Con prisa Medellín ha ido consolidando un lenguaje de manifestación cultural que parece serle propio. O bien, desde el ámbito público, podríamos denominarlo -por qué no- como la aplicación de una teoría cultural cuya génesis es de los 90 y que ha sido puesta en práctica en adelante. En el escenario se identifican propuestas fácticas y la cultura en el Municipio es un proyecto, aunque incipiente, bastante vital y con generosa progresión. No solo demanda la atención del artista o productor, del crítico, del gestor, de los medios que divulgan, de los privados que subvencionan y del público o consumidor; también precisa halagos al ritmo de reconocer, como urgente, el ánimo de fortalecerse a sí misma como una aspiración real de ciudad.
Maria del Rosario Escobar Pareja, actual Secretaria de Cultura Ciudadana de Medellín, con estudios en Comunicación Social – Periodismo (UPB); magíster en Estudios Humanísticos y especialista en Semiótica de la Interacción Comunicativa (EAFIT) -coordinadora durante más de diez años en el Área de Extensión Cultural de esta universidad- e hija de una ama de casa y un notario, culmina su periodo. En esta entrevista reconoce qué significó el haber sido ese mascarón femenino en el bauprés del barco o la ‘aviadora’.
En la academia nos caracteriza el romanticismo; en el ámbito laboral -y en este, su caso, el público- tal vez haya propósitos a los que se deba renunciar, o no. ¿Qué significó para usted, como mujer, madre, profesional y ciudadana, asumir este cargo?
Claro que profesionalmente esta es una experiencia poderosa pero más en lo personal. Uno no tiene cómo abordar un trabajo con una responsabilidad tan grande como esta sin que eso signifique ingresar a la experiencia educativa más profunda. A mí me confrontó directamente con la persona que soy; me vi en la urgencia necesaria de revisarme profundamente, de buscar en mí mis mayores virtudes y de hacerme a ellas para poderlas sacar hacia afuera. No hay nada distinto: eso que la ciudad te pide es que aquello que uno sea lo ponga permanentemente en escena, es de la única manera como podés hacer un trabajo conciliador, cercano, participativo. No tenía cómo pasar por ahí sin haberme sentido como que fui al taller: al de vidrio, del orfebre, del escultor. No tengo ninguna experiencia académica comparable.
El caso con la maternidad y con la familia es más difícil de resumir, tal vez ahí no hay un idilio. Equiparar en la sociedad contemporánea la vida íntima con la vida pública de por sí es una paradoja, por lo tanto no tiene solución. Yo me siento privilegiada, además, porque todos entramos al taller y aprendimos de la vida, a pesar de que mis hijitos son muy chiquitos y de que Simón tenía cinco años cuando asumí la Secretaría -a los cinco años está en el despertar de la consciencia- él cree que yo soy solo esto: y claro que no lo soy, apenas son cuatro años de mi vida de 42. Y bueno, los amigos, que son indescriptibles, son como la farmacia de la vida. Profesionalmente es un privilegio enorme y no hay cómo entenderlo si no se ve desde el servicio y es, sobre todo, una misión.
En lo íntimo y en lo profesional lo defino como una maqueta que permite mirar con la vibración si un edificio resiste un terremoto o no, entonces lo que viene adentro brota y se fortalece en momentos como este y es en donde uno dice quién soy y de qué estoy hecho.
Antes de comprometerse debía tener unas expectativas sobre el asunto cultural de la ciudad, ¿cuáles, grosso modo, eran y qué tanto cambiaron? En lo público siempre habrá burocracia y posibilidades ciertamente restringidas…
Las expectativas que uno se ponga en el momento de iniciar este trabajo son ilusiones, porque mientras uno no haya trabajado en lo público, tiene una visión muy personal de la situación de la cultura de Medellín. Esto tiene infinitas posibilidades y, como todo en la vida, esas infinitas posibilidades vienen de la mano de importantes restricciones. Mis ilusiones primeras eran las de responder una pregunta que todavía me sigue pareciendo muy interesante y que posiblemente pueda ser de largo aliento: ¿Cómo puede el Estado (esa dimensión tan grande, lenta, compleja) servirle a la cultura que es volátil? O, en otros términos: ¿Cómo un elefante puede entrar y casarse con el viento? En últimas: ¿Cómo el Estado puede brindar beneficios a un proceso que es sensible y delicado? Lo tratamos de responder con ese sistema de convocatorias, con una aplicación de unos programas de gestión de lo público en los barrios y a través del Sistema de Bibliotecas y de las Casas de la Cultura, incluso con los principios de la modernización. Medellín, que depende tanto del recurso público, ¿cómo éste puede hacer sobre todo un bien? Comprendiendo que igual se equivoca, ocasiona daños -es que es inherente a la actividad humana- además en la cultura sí que más, que no es un proceso acabado.
