¿Qué historias le interesa llevar al cine?
Me gusta hablar del momento en el que empieza una historia de amor y de aquél en que esta misma historia se termina. Me encanta hablar de la familia, de nuestras pequeñas vidas que hacen grandes historias.
¿Qué le llamó la atención de la novela de Éric Holder para hacer una película?
Hace 10 años leí el libro. Realmente me llegó al alma. La historia entre dos seres humanos simples, puros y honestos. Pero especialmente los silencios que el autor le da a su narración. Fue como si Holder me hubiera dicho: “Esto es lo que debes estar dispuesto a disparar, el poder del silencio”.
¿Cuál es esa pregunta que buscaba resolver con ‘Mademoiselle Chambon’?
Cuando hago una película no pretendo responder a ninguna pregunta. Primero me gusta crear emociones. Si el espectador sale del cine con una pregunta, me siento feliz.
¿Esa mirada del amor que vemos en la historia, es su mirada?
Pienso que el amor desestabilizador, el amor que asusta es un amor que permite crecer, que lleva más lejos.
En su filme son usuales los silencios, ¿qué significan para usted?
El silencio simplemente significa la vida. Busco la verdad con mi cámara —un olor a verdad— . Así que no temo al silencio.
¿En qué se parece esta nueva película a sus anteriores creaciones?
He notado que siempre cuento la misma historia. Cambio el título, los personajes, pero desde el comienzo he trabajado los mismos temas. Cuento historias de amor. Entre hombres y mujeres, padres e hijos. Algunas resultan, otras no, pero hablo sobre nosotros, debo confesar, mucho sobre mí.
Aquí retoma el amor como tema central, ¿cómo no caer en sentimentalismos?
Es mi gran pregunta cuando estoy escribiendo y cuando estoy en el set con los actores. Odio el sentimentalismo, es como una torta con mucha azúcar. Soy muy cuidadoso y trato de evitar los clichés.
¿Por qué confía tanto en el lenguaje corporal de los personajes?
Un ser humano es una voz, una mirada, un pensamiento… Su cuerpo habla de lo que es, de lo que fue, de lo que piensa, de lo que siente. Todo eso me permite escribir una línea invisible de mis personajes.
¿Espera algo de su espectador?
Espero un diálogo silencioso entre la audiencia y yo. Esta es la fortaleza del cine.