El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Meira Delmar o la zarabanda de cristal

Nació un 21 de agosto, pronto hará ya cien años. Hace poco, su obra fue exaltada en la Universidad del Norte. Aquí las razones.

02 de noviembre de 2019 - 09:00 p. m.
Meira Delmar con su amigo Gabriel García Márquez. / Cortesía El Heraldo
PUBLICIDAD

Leer a Meira Delmar en estos días ha sido aplicarme un sorprendente bálsamo… el bálsamo de su musicalidad, de su alma cantarina…
Cuando andaba leyendo los poemas de Meira, muchos en los que ella transforma “el amor que pudo haber sido y no fue” en poesía… una de mis amigas se quejó de lo mismo. Le escribí: “Estoy tentado a decirte … no que la imites, pero sí que la vuelvas a leer… los dioses nos hacen sufrir para que los poetas puedan cantar-nos” (Homero).

Con Meira he cantado y he sentido el poder de las palabras, el mito y la historia, la expresión de la mayor soledad y el tacto de las cenizas y la nada, el poder del viento y de los ángeles… el proteico mar y sus canciones, el pregón de las vendedoras de flores en el Caribe… he creído comprender lo que es la inspiración y la labor del poeta, de una poetisa, y su valiente enfrentar el paso del tiempo y el espejo infinito del no ser bajo la tierra y los luceros fugaces… (Le puede interesar: Roberto Burgos Cantor y sus personajes).

“Hacer poesía, dice Seamus Heaney, es encontrar la voz adecuada dentro de uno mismo; una labor que él asocia con cavar dentro de uno mismo para traspasar la superficie del sentido trivial de las palabras hasta encontrar la música.

Una tarde, después de la lluvia, sentí su presencia en el parque, cerca de mi casa, cuando encontré entre las bongas, los almendros y las acacias una pancarta en la que hay una frase escrita por ella, plasmando su visión de la ciudad: “Barranquilla empieza a ser amable apenas se pronuncia su nombre. Porque Barranquilla, así en diminutivo, suaviza la dureza de su originaria barranca o ‘barranco’, le quita el perfil de peligro y hasta le regala un aire delicado y sonreído”. 

Sé que esta frase fue inscrita en esa pancarta gracias al poeta Miguel Iriarte, director de la Biblioteca Pública Piloto. Y gracias a Miguel Iriarte tuve esa visión de Meira como otra vertiente del grupo de escritores de la costa, más allá del Grupo de Barranquilla. Aunque Meira nunca fue a La Cueva —la única que iba era Cecilia Porras—, su nombre figura en la nómina del comité de redacción de la revista Crónica, cuyo primer número salió el sábado 29 de abril de 1950.

Meira, me recordó Miguel Iriarte, está en esa otra cuerda de sonoridades más dulces, diferente; no la carnavalera y canchera de los camajanes, sino esas visiones casi místicas que comparten poetas como Gregorio Castañeda Aragón, Gustavo Ibarra Merlano, Héctor Rojas Herazo, Giovanni Quessep…

Me gusta esa apropiación del espacio público por la poesía, Meira de Barranquilla. Como saber que la biblioteca más antigua de nuestra ciudad lleva su nombre. A esa casa de los libros donde fui siendo un niño, y que ella estuvo dirigiendo durante varios años. En sus poemas aparece su amor por los libros, se pinta leyendo, aparece escribiendo, soñando con el amor, con la naturaleza… absorta, concentrada en escuchar el rumor del viento, el crepitar de las cigarras en el monte…

“A veces, tú lo sabes,
Cierro los ojos para
No caer en los tuyos,
Y te hablo del viento
Que escribe la mañana
En su libro de viajes,
Y digo sonriendo,
Que algún día me iré…”.

No ad for you

Leyéndola he soñado con esa hermosa aptitud de escribir poemas…
Así se van las horas 
engañando;
así del duro afán y grave pena
estamos algún hora descansando (Garcilaso).