Estas preguntas se hicieron mucho más profundas en el ejercicio… Si antes yo pensaba que la Secretaría tenía que tener una mesa redonda -horizontal- de trabajo, donde nadie encabeza nada (porque en la cultura nada lo encabeza alguien y no hay una posición jerárquica), ahora lo pienso más. El Municipio cada vez más tiene que reconocer ese papel tan definitivo en la sostenibilidad general de este gran proyecto cultural y, en virtud de esto, debe crecer en presupuestos, ampliar su estructura administrativa para ejecutarlos de la mejor manera y entender dónde se expande y dónde se va recortando, porque también tiene que ser en ella misma sana, si no se va volviendo macrocefálica. La relación, entonces, entre el recurso público y la creación nos hizo pensar, por ejemplo, en muchas de las formas de contratación de la Secretaría, en donde lo que estábamos haciendo era quitarle tiempo al artista.
Encontramos también un indicador en el programa Medellín Cómo Vamos sobre el cual hay que trabajar enormemente y es el de la formación de públicos, no necesariamente unidos a la gratuidad -aunque la gratuidad no es mala en sí misma- pero, en esa generación de públicos, de qué manera puede trabajar la Secretaría para que la gente en su billetera siempre destine, en la medida de lo posible, una parte del recurso para entrar a una entidad cultural y al mismo tiempo apoyar a estas entidades a tener claros sus públicos y sus taquillas (y no estoy hablando de industrias culturales, ni mucho menos). Por otro lado, los temas de ciudadanía cultural o de cuáles son esos discursos en donde lo público tiene la posibilidad de poner en un nivel la manera de ser y estar en la ciudad, nosotros pensamos: vamos a dejar un poquito de lado las campañas masivas, nos gastamos un montón de recursos en eso, pero bueno, todo tiene un efecto pendular y uno podría medir el efecto de eso e independizarlo.
Considero que el trabajo le permitió no solo encontrar elementos de correspondencia, sino también descubrir qué distingue a esta ciudad de sí misma. ¿Qué hay ahora que antes no?
El proyecto cultural público que le entregamos a Medellín es uno que escribió buena parte de las minúsculas que le tocaba escribir. Encontré como esos libros medievales con las capitulares más hermosas dibujadas, leí lo que hicieron en él y dije: bueno, vamos a escribir, es un texto entre todos. Hay que verlo como un largo proceso y yo me sumo a lo que hicieron los anteriores y hago la fila con ellos en una línea progresiva y respetuosa. En algunas cosas pusimos punto seguido, en otras párrafo aparte, y me parece bonito porque es el verdadero ejercicio de construir sobre lo construido. Nosotros cumplimos con ese sueño de ciudad de los ocho años anteriores y nos tomamos cuatro años para hacer un ejercicio muy técnico, y es que hoy, detrás de lo que ya la ciudad sabe, hay mucho fondo: el Sistema de Bibliotecas gestionado desde la Subsecretaría de Lectura, Bibliotecas y Patrimonio que cuenta con un abecedario muy bien estructurado; un programa de Becas a la Creación y el paso siguiente, un buen programa de convocatorias. Hicimos educación ciudadana pero miramos este tema de la grande inversión en la ciudadanía cultural, también con el proyecto del Fondo Editorial que ya venía.
