Michel Camilo compone imaginándose un paisaje. Cuando se sienta frente al piano, el dominicano piensa en un panorama con todos los elementos posibles: belleza, diferencia, contraste, estética y volumen. Luego de visualizar el horizonte, hace el ejercicio de poner en el mismo escalón su trabajo en la partitura y la labor de un fotógrafo. Entonces se esmera mucho más porque sabe que ambos resultados tienen la finalidad de perdurar en el tiempo y de llegar, ojalá, a la posteridad, siendo el recuerdo de un momento disfrutado o padecido, pero vivido al fin y al cabo.
Algunos de esos instantes retratados en sus composiciones parten, como él mismo dice, de un minipixel. Ese es el arranque, la materia prima, que después se va transformando en imágenes ambiciosas. En ese proceso de crecimiento el mejor abono es la originalidad, aunque también se necesita algo de suerte para estar en el lugar apropiado, en el minuto indicado. Camilo aprovecha tanto esos sucesos pasajeros como las rutinas extensas de la vida para hacer mucho más visible el jazz producido en la República Dominicana.
Su tema Suite Sandrine, una compleja partitura integrada por cinco movimientos, es una historia instrumental que al comienzo previó como un hermoso homenaje a Sandra, su esposa, pero con una duración limitada. Sin embargo, al elaborar el retrato de todo lo que le tocó padecer a la pareja durante su arribo a Nueva York, la construcción se le salió de las manos y tomó un rumbo insospechado.
“Esa composición la he grabado en distintos discos porque hay segmentos en trío, otros en big band, otros con sexteto. El tema está inspirado en nuestros esfuerzos mutuos de perseguir un sueño de realizar una carrera internacional en la música. Recuerdo que tan pronto llegamos a Estados Unidos a Sandra le tocaba trabajar muy duro, mientras yo estudiaba y me formaba como artista”, cuenta Michel Camilo, quien estudió en la Juilliard School of Music, pero siempre tuvo claro que no quería perder sus influencias latinas.
Él hace parte de una generación que se ha ocupado del resurgimiento del jazz latino. Según sus propias cuentas, es la segunda corriente que, en serio, hace algo distinto con el estilo, después de muchos años de quietud y luego de que los grandes maestros asumieran la misión de mezclar el género de las síncopas con los ritmos de origen afrocubano. Michel Camilo, de Repúblico Dominicana; Danilo Pérez, de Panamá; y virtuosos pianistas de la mayor de las Antillas como Gonzalo Rubalcaba y Ernán López Nussa, comandan con sus teclas esta sabrosa iniciativa musical.
“Creo que en los años 80 hubo un resurgimiento del jazz y apareció una generación que comenzó a descollar de manera simultánea. Nosotros tocábamos en los clubes de jazz y aunque no teníamos contratos con disqueras, ni éramos nombres reconocidos para las grandes firmas de la industria, sí había mucha gente que nos seguía. Tanto en festivales como en clubes nos cruzábamos y compartíamos experiencias”, relata Camilo, uno de los abanderados de las fusiones entre el merengue y la bachata con el jazz tradicional.
Por su terquedad al no querer dejar a un lado las influencias de su geografía y por tratarse de una figura emblemática del jazz latino en su versión joven, Fernando Trueba pensó en él para hacer parte del proyecto cinematográfico Calle 54, un documental producto de un minucioso trabajo de investigación y seguimiento en el que se rinde tributo a algunos de los artistas más destacados del género. En este documento fílmico, Michel Camilo no sólo aparece sino que también tuvo una decidida participación en el proceso de selección de los demás protagonistas.
“Con Fernando Trueba nos conocimos a principios de los 80 en el Festival de Jazz de Madrid, cuando yo era parte del quinteto del saxofonista cubano Paquito de Rivera, esa fue mi primera gira internacional. Desde ahí hemos hecho muchas cosas juntos, como la película Two much, de la que yo compuse la banda sonora completa. Luego a él se le dio por hacer una cinta sobre el jazz latino y se inventó Calle 54, y me pidió que lo asesorara y yo acepté con gusto”, dice Michel Camilo, el músico favorito de Fernando Trueba, según repetidas y constantes confesiones del director español.
Y en ese estado de favoritismo figura el dominicano en varios listados. La transformación de su tema Caribe en un standard de jazz, suceso muy pocas veces visto en autores contemporáneos, ha colaborado en aumentar su fama y reconocimiento.
“Me siento muy contento porque esa es una pieza emblemática de mi carrera y para mí fue un gran honor cuando la grabaron personajes como Dizzy Gillespie o las hermanas Labeque. Incluso yo mismo la he registrado en varios formatos como piano solo, en trío, en big band. El público siempre me la reclama y, por supuesto, no faltará en los próximos conciertos en Colombia”, asegura Camilo, quien se atrevió, con la venia del artista flamenco Tomatito, a realizar discos sólo con piano y guitarra, dos sensaciones tímbricas muy parecidas y que se sospechaban incompatibles.
El dominicano llega a Colombia en trío, el formato de su predilección porque para él la conjunción del piano (Michel Camilo), el bajo (Lincoln Goines) y la percusión (Giovanni Hidalgo) conforma una orquesta rítmica que no tiene pierde. A los distintos festivales a los que fue invitado, el pianista irá con la urgencia de mostrar que el terreno de los standards no está en clausura y que se puede entrar ahí siendo moderno, joven y muy latino.
Michel Camilo en Colombia. Bogotá. Sábado 8 de septiembre. Teatro Libre de Bogotá. Cali (Ajazzgo). Martes 11 de septiembre. Teatro Municipal Enrique Buenaventura. Medellín (Festival de Jazz y Música del Mundo): Miércoles 12 de septiembre. Teatro Metropolitano. Barranquilla (Barranquijazz). Septiembre 13. Teatro Amira de la Rosa.