… o escribir su biografía con los datos tejidos en sus poemas… para cuando cumpla los cien años… el 21 de agosto de 2022… esperemos que no sea un agosto seco como este, que sea más lluvioso … a ella la lluvia le gusta mucho… hacerla revivir, sacarla de la urna de cristal… es decir, seguir paso a paso las huellas de su daimon… los antiguos griegos crearon este personaje que tiene que ver con la divinidad… un ser interior, una chispa divina que nos habita, como el genio de la lámpara de Aladino, ángel o demonio que nos lleva y nos impulsa a cumplir con nuestro destino… el de ella fue convertirse en poesía, en libro de poesía, en una biblioteca de poesía…

No ad for you

Meira es la novia de Simbad, el marino, dice su amigo Javier Arango Ferrer. “Sobre el vaivén de las olas pasa Simbad el marino”… “Simbad venía en cada ola / sobre la barca de mi sueño/ y me nombraba capitana de su fantástico velero”.

Ella nos cuenta su infancia, de cómo la aprendió a mirar el mar, el divino y vasto mar… “la tierra como tierra, como cielo la mar”… “un día junto al muelle / un viejo pescador, entre las manos niñas me puso un caracol / me lo llevé al oído / le conocí rumor, y se me fue volviendo fugaz el corazón. Por mis venas que parten de un lejano Simbad / yo me voy, rumbo extraño, a buscar otro mar…”

No ad for you

Compartimos entonces con ella ese gusto por Las mil y una noches… Y por el mar, a quien ella considera un dios … “el mar danzaba entre las islas / desnudo y joven como un dios / sobre su piel resplandecía el agua azul, llena de sol”…

Les hablaré de su panteísmo, de cómo aun cuando aluda a la Biblia, al Cantar de los Cantares y a la Anunciación a la Virgen, también nos llevará a Grecia y escribirá poemas a Dafne, a Narciso, y deificará la naturaleza.. y el instinto estético y moral.

No ad for you

A un niño que le preguntó qué es una poetisa, le contestó: “Una mujer que todavía no ha aprendido a vivir sin soñar”.

En ella Barranquilla es una metáfora… ella, de familia de inmigrantes libaneses, sigue aquí anclada en la ciudad secreta, “habitadora clara de mi ciudad secreta”, atenta a la hoguera tenaz de las acacias que florecen en rojo a orillas del río, muy cerca del mar, creando ese amor poético, escribiendo sus sonetos marineros. “Era un amor marinero. Y yo sepulté en el mar la forma azul de su cuerpo”.

No ad for you

“El mar cambió de nombre / una vez / y otra, y otra / hasta llegar por fin a la candente orilla / donde veloces ráfagas de pájaros teñían de colores y música repentina el instante”.

“Sola / en el azul de la mañana vuela una garza”. Imaginé una pintura de Noé León con las garzas.

No ad for you

Sabe ella con justeza pintar la infancia, escribirla, describir “la piel de la memoria”. Y su devenir música… descubrir la música en la infancia, en la juventud, estudiar música la formará, le dará ese tono… “el son delgado de una flauta llenaba todo el olivar / el mediodía restallaba / danzaba el mar / ¡cantaba el mar!”

Nos habla del país lejano de la música / el país de la música / profundo / lejano / enardecido”.

No ad for you

El mar tiene “boca de música”… “Amor que no se canta / lo lleva el viento / vamos amor a recoger canciones / cerca del agua”.

Las notas sobresalientes de la poesía de Meira Delmar, dice el poeta Fernando Charry Lara, son su delgadez y su tersura, de las que derivan su sutileza y la sabiduría de su dicción. Ella ha buscado un armonioso ritmo que la lleva de continuo a la alusión, teniendo presente la opinión de Ezra Pound: “La poesía se atrofia cuando se aleja demasiado de la música”. 