A Medellín de Medellín lo distingue, principalmente, esa comprensión de un trabajo largo y continuado. Pienso que las instituciones hoy están fortalecidas en las conversaciones al interior; el haber hecho el Salón Nacional de Artistas (2013) en asocio con los dos museos (Museo de Antioquia MUA Y Museo de Arte Moderno de Medellín MAMM), el que este año el MUA esté haciendo el MDE15 y el mismo año el MAMM hubiera estrenado su remodelación. O sea, no entregamos un sector desestructurado ni lo entregamos con peleas, porque hemos vivido en una condición en la que es natural -inclusive son legendarias- las discusiones, y no estoy en el evento, es decir, somos seres humanos y hay fricciones, pero lo importante es que no sea la Secretaría la que las propicie y que exista una capacidad de gestión y de sumatoria. Hoy el proyecto cultural de esta ciudad es proyecto en tanto no está acabado y nunca se va a acabar, siempre será joven si lo hacemos bien. Pronto entregaremos una biblioteca en Altavista y eso significa que tenemos al Sistema de Bibliotecas en todo Medellín, imagínate: en todas las comunas de Medellín hay una biblioteca pública. Dejamos más Casas de la Cultura que antes y hoy es posible tener el Sistema de Bibliotecas unido a todas estas Casas con un proyecto de agenda cultural mediante la Jornada Escolar Complementaria y mediante las Redes de Formación Artística, que también entregamos fortalecidas.
Ya que menciona la Jornada Escolar Complementaria, promovida por Educación, ¿qué dice del trabajo mancomunado con otras instancias de lo público?
Hay unos asuntos incipientes pero avances muy grandes. Eso requiere de varias voluntades, pero la Jornada Escolar Complementaria ya nos tiene trabajando al INDER, a la Secretaría de Educación, a la de Cultura y a otras. Las Unidades de Vida Articuladas (UVA) obligatoriamente nos ponen en una visión transversal, que eso es supremamente importante aunque difícil porque es más fácil que cada ordenador aplique lo suyo y la transversalización es como un sueño, sin embargo, ya hay unos escenarios en los que por lo menos está la voluntad de sentarnos y trabajar. En ellos nosotros planteamos una línea que inicia y lo que sigue es un camino hacia arriba. Hay otras mesas interesantes, por ejemplo, la de las bicicletas en la que participa Movilidad, Área Metropolitana y la Secretaría de Cultura que, de alguna forma, tiene redes en distintos lugares de la acción municipal porque por su calidad y su relación con el sector artístico nos llaman constantemente para alimentar y apoyar procesos.
Medellín es la ciudad del país con mayor presupuesto para la cultura y mencionaba que éste podría crecer más, ¿por y para qué?
Primero hay que hacer un reconocimiento muy grande a esas acciones ciudadanas de conversación como el Seminario Internacional Alternativas del Futuro para Medellín y su Área Metropolitana (1991), a los otros escenarios de participación y pensamiento de los años 90 que trazaron esta ruta y a los gobiernos que la han continuado. Lo que nosotros hicimos fue incrementar esos presupuestos que de por sí ya eran muy grandes y maravillosos en el país. Tuvimos la delicia, la fortuna, de haber contado con ese fondo en Medellín y de que el Alcalde fuera sensible a un proyecto cultural para invertirle 36 mil millones de pesos más. Pero, además de eso, retos tan grandes como el de las convocatorias, los compromisos en infraestructura, la Ley de Espectáculos Públicos, entre otros, fueron condiciones que se le sumaron y que permitieron que consolidáramos la cifra.
Aquí el presupuesto es muy importante y, como dice Juan Luis Mejía: “el presupuesto hace la política”, es decir, una parte muy importante de la política cultural empieza por el presupuesto, sin embargo, yo no quisiera que solo nos enfocáramos ahí sino en lo que hace Medellín con éste, en la manera como lo ejecuta y la vitalidad que ese dinero trae junto con los mecanismos de participación. Si nos enfocamos en el presupuesto, me parece, tendemos a crear una distancia innecesaria con otras regiones del país, inclusive con el ente central: Bogotá, y nos pone en una comparación en la que, como todo se circunscribe al presupuesto, dejamos otra cantidad de cosas que son fundamentales como la conversación, compartir experiencias, cruzar realidades. Inclusive nosotros tenemos que encontrarnos verdaderamente en los escenarios nacionales y ahí tenemos mucho por aprender y trabajar.
Es necesaria la conexión con programas como Batuta o bien, sería maravilloso tener una conexión grande con programas de la Secretaría de Cultura de Bogotá, el gran programa bibliotecario de Cali, mirar algunos asuntos del Carnaval de Barranquilla y asociarlo con lo nuestro. Tenemos que superar el tema e ir y mirar, así como ponernos humildemente en consideración con los demás y entrar en un escenario de conversación urgente. En lo público el presupuesto es importante, pero no lo es todo.
