente un 10 % de su producción se queda en el país.

Por otra parte,  María Paula Vargas es una diseñadora gráfica que viene de una tradición cafetera de familia. En diciembre del año pasado, cuando buscaba un obsequio diferente y especial, se le ocurrió que podía regalar bolsas de café de la finca de su padre en Cundinamarca, donde la totalidad de la producción se vende para exportar, especialmente a Japón.

La idea no solamente se basaba en un presente navideño, sino en el empeño de que el café  estuviera al alcance de todos en su tierra de origen. No es un misterio para nadie que el café que se consume en Colombia dista de ser el mejor y que los granos de calidad excelsa llenan los barcos en los puertos para partir a otros destinos. Por eso, a esta joven empresaria le preocupa que la gente no tenga la oportunidad de disfrutar de la alta calidad de café que se produce en Colombia y que termina en paladares extranjeros. “Quiero enseñarle a la gente colombiana a diferenciar un buen café de uno malo y a meterse de lleno en esta cultura. Los colombianos merecen tener la experiencia de tomarse el mejor café”, asegura María Paula.

Así nació el café gourmet San Francisco, que se compone de variedad Simbawe (75%) y de Caturra ( 25%). Toda la producción se lava con agua que nace en la finca,  después de lo cual se somete a un proceso para que vuelva limpia al río. De esta manera se cumple con estándares ecológicos que son tan comunes en la cultura del café.

María Paula diseñó toda la imagen corporativa de su marca y próximamente piensa lanzarla para que el público la conozca. Estos dos jóvenes son algunos de los responsables de que el mejor café no sólo se pueda tomar en Italia, sino en Colombia también. Steven lo hace desde una gran empresa con una gran producción y María Paula de una manera más artesanal.

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