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No existen fórmulas mágicas (Opinión)

Lejos estamos de entender que requerimos de enfoques multidisciplinares, que tengan en cuenta las circunstancias especiales de cada situación, las nuevas tecnologías, las necesidades particulares y que combinen ideas y prácticas que han sido asociadas a diferentes orientaciones políticas.

27 de junio de 2023 - 06:20 p. m.
Solo los seres verdaderamente libres pueden abrirse a nuevas ideas y de esta forma enriquecer su propio entendimiento.
Foto: Pixabay
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Hoy todo el mundo parece muy dispuesto a escuchar otros razonamientos, siempre y cuando sean iguales a los suyos. El presidente Petro parece estar cada vez más lejos del centro político. Como consecuencia, podemos ver que la opinión pública se ha dividido en dos extremos opuestos, mientras las voces más equilibradas pierden poder e influencia. Esto resulta bastante preocupante porque la preponderancia de dos visiones estrechas y excluyentes siempre terminará generando un ciclo de hostilidad, un clima de intolerancia y polarización que impide cualquier tipo de cambio.

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Están muy equivocados quienes creen que sus convicciones políticas son universales y absolutas. Resulta muy ingenuo creer que una corriente política tiene siempre la razón y que existe una sola respuesta correcta o solución perfecta que pueda ser aplicada en todos los casos. Si existieran fórmulas mágicas para gobernar, este oficio sería de una simplicidad extraordinaria. Todo lo contrario, tomar siempre las mismas decisiones en diferentes contextos, puede conducir a un país al abismo. Cada momento de la historia es único y trae consigo necesidades muy diferentes. Los problemas sociales y económicos son complejos y cambiantes, por lo tanto, poco importa de donde provenga cualquier iniciativa, lo verdaderamente virtuoso es tratar de tomar la mejor decisión en el caso concreto.

Si analizamos lo que ha ocurrido en el mundo en el siglo XX, nos daremos cuenta de que hemos experimentado un movimiento cíclico de acontecimientos políticos, sociales y culturales que oscilaron al igual que un péndulo de un extremo al otro; entre el socialismo y capitalismo; liberalismo y conservadurismo, o, idealismo y realismo. Dichas corrientes tuvieron aciertos y desaciertos en sus gobiernos y enfoque político. Cada una tuvo su momento de éxito y fracaso. Por ejemplo, en algunos períodos la derecha logró grandes éxitos económicos, mientras que, en otros, fracasó en el logro de los objetivos sociales. De manera similar, la izquierda triunfó en la promoción de la igualdad social y económica, pero también naufragó en la creación de un clima empresarial favorable que permitiera un crecimiento económico sostenible. En los dos casos, tanto las victorias como derrotas dependieron en gran parte de la capacidad de elegir el momento oportuno para implementar sus acciones considerando las oportunidades, las necesidades, las posibilidades y el contexto.

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Es cierto el hecho de que en Colombia la izquierda nunca estuvo en el poder. Muy probablemente de haber gobernado en algunos periodos, nuestras necesidades sociales hoy en día no serían tan imperantes. A lo mejor tendríamos un sistema educativo más robusto, menores índices de pobreza extrema, mayor presencia del Estado en las regiones más olvidadas, menor desigualdad en el ingreso y en general niveles de vida más dignos. Pero esa ausencia de la izquierda en el poder no implica necesariamente que en esta coyuntura lo más conveniente sea adoptar modelos proteccionistas que fueron exitosos en su momento hace varias décadas. Mucho menos en el siglo XXI, en un mundo digital e interdependiente donde se requieren enfoques abiertos, colaborativos y adaptativos.

Desafortunadamente, las reformas a la salud, al trabajo y a las pensiones del gobierno de Petro no son más que un intento de reformar el presente con ideas del pasado. El mejor ejemplo de fracaso, al copiar una fórmula que fue exitosa en su momento y tratar de adaptarla en circunstancias totalmente distintas, fue el gobierno del presidente Duque. Su mayor error fue pretender gobernar al país en el dos mil dieciocho de igual forma como Uribe lo hizo en el dos mil dos, cuando en realidad eran dos países distintos. Todo parece indicar que después de sobrevivir a una sobredosis de derecha, ahora experimentaremos una de izquierda. Lejos estamos de entender que requerimos de enfoques multidisciplinares, que tengan en cuenta las circunstancias especiales de cada situación, las nuevas tecnologías, las necesidades particulares y que combinen ideas y prácticas que han sido asociadas a diferentes orientaciones políticas. Esto no va a ser posible en medio de fanatismos. Al mismo tiempo que nos referimos de la libertad de expresar, deberíamos al mismo tiempo hablar de la libertad de comprender, aquella que radica en el fuero interno, porque en realidad, sólo los seres verdaderamente libres pueden abrirse a nuevas ideas y de esta forma enriquecer su propio entendimiento.

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