Sin embargo, es cierto que la buena salud de la que goza Medellín en términos culturales es en gran parte por el apoyo de la empresa privada…
Esta ciudad lo consolidó hace mucho tiempo y tiene su germen en la Sociedad de Mejoras Públicas y en el liderazgo de algunos prohombres que van trazando desde lo privado un ejercicio de consolidación de lo público que es, sin duda, una de las grandísimas fortalezas de Medellín. No hay junta o escenario de grandes espacios públicos que ignoren lo privado, ahí, vigilante, constante, en conversaciones muy interesantes. Eso va, todavía más, en un camino importante de consolidación. Creo que ese modelo público-privado es de una riqueza invaluable en Medellín, genera a un grupo de empresarios de la ciudad ocupándose de esto y ojalá cada vez se sumaran más. El Centro, por ejemplo, sí que necesita fortalecerse…
En muchos barrios de Medellín (tal vez más en los periféricos) siguen surgiendo colectivos que, ante la ausencia estatal, propician sus propias políticas civiles a través del arte. Posiblemente no ignore el comentario de que se sienten cooptados por la Secretaría, muchas veces, porque los convierten en propaganda a su favor -a manera de vitrina- cuando ellos ya han generado el impacto. ¿Qué consideración tiene?
Si ellos piensan que están siendo instrumentalizados me parece que están en todo el derecho de ejercer una rebeldía sana frente a eso. Hay que comprender, por otro lado, que hay una parte de la acción de la Secretaría que consiste en que si ellos están haciendo un excelente trabajo, y viene una serie de personas de otra parte del país o del mundo, ¿por qué no presentarlos en un escenario? Ellos pueden sentir que ahí los están usando y yo no considero que haya un abuso de eso, hay un reconocimiento. Imagínate que no los llamáramos para nada, entonces ya habría una negación; pasaríamos del uso o del abuso a la negación. Creo que nos tenemos que acercar todavía mucho más en la comprensión de lo que hace el uno y de lo que hace el otro. También entiendo que hay unas políticas de contratación -a lo que nos lleva la ley- que hacen que nos alejemos. “No, pero es que esa forma de contratación me parece brutal”, podrían decir ellos, e incluso les podría parecer brutal participar de un proceso de convocatoria porque ha sido tan duro su esfuerzo que no tendrían que pasar por esto… Mira, sobre eso hay todavía muchísima tela por cortar, entonces yo llamaría a acercarse cada vez más, a entender las circunstancias de cada uno y por mi parte puedo decir que no hay un uso; hay reconocimiento.
El artista necesita de un mecenas y si es éste el rey, su arte procurará estar en contra del rey. ¿Cuál cree que es el sector más problemático en el tema de cultura en la ciudad?
Los que más conocen el Estado son los que más y mejor saben tallarlo y todo lo contrario con los que más lejos estén: no saben cómo participar. Por ejemplo el sector de artes visuales; como el Municipio no tiene programas o políticas para ellos, entonces no han generado una ruta para acercarse. Sin duda el sector de las artes escénicas tiene una formación política muy fuerte y sabe claramente cómo manejar los mecanismos. Esto no es de ahora, el teatro tiene un trasegar histórico al respecto, por lo menos en nuestra ciudad y en Latinoamérica. Hay campos de la creación en que esa interlocución con el Estado les viene de adentro.
¿Seguirá con la gestión cultural?
Cuando uno está en este punto de su biografía se pregunta: bueno, y yo que voy a decir el 31 de diciembre cuando me lleve el bolso para la casa y esté ante mi cuenta de Twitter en el último momento de mi labor como Secretaria de Cultura de Medellín, y la palabra es tan gastada, pero es la única… Inclusive había pensado: voy a buscar el poema más hermoso sobre la gratitud, la inflexión más poética sobre la gratitud, pero tal vez de 140 caracteres solo use siete: Gracias. Yo voy a estar ahí, yo no hago parte de otro sector, no tengo otro destino que estar por aquí como público, como gestora. Vuelvo al lugar del que salí. Me sentí como cuando uno está en un avión y de repente escucha por el auricular: “El de la 2C tiene que pasar a manejar y uno se fija y está sentado en la 2C”; ahora vuelvo a mi silla.