El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

«Los héroes volvieron como sobrevivientes», Garrett Hedlund

Entrevista con el actor del filme ambientado en el delta del río Misisipi justo después de la Segunda Guerra Mundial. La película, dirigida por Dee Rees pone a prueba y complica esa teoría postulada por William Faulkner: el pasado ni siquiera es pasado.

26 de febrero de 2018 - 06:37 p. m.
Una escena de «Mudbound: El color de la guerra», adaptación de una novela de Hillary Jordan dirigida por Dee Rees. / Steve Dietl/Netflix
PUBLICIDAD

Garrett Hedlund, ganador del premio actor de cine del año, de Hollywood, hizo su debut cinematográfico a los 18 años de edad en la película épica de Wolfgang Peterson Troy y cuenta con muchos papeles protagónicos, entre los que figuran On The Road, Tron,  Friday Night Lights, Country Strong y Unbroken. sus próximos proyectos incluyen Mosaic, de Stephen Soderbergh para HBO, y la película independiente Burden. Mudbound: el color de la guerra marca su primera película para la escritora / directora Dee Rees.

¿Cuándo descubriste que Mudbound: el color de la guerra era algo especial?

El guión era hermoso. La historia era preciosa, y el libro que Hillary [Jordan] había escrito era maravilloso. Cuando hicimos la lectura la película cobró vida. Uno podía visualizar cómo iba a ser, y con todos los actores, todos los personajes cobraron vida. Vimos cómo se desarrollaba la historia y luego comenzamos a imaginarnos cómo serían los días en el set. Para mí, ahí fue donde todas esas esperanzas y aspiraciones salieron a la superficie.

 ¿Cómo fue actuar en una película que habla sobre la diferencia entre el ideal estadounidense y la realidad estadounidense, teniendo en cuenta que estos dos mundos diferentes existen en la misma granja?

El libro narra la vida de dos familias en un territorio del sur que están tratando de sobrevivir durante la década de 1940. Jamie era un personaje con el que yo realmente me sentía sumamente identificado ya que me crié en una granja, y ése era mi mundo y mi realidad. Crecí junto a mi hermano mayor, mi hermana y a mi padre. Todos trabajábamos en la granja y arábamos los campos; hacíamos todo juntos. Y al igual que Jamie, también sabía que no quería pasar el resto de mi vida en la granja. Terminé yendo a Arizona y luego a Los Ángeles. En realidad, no sabía que iba a convertirme en actor, pero realmente me identifico con la historia de Jamie: quería ver el mundo, estudiar y conocer gente diferente. Los sueños y aspiraciones de Jamie consistían en marcharse y convertirse básicamente en el próximo Errol Flynn. Soñaba con una vida más artística, creativa y literaria. Cuando estalló la guerra, Jamie fue a defender a su país. La realidad de lo que hizo mientras luchaba en la guerra lo afectó enormemente y después de la guerra regresó con su familia, que en ese momento estaba establecida en el sur en los años 40.

Jamie tuvo que regresar a un lugar y a una vida de la que siempre había tratado de huir. Cuando se vio obligado a volver a esa vida, la única forma en que podía escapar era bebiendo. Este es el mundo al que Ronsel, el personaje de Jason Mitchell, también regresó. Ronsel también había estado en la guerra, que en cierto modo era un lugar donde la raza no era un conflicto porque había una hermandad entre los soldados con los que estaba. Jamie y Ronsel podían sentirse identificados por las experiencias vividas por ambos y los demonios que tenían en la cabeza, a raíz de los recuerdos de la destrucción y la muerte de la que habían sido testigos.

En cierto modo, uno diría que ambos volvieron héroes. Pero, ¿eran realmente héroes? Volvieron como sobrevivientes, habiendo soportado mucho psicológicamente. En esta historia, ves a Ronsel regresar a una tierra en la que debería haber sido un héroe por haber arriesgado su vida por un país que todavía no le permitía entrar por la puerta principal. Como espectador, experimentas un retrato de ese período y el conflicto racial que existía en ese entonces e incluso anteriormente. Y que aún existe en nuestros días.

¿Cómo fue tu experiencia de trabajar con la directora Dee Rees?

Es interesante porque lo que hicimos en 28 días con Dee es un gran regalo. Tuvimos días maravillosos donde dejamos el cuerpo, sudor y lágrimas en las escenas. Entras, haces lo que tienes que hacer y estás rodeado de actores maravillosos a quienes puedes escuchar y con quienes ser honesto. Nos alimentamos el uno del otro, damos mucho de nosotros mismos y tenemos la libertad de ser honestos y sinceros. Ese es el regalo que tuvimos con Dee, ya que no ensayamos estas escenas entre nosotros. Ella quería experimentar a los personajes a través de lo que hacíamos y nos permitió hacer eso. Luego ella dice, “corte” y los demás, “Puedes irte a casa”. Y piensas, “Hombre, ¿estás seguro de que es suficiente? Quiero darte un 10% más”. A lo que ella responde, “Me diste el 30%. Vete a casa”. Entonces, “Bien. Te quiero”.

No ad for you

Dee era la capitana del barco. Sabía lo que quería y lo iba editando en su cabeza. Sabía exactamente cómo iba a cortar estas escenas, y eso era lo que continuamente me impresionaba. Muchas veces, debido a la luz y al clima, nos dieron una o dos tomas. El clima fue un gran elemento. Hubo tornados. Hubo días en los que hubo que cerrar y días en los que no podíamos permitirnos cerrar. Los productores decían, “¿Cómo vamos hacer estos días?” Ella decía, “Confía en mí, voy a hacer estos días”. Y lo hizo.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias