El recorrido artístico de Ana González siempre ha halado los hilos de la memoria y los recuerdos de infancia. Sus primeros trabajos estuvieron inspirados en historias de desplazados, especialmente en los niños que sufren por el desarraigo de su tierra.
González apuntó sus pinceles para captar el vestido blanco, símbolo de elegancia de un domingo de fiesta, y de los atuendos destinados para la misa que evocan ese pasado perdido. Alicia y Bailarinas fueron algunas de las series que recreaban la añoranza por medio de faldas blancas, trabajadas no sólo con pintura, acrílicos, carboncillo, laminilla de oro, fotografía y escritura, sino también plasmadas en esculturas de porcelana.
Sus obras están cargadas de melancolía, poesía y sutileza. Esta vez, González presenta su trabajo más reciente, De azúcar, que además del vestido dominguero incluye la iconografía de la infancia, como el trompo, la pelota de letras, los festones de papel, los algodones de azúcar y los aros hula-hula. Todos presentes para excavar en los surcos de la memoria personal que logran detonar la colectiva.
Su paleta de colores nunca ha creído en lo obvio ni en la exageración. Azules, rojos, rosas, amarillos, todos han sido controlados y trabajados con matices.
La muestra está compuesta por obras bidimensionales en técnicas mixtas, pintura, esculturas, porcelanas y fotografía. Algunas de ellas fueron seleccionadas para May be (R)Evolution, Project Berlin, de la Factory Art Gallery en Alemania, y otras estarán expuestas en el Salón de otoño del Grand Palais de París en el mes de noviembre.
Galería La Cometa, Cra. 10 Nº 94A-25.