No ad for you

Seré algo audaz al decirles que en algunos de sus poemas escucho músicas y ecos de otros poetas o compositores: “Imitemos la vida de las nubes viajeras que se dan a los vientos, generosas, sinceras”, dice Meira. Y aquí oí al maestro Rafael Campo Miranda cantando:

“Nube viajera que te vas llorando, 
Bañando con llovizna la pradera (bis).
Así tendré que irme yo algún día, 
Derramando entre la hierba 
Lágrimas del alma mía (bis)”.
Y en el vendedor de flores… escrito a los quince años:
“Claveles, claveles
Que traigo claveles
Rojos como bocas
De lindas mujeres
Rosas, amapolas
Violetas moradas
Como las ojeras
De la enamorada”.
Oigo como un eco a Celia Cruz:
“Casera, traigo mis flores
Acabaditas de cortar
Las hay de todos colores
Mis flores para tu altar”.

No ad for you

Y también a Baudelaire en su poema “El extranjero”: “¿Y qué amas tú, entonces, maravilloso extranjero? Amo las nubes, las nubes que pasan allá, allá… las maravillosas nubes”.

De nuevo Meira mirando el cielo: “Y las nubes que cruzan el azul de los cielos / tienen toda la gracia de pequeños veleros”.
Tiene también ella poemas donde escuchamos el silencio y la ausencia del ser amado. Oímos su voz en la noche silente, en esa callada hondura perdura el timbre de su voz, su asombro ante la vida, humanizando siempre la naturaleza: “Tiene la lluvia tu risa / y tus palabras son esos azahares / que en alta noche / florecen los limoneros”.

No ad for you

“Siempre, desde muy pequeña me sedujo la naturaleza; un árbol, un crepúsculo, el mar, el ruido del mar, desde muy niña ejercieron sobre mí una especie de fascinación. Aún hoy, ha pasado la vida, he tenido grandes penas, he llorado mucho y todavía me detiene un árbol, me detiene la primera estrella cuando despunta en el cielo de la tarde; la luna cuando es nuevecita. Y como decía Juana de Ibarbourou, la gran Juana de América: “Parece una pestaña caída en el agua triste. Esa luna delgadita me encanta… también la luna llena”. Entonces, creo que lo mío es, en gran parte, una especie de respuesta a la belleza que encuentro siempre en la naturaleza, en lo que me rodea.

Esto lo escribió en su autobiografía: “El arte, la poesía, no busca imitar a la naturaleza en su amplitud y en su profundidad, se queda en la superficie de los fenómenos naturales, pero tiene su propia profundidad, su propia potencia; cristaliza los más altos momentos de esos fenómenos superficiales, reconociendo en ellos el carácter de la legitimidad, la perfección de la proporción armoniosa, la cumbre de la belleza, la dignidad del sentido, la altura de la pasión”. (Goethe, notas a una traducción del Ensayo sobre la pintura, de Diderot”. 

No ad for you

* Es autor de los libros “Vestido de bestia”, “Los domingos de Charito”, “Trapos al sol” y “Dionea”. Su más reciente novela es “Pechiche naturae” (Collage Editores).

Meira en clave de mar

 Confesión azul
“Yo vivo enamorada del mar!
Yo sé estar quieta frente a su vida azul
Desde la luminosa iniciación del alba
Hasta cuando aparece la hermosa 
Cruz del Sur
Yo vivo enamorada del mar
Yo sé estar sola junto a su inmensa voz
Mientras le caen gavillas doradas de la luna
Que tiene a veces forma
Y destino de hoz…
El mar tiene un don que nadie tuvo 
ni tendrá jamás:
El incomparable y claro don de saber consolar.
Puede ser honda mi pena,
Puede ser largo mi afán,
Puedo sentir un amargo
Deseo de sollozar
Y todo lo olvido cuando me llego
 hasta el Mar…”.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias