Hasta el próximo 2 de noviembre en librerías, editoriales y bibliotecas los protagonistas serán los libros para niños. La escritora Yolanda Reyes, experta en el tema, y el autor argentino Luis María Pescetti conversan sobre los retos de la escritura infantil.
La escritora colombiana Yolanda Reyes, directora del colectivo Espantapájaros Taller, que ha liderado varias campañas de promoción de lectura conversó con el reconocido escritor infantil argentino Luis María Pescetti sobre el arte de escribir para niños, de cómo es adentrarse en ese universo infantil que a veces parece tan lejano a los ojos de los adultos y de cómo los niños de hoy, tan cercanos a la tecnólogia, están un poco más huérfanos de autoridad.
Yolanda Reyes: Hablemos sobre la importancia del humor en la literatura infantil y juvenil.
Luis M. Pescetti: El humor para mí es como un día de fiesta, de celebración. Tú sabes que no todos los días son de fiesta ni de celebración. Hay veces en que eso es bienvenido y otras veces en que no. Entonces, lo primero del humor es que sea necesario y bienvenido. Para hacer humor debe haber una necesidad muy vital de celebrar, de reírnos de algo que nos está pesando y de volver a sentir libre el alma y las emociones.
Yolanda: Lo que tú dices es muy cierto: uno no hace humor por hacer humor. Además que en la vida – y yo creo que en la vida de los niños, sobre todo en los momentos más difíciles – no hay saltos tan abruptos entre el humor y la tragedia. A los niños a veces como que no se les reconoce esa posibilidad de moverse en todos los registros a la vez…
Luis M: Exactamente. Mira, hoy me hablaba justamente la editora de Alfaguara en Chile y discutíamos sobre las particularidades de los lenguajes. Entonces yo le pregunté: "¿Tú estás casada?" "Me dijo: "Sí". Le dije: "Pues imagínate que tu marido fuera a terapia con un psicólogo y un día se te apareciera con una peluca, una nariz roja y te dijera ‘¡Hola Ana María, soy tu amiguito el psicólogo de tu marido y vengo a aconsejarte algo! Entonces tú le dices: ‘Vete a freír churros! “Los niños sienten lo mismo: "No me vengas con una sonrisita cuando lo que me estás queriendo es corregir, cuando lo que me estás queriendo es bajar línea, cuando lo que me estás diciendo es pórtate bien y ta, ta, ta.
Yo creo que, al igual que con los adultos, con los niños no pasa nada diferente que, por ejemplo, cuando un adulto emigra. De esto, tanto los colombianos, como los argentinos, como los mexicanos sabemos mucho porque tenemos mucha gente querida emigrada. Entonces, cuando emigramos, el país que nos acoge puede ser muy amable y puede ser hostil, pero lo que sí es seguro es que vamos a sentir que nos tenemos que adaptar a muchas cosas y lo mismo que siente un emigrante es lo que siente un niño cuando emigra, entre comillas, hacia la vida adulta: pasa exactamente lo mismo.
Hay cosas que tomamos con resignación, otras que tomamos bien porque nos dan eficacia de esta nueva vida y otras que toleramos pero no alegremente. Entonces yo creo que el tema de la comunicación con los niños está saturado de conceptos morales y éticos, y no es que no tenga que haber moral y ética, lo que yo digo es que tiene que haber eficacia de comunicación.
A mí me preocupa mucho tanto el tránsito como la convivencia, entre niños y niñas, la convivencias de los papás en la pareja, la convivencia de los papás y los niños en la familia, o sea, la vida cotidiana está llena, llena de convivencias y todo es una permanente negociación entre yo y el otro.
Yolanda: Rulfo decía que quería "escribir como habla la gente". En ese sentido, me parece que no se trata simplemente de transcribir frases, como vemos ahora, en tantos libros para niños que supuestamente pretenden hablar como los niños. Es más complejo que eso, quizás es una escucha atenta, una búsqueda deliberada de explorar voces para revelar a los seres humanos que hay detrás.
Luis M: Yo también creo que a los niños hay que educarlos. Lo que pasa es que hay que revisar las estrategias, o sea, hay que educarlos y hay que hacerlo con estrategias. Los niños no están esperando, somos nosotros quienes les tenemos que convencer, transmitir nuestro amor, nuestro gusto por eso, contagiarlos y así con el resto de las cosas. Todo es una tarea de convencer. No me gusta usar la palabra seducir porque es horrible siempre que está ligada a niños y, claro, ya no se puede usar después de todo lo que han hecho los curas… Vamos, como cuando tú animas y entusiasmas a alguien por algo que tú crees, a eso me refiero. Es una tarea de mucho convencimiento estratégico y eso es lo que siento que falta en la educación.
