Los caminos del Barroco se trazaron en Europa, en sus iglesias y capillas, en conventos y monasterios. Con la llegada de las misiones jesuitas a la inhóspita tierra que aún no se llamaba América, esos trazados musicales se continuaron en nuestro continente durante los siglos XVI y XVII. Mucho tiempo ha pasado para que nuevos caminantes como el director argentino Gabriel Garrido o el francés Alain Pacquier se atrevieran a recoger los pasos de compositores como Fray Domenico Zipoli, quien escribió parte de su obra entre Bolivia, Uruguay y Argentina, donde murió.
La próxima semana en Bogotá y Medellín el resultado de estos nuevos recorridos se podrá disfrutar en manos de la orquesta Capilla Panamericana y el ensamble Ars Humana, bajo la batuta de Garrido, un homenaje de Caminos: Les Chamins du Baroque, de Le Couvent, a las independencias de América Latina.
El peregrino del Barroco
Alain Pacquier es el creador y director de este programa que nació en Sarreburgo (Francia), se define periodista, pero sería más preciso decir musicólogo, gestor cultural y peregrino. Hace dos décadas, sin saber cuál sería el final, decidió emprender la marcha sobre las partituras del Barroco latinoamericano, un acervo musical poco reconocido.
Hoy Pacquier habla sin dificultad de la realidad musical de países como México, Perú y Bolivia. Allí ha trabajado recuperando material perdido, reparando órganos de catedrales y formando músicos, pero no es fácil hacerse una idea total de su tarea, ni de quién es realmente este hombre que salió de su pequeña ciudad para internarse en la selva musical de un mundo ajeno a él.
Ya en Sarreburgo, durante un verano más caluroso del promedio, al entrar al convento donde se encuentra la escuela de los Caminos del Barroco y observar el grupo que lidera Alain, algo más se logra comprender. En esta población de Alsacia —que no disimula su pasado ambiguo entre Alemania y Francia— se lleva a cabo el primer concierto de la gira que La Capilla Panamericana continuará por América en noviembre.
Una de las piezas esenciales del programa de formación es Judith, hija de Pacquier y maestra de corno. Esta rubia, que no pasa los 35, lidera la escuela de verano a la que asisten jóvenes de toda América Latina. También viaja (como lo hizo a mediados de este año a Neira, Caldas) para dictar talleres. También hay maestros latinoamericanos, como Garrido, que han participado en todo este recorrido.
El fin de Caminos
Durante los días del Festival Barroco de Sarreburgo se anuncia de manera pomposa que es el fin de Caminos, el programa de colaboración entre Francia y América; los organizadores repiten una y otra vez que el concierto del próximo martes 9 de noviembre en Bogotá servirá de clausura a dos décadas de colaboración.
Quienes llegamos ahí por primera vez y nos hemos dejado fascinar por un programa que en Colombia apenas gatea, no queremos admitirlo. La presencia del manizaleño Federico Sánchez, músico de la Universidad de Caldas que no supera los 30 años, intérprete de clavecín, nos hace esperar que otros como él tengan la oportunidad de vivir una formación en la que aprenden a obtener los mejores semitonos de las partituras incompletas.
“El clavecín y el órgano son instrumentos difíciles de interpretar”, cuenta Sánchez, puesto que la manera de escribir música en el Barroco dejaba grandes espacios en blanco. Como en el jazz, el secreto está en saber improvisar.
Precisamente, una de las tareas más importantes en estos 20 años, según cuentan Pacquier y sus colaboradores, ha sido que los investigadores y expertos en música comprendan que la música compuesta en conventos y misiones de América no es pobre, sino que hace falta una experiencia en su lectura para interpretarla. Esta ha sido tal vez la principal tarea de este proyecto que a la Alcaldía de Sarreburgo y a la Fundación BNP Paris Bas le ha costado cientos de miles de euros.
Para ellos la tarea ya está hecha, el virtuosismo de los músicos dirigidos por Gabriel Garrido al interpretar Las vísperas solemnes de San Ignacio (Domenico Zipoli-Roque Ceruti) en la catedral de Saint Barthélemy esa calurosa noche de julio da fe de ello. Entre músicos de trayectoria hay por lo menos 20 jóvenes provenientes de Perú, Paraguay, Argentina, Chile y Colombia. Garrido insiste, más tarde, que una de las cosas claves de este trabajo no es sólo la escuela de verano sino el nivel de exigencia del trabajo conjunto entre músicos experimentados y jóvenes que apenas inician sus carreras.
La clave, además, es que se pueda despertar a una música que en nuestro país sigue parcialmente dormida, encerrada en archivos que como los de la Catedral Primada —a pesar de estar organizado y protegido—, permanecen inermes. Los músicos de Neira y Manizales lo han demostrado, al igual que La Capilla Panamericana bajo la batuta de Garrido: aún es tiempo de despertar al ritmo del Barroco latinoamericano, no sólo es bello, también es nuestro.
Bogotá, Catedral Primada. Martes 9. Medellín, Teatro Metropolitano Miércoles 10.
Con el apoyo del Banco de la República y la Embajada de Francia.