Este venezolano estudió Biología, pero su trabajo da cuenta de la antropología en vez de los reinos animal y vegetal. Durante siete años realizó un proyecto fotográfico, Dioses de América, en el que los protagonistas eran personajes mitológicos de 10 culturas del continente americano. Antonio José Briceño fue invitado por el Ministerio de Cultura en el marco de los programas de reconocimiento, representación y visibilización de los grupos étnicos a diseñar una exposición que hablara de los pueblos indígenas colombianos.
Así, en medio de unas imágenes de gran formato puestas en forma circular en el centro del Parque de la 93, es posible enfrentarse con la mirada del gobernador del cabildo indígena muisca de Suba, con curanderos, sanadores, líderes, sabedores, chamanes, médicos tradicionales palabreros y familias que vienen de distintas etnias. Comunidades como la inga, kichwua, yanacona, nasa, misak, muisca, wiwa, arhuaco, kogui, wayuú, pastos, huitotos, entre otras, son captadas por el lente atento de este artista venezolano.
¿Cuándo decidió que el objetivo de su lente serían las comunidades autóctonas o indígenas?
Cuando empecé a viajar por mi carrera, a la India, a Oriente, la naturaleza que era mi objeto de estudio se transformó y me empezaron a interesar más las culturas distintas a las mías, porque uno se conoce a sí mismo a través del contraste.
¿Cómo lo incluyeron en este proyecto?
Me llamaron del Ministerio de Cultura, porque conocían mi trabajo. Querían rescatar las identidades étnicas y de las culturas minoritarias, y me encomendaron tomar más en cuenta las culturas desplazadas, las comunidades víctimas del conflicto y que se han tenido que adaptar a condiciones muy distintas de sus territorios ancestrales. No todas las comunidades se trabajaron en la ciudad, hubo unas en su propio territorio. En todo caso, casi todas son culturas amenazadas o en peligro por distintas circunstancias.
Habiendo recorrido tantos países, ¿qué denominador común encuentra en estas comunidades?
En general, tienen el vínculo con la naturaleza, que es el que más me apasiona, porque es un vínculo de respeto. Su filosofía se basa en no utilizar más de lo que necesitan y no destruir más allá de lo necesario. El tema de la comunidad y su cohesión es otro punto en común. Ellos nunca están solos y no conocen ese aspecto de nuestra sociedad afectada por la soledad. Nadie padece solo, la solidaridad y el apoyo entre familiares y las comunidades es muy importante.
¿Y entre las colombianas?
Lo que encontré diferente aquí, es que se han tenido que mover comunidades enteras… al moverse a la ciudad mantienen su cohesión, no son migraciones independientes. En Venezuela, por ejemplo, no hay muchos indígenas en Caracas y los que se encuentran están en situación de mendicidad porque se han ido por su cuenta, goteados y no como un grupo. Aquí en Colombia mantienen esa solidaridad comunitaria y eso es lo que les permite finalmente sobrevivir en un medio tan hostil. Eso es algo que sólo he visto en Colombia.
¿Cuál fue la intención de poner pendones como fondo en las fotos?
El fondo de las fotos está hecho con un telón de tela que sostienen dos personas. Como se trabajó con comunidades desplazadas, fuera de su contexto que han mantenido su esencia a pesar de estar fuera de su lugar de origen, estos pendones los independizan de su contexto. La intención es evidenciar que estén en la ciudad o en la selva, ellos están luchando por no perder su identidad y mantenerla.
¿Qué busca transmitir a través de sus fotos? ¿Qué cree captar en los retratos?
Lo que me interesa en el retrato es la expresión de los ojos. Siento que la comunicación entre los seres humanos se da a través de la mirada, hay muchas cosas que las palabras no pueden interpretar. Trato de que las personas estén relajadas, tranquilas, para que en su mirada puedan transmitir todo eso que yo estoy sintiendo frente a ellos cuando tomo la foto. Aunque no haya explicaciones, ni los espectadores entiendan mucho el contexto en el que fue hecha la foto, al verse frente a frente a otro ser humano, ahí ya hay una conexión, algo se mueve.