Yolanda: Bueno, y por otro lado nosotros no estamos educando cuando escribimos, sino que estamos haciendo libros simplemente; estamos contando historias y creo que esa dicotomía entre deleitar e instruir está superada Cuando uno decide escribir una novela está escribiendo una novela, no dando una clase no creo que estemos en plan de dar mensajes sino de armar mundos, mundos posibles en los que suceden historias.
Hay una cosa que me encanta tus niños, Luis, tus personajes niños, no son personajes para agradar, hechos como por encargo de profesores ni nada. Son niños muy inteligentes, niños contemporáneos. Yo siento que ahí se nota el contacto con niños de verdad. Estos no son niños nostálgicos ni niños de una literatura hecha para las buenas conciencias o para los maestros. No sé qué podrías decir de eso, de cómo ves a los niños ahora.
Luis M: Pues mira, yo creo que todos los que estamos en contacto con niños sabemos que es como si hiciéramos libros de viajes. Si uno se lo pasa viajando pues uno ve cómo cambia el paisaje. Entonces nosotros nos las pasamos con los niños y sabemos en qué andan las cosas. Ahora, si tú me dices cómo veo a los niños hoy en día, fíjate que a mí me preocupa. O sea, primero, cuando estoy con niños me divierto, la paso bomba, me lleno de energía, son unos personajes y a la vez los siento en un momento muy frágiles y muy especiales y esto por esta razón: porque por una parte es como si te dijera que la autoridad, hoy día la autoridad de los padres, de los maestros está un poco más disminuida, en parte porque en las noticias los niños oyen todo lo chueco del mundo adulto, por así decirlo.
Eso mina la autoridad, los niños necesitan que los adultos seamos coherentes, sean creíbles, por una parte. Y por otra parte, porque los niños manejan la tecnología con mucha más habilidad que cualquiera de los adultos que los rodean en la mayoría de los casos. Entonces, esas dos situaciones hacen que la autoridad del mundo adulto que rodea a un niño se vea un poco disminuida, con lo cual el niño está un poco más huérfano frente a las leyes de la selva que es la infancia.
Yolanda: Sí, son infancias raras. Son distintas de todas maneras con esta ilusión de la tecnología…
Luís M: Por otra parte, tenemos Facebook, Internet, el envío de mensajitos… Los niños están muy expuestos hoy en día a “cuantos contactos tengo, tanto valgo”, a “cuantos visitaron mi blog, tanto valgo”, a “tanta audiencia conseguí, tanto valgo”. Y entonces siento que están muy expuestos a que alguien les haga una broma, a situaciones de maltrato, a no atreverse a decir no porque si no se sienten cobardes, en fin, a muchas situaciones.
Yolanda: Pero bueno, por muchos artificios tecnológicos que tengan, los niños siguen siendo niños y son frágiles, así que cabe preguntarse ¿cuál vendría a ser el lugar de la literatura? ¿Por qué será que seguimos escribiendo libros y por qué será que seguimos apelando a los niños y por qué será que ellos siguen leyendo literatura? ¿Qué les podrían dar los libros que no encuentren en otro lugar, Luis?
Luis M: Mira, yo creo en algo de lo que tú dijiste en algún momento: los escritores no sólo somos grabadoras y no sólo somos voces, sino que traducimos lo que oímos y le damos un sentido nuevo, lo convertimos en una historia con un significado, con un sentido nuevo que hace que quien lo lea se vea reflejado, vea reflejada su vida y diga: "¡Ah, esto era lo que me estaba pasando", "Ah, esto era lo que yo estaba sintiendo y no encontraba palabras"…
Yolanda: Qué cosa tan bonita. Es un poco lo que dice Michèle Petit en "Nuevos acercamientos a los jóvenes y a la lectura" citando a André Breton: que, en medio de este bullicio y de la avalancha de noticias que inundan los cuartos de los niños, ellos necesitan urgentemente tener noticias de sí mismos. Noticias del fondo: de eso que no se alcanza a decir en las visitas ni en la vida cotidiana.