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Andrés Neuman es un estudioso del género del cuento y lo practica con la maestría de quien sabe lo que hace.

26 de mayo de 2008 - 01:28 p. m.
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Este libro, una reunión de veinticuatro cuentos de su obra temprana, es una mezcla equilibrada entre lo realista, lo fantástico y lo lírico. Esta característica enriquece al libro, nos muestra la obra de un escritor inquieto para quien, en materia de cuentos, aún hay camino por recorrer y que por el contrario de lo que se dice de la novela, el género del cuento está vivo y todavía falta mucho por experimentar. El resultado es un libro rico en expresión, en el que se ve la saludable relación del autor con el lenguaje, del amor que por las palabras tiene el escritor.

Neuman es un estilista y en el libro encontraremos cuentos que sostienen la tensión del lector a punta de un exquisito uso de las palabras, cuentos en los que la frontera entre narración y lírica es difusa como los bellísimos Nieves, Rebobinado o el último poema de Piotr Czerny. Pero en él también encontramos cuentos como Un cigarrillo, S.O.S. Dios o Madame Nene en el que, con un estilo más coloquial, pero no menos cuidado, logra momentos vitales y llenos de significación.

Hay un cuento en particular muy recomendable. Con el solemne nombre de El discípulo, esta narración retoma un argumento de tradición, el de la realidad cuando se deja invadir por la ficción, el mismo del Quijote y de Tlön, Uqbar, Orbis Tertius. Con tono satírico, Neuman se ríe, con cariñosa indulgencia, del esnobismo cultural de los ambientes académicos.

 

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