Para pararse en frente de una orquesta hay que estar muy bien preparado. La afirmación la hizo Gustavo Dudamel instantes previos a la emisión de las primeras notas de las nueve sinfonías de Ludwig van Beethoven (1770-1827), que dirige por estos días en el Teatro Mayor, en Bogotá. Lo importante es convencer a los 50, 100, 200 o mil músicos de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de que la verdad rotunda la tiene la batuta del director.
Para el venezolano de 34 años, estar al frente de un colectivo musical y darle la espalda al público es una labor psicológica, un trabajo cercano a la metafísica. Por eso los cinco días que dura la interpretación de esta obra íntegra de Beethoven, con los intermedios y los recesos normales, se transforman en segundos emotivos para la cotidianidad, tanto para quienes portan un instrumento como para quienes son “simples” espectadores.
Desde que comenzó en la dirección de orquesta, Gustavo Dudamel tiene claro que la música es una interacción. Su compromiso es ser un guía; así lo considera y así lo define. Su misión es concederles la importancia a los verdaderos gestores de la magia: el compositor y los músicos que exponen su talento en cada concierto. Lo dice con conocimiento pleno, porque ha hecho el ejercicio de mover las manos sin tener en frente a los integrantes de una orquesta y sus indicaciones no han tenido eco. No suena nada. Su entorno auditivo no sufre ninguna modificación.
“La música no la vemos, la sentimos. Es un efecto físico a raíz de una armonía. La subjetividad es muy bella y puede crear alegría, nostalgia, esperanza dependiendo de quien esté escuchando, así que nunca sé muy bien qué impacto tienen las obras de grandes compositores cuando las dirijo”, comenta Gustavo Dudamel, quien estuvo en Colombia hace dos años comandando la interpretación de Tannhäuser de Richard Wagner (1813-1883).
“Un proyecto como el Sistema de Orquestas Simón Bolívar ha tenido grandes logros para Venezuela, entre ellos viajar completo al Festival de Salzburgo. En el sistema encontramos niños que tocan Mahler muy bien a los siete años. Eso es inconcebible. Yo soñé con hacer música toda la vida, pero creo que nunca pensé en que este proyecto consiguiera la proyección que tiene en la actualidad con todas sus agrupaciones. Creo que ese fue el deseo de José Antonio Abreu. No estamos en la cumbre, simplemente seguimos adelante porque es la única forma de construir algo significativo en el arte”, cuenta Dudamel, quien cree que la cultura, a pesar de muchos esfuerzos, sigue estando muy lejos de la cotidianidad de la gente.
La presencia en Colombia del director venezolano al comando de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar es un nuevo intento por aproximar al público a la música. El intermediario es Ludwig van Beethoven; los pretextos son sus nueve sinfonías, interpretadas de manera consecutiva, y el beneficiario siempre será el espectador, cuya función es dejarse llevar por este conductor elegido al mando de un vehículo ajustado, afinado y talentoso.
Viernes, sábado y domingo. Teatro Mayor, calle 170 Nº 67-51. Información y boletería en www.primerafila.com.cvo.