Cuando Ana Marta recorre las páginas de sus álbumes la imagen de Fanny Mikey con el pelo rojo y una inmensa sonrisa se repite una y otra vez. En Moscú, el último viaje a Nueva York, en Caracas con Mimí, en las Islas del Rosario con los hijos de Ana Marta y el hijo de Fanny.
Cada recuerdo, las vacaciones y los viajes de esta mujer que fue la mano derecha de Fanny están ligados a ella desde hace 15 años cuando tras renunciar a la dirección del teatro Jorge Eliécer Gaitán se fue a trabajar al Festival Iberoamericano de Teatro. “Fanny me buscó para ayudarle durante el Festival, pero al cabo de tres meses le dije que cuando el Festival se acabara yo pretendía seguir trabajando con ella en el Teatro Nacional”. Desde entonces construyeron una gran familia en la que el trabajo y el descanso se mezclaban. Todo para que cada dos años el sueño imposible del Festival Iberoamericano de Teatro se hiciera realidad una vez más.
Ana Marta abrió las puertas de su casa para hablar de su aspiración a suceder a Fanny. Si bien su renuncia en septiembre sorprendió a las personas cercanas al Teatro Nacional, la voz de apoyo de los actores, de Daniel Álvarez, hijo de Fanny, y más de una década de trabajo, la hicieron repensar la decisión para asumir el liderazgo de un proyecto que ella construyó también.
¿Por qué no se barajó su nombre desde un principio para suceder a Fanny?
El día de la junta directiva en que me propusieron a mí, que fue en Aviatur, Jean Claude Bessudo salió y me pidió mi hoja de vida, pues Gustavo Vasco dijo que no discutía mi nombre si no la presentaba. Después de 15 años qué iba a saber yo dónde tenía una hoja de vida. Daniel, el hijo de Fanny, que no es dado a hacer esas cosas, pidió la palabra y dijo: “Quiero decir algo sobre Ana: Su hoja de vida es haber trabajado hombro a hombro con mi mamá. Ella no era la asistente que le cargaba la agenda. Yo viajaba con ellas y tengo registro de que en los últimos años mi mamá confiaba en ella por su manera de negociar y la dejaba liderar muchas negociaciones. Además, como mi mamá no hablaba inglés, Ana Marta era la que traducía y llevaba a cabo las negociaciones. Ana Marta era la voz de mi mamá”. Luego Gustavo dijo que mi nombre generaba resistencia entre los miembros del comité directivo. Daniel contestó que él podría ayudar en ese sentido, que él creía que era una cosa momentánea, que la gente estaba confundida. Cuando se acabó la reunión, Gustavo le dijo a Daniel: “Ya sé de que lado estás”. Daniel le respondió: “No se trata de lados, Gustavo. Aquí hay un solo lado y es el teatro”.
¿En quién estaba pensando Gustavo entonces?
No sé. Él dijo que sería el director, pues por estatutos lo es, hasta el próximo Festival. Una vez me dijo, y también se lo dijo a Marta Senn, que a Clarisa Ruiz le gustaría reemplazar a Fanny cuando terminara algunos proyectos que tiene en el Ministerio, pero eso ahora lo ha desmentido. Lo cierto es que después de la muerte de Fanny empezaron
a desconocer las cosas que yo hacía por el Teatro, como una negociación que hice con Gas Natural; nunca mandaron la información para el patrocinio o lo mismo con unos eucoles (afiches publicitarios de los paraderos de buses) que mandamos a hacer para La muerte de un viajante. No sé si Gustavo dijo que me bloquearan o si lo decidieron ellos por otros motivos.
Pero dicen que antes de la enfermedad de Fanny usted había renunciado y eso generó una pelea entre ustedes…
Pero yo no me fui nunca. De hecho estuve ahí para el estreno de Closer. Cuando estaba hospitalizada hablamos por teléfono de qué hacer y hasta de qué me iba a poner esa noche. Yo había renunciado muchas veces. Cogía mi cartera, me iba del teatro y no le contestaba en toda la tarde. Eso se fue disminuyendo en la medida en que maduró nuestra relación, que era como una relación de pareja. Ahora creo que las personas del comité del teatro que estaban cerca de Fanny, porque se iban de fiesta con ella, nunca entendieron cómo eran nuestras peleas y se metieron más de la cuenta. Pero más allá de eso hubo cosas terribles, como preguntarle al médico si convenía que Fanny me viera mientras estaba en la clínica, él mismo me lo contó.
¿Es decir que no hubo esa gran pelea de la que hablaban?
Si fuera así Daniel, su hijo, no me habría buscado para tomar las decisiones finales; no habría pasado conmigo este año nuevo.
¿Fanny nunca se preparó para cuando ella no estuviera?
La verdad es que no. Ella tenía una visión muy propia de ciertas cosas. Su vida estaba llena de magia y de poder, consideraba que hablar de la muerte era una manera de invocarla. De su muerte sólo dijo que quería que la enterraran en un cajón judío, que le hicieran una fiesta con Joe Arroyo (como se la hicimos); y que la cremaran. Pero nunca dejó nada organizado.
¿Por qué si en un principio renunció ahora quiere ser la directora?
Yo cambié de parecer de un mes a esta parte. Cuando empecé a ver que nada se movía. Ómar Porras me dijo un día muy preocupado que aún no le habían confirmado sus funciones para el próximo Festival. Si eso es con Porras, ¿cómo será el resto? Yo siento que tengo una gran responsabilidad, no puedo permitir que el Festival se acabe como pasó con el de Caracas, que a partir de una mala decisión se fue acabando. Ahora la decisión está en manos de la junta. Son siete miembros: Gustavo, Jaime Castro —quien ahora parece que no me quiere, aunque siempre fue mi amigo—, Luis Guillermo Soto, William Cruz, Juan Antonio Pungiluppi, Ana Milena Muñoz y Jorge Alí Triana.