En los últimos 20 años se han usado las nociones de ‘nación diversa’ y de ‘nación pluriétnica y multicultural’, y caído en desuso la más que centenaria ‘nación mestiza’.
Este galimatías es importante, porque pretende dar un marco a la autoconcepción de quiénes somos (los colombianos). Las consecuencias de ser un tipo de nación u otro son múltiples. Los derechos de las personas, por ejemplo, pueden variar de una nación ‘pluriétnica’ a una ‘diversa’.
Así que el Día de la Afrocolombianidad también es ocasión para revisar las razones de esas tres nociones. Es una reflexión necesaria en el Bicentenario.
Colombia es un país culturalmente mestizo y los negros pertenecemos a esa mayoría. No somos una minoría cultural. Nuestro problema con la ‘nación mestiza’ es que no reconocía a la raza negra.
La ‘nación diversa’, en cambio, no niega u oculta las diferencias. Tampoco eleva a ‘culturas en sí mismas’ las diferencias culturales. Ni la lengua, ni la religión, ni la modernidad, nos separan.
Que los negros tengamos preferencias o tradiciones en la cocina, la fiesta, el baile y la música no nos hace muy distintos de los colombianos con otras tradiciones, como para ser un ‘grupo étnico’ (de más de 4 millones de personas que viven en las ciudades).
Menos del 10% de la población negra, en las zonas ribereñas, tendría los atributos de grupo étnico. Pensar que el 100% puede tratarse como si fuera el 10% ha sido un error.
Somos colombianos negros, y lo de negros es cada vez más una elección, por fortuna. Sólo hay una nación, de cuya suerte dependemos, y todo el lío es que se reconozca a los negros un papel en el relato y el sueño nacional, y se alcance una igualdad básica.
* Miembro de la junta directiva de la Fundación Color de Colombia.