El documental es una expresión cinematográfica bastante variada y de orígenes creativos diversos. Además de las aproximaciones propias del campo cinematográfico, muchos documentales se alimentan de la tradición del periodismo y de los códigos televisivos, pasando por la comunicación social, la antropología visual y los procesos comunitarios, hasta las exploraciones estéticas más experimentales. Los temas son cada vez más variados, y ya no solo apuntan a los grandes acontecimientos, a las culturas exóticas y a los grandes personajes, sino que se aproximan a pequeñas historias, íntimas, personales y cotidianas.
También los límites del documental son cada vez más difusos: se relaciona estrechamente con la ficción (y puede llegar a hacerse indistinguible) y desborda la pantalla bidimensional para expandirse en instalaciones multimediales y propuestas pensadas para las nuevas tecnologías infocomunicacionales como internet. En todas las variantes del documental Colombia cuenta con obras dignas de mención. Además del espaldarazo que el Estado y la empresa privada han dado al sector cinematográfico, muchas productoras y realizadores independientes han hecho del documental un territorio propicio para la exploración y la ruptura, encontrando otras formas de hacer cinematográfico.
El cine documental, muy enfáticamente a partir de los años 70, ha sido uno de los principales lugares de proposición y experimentación del cine y sin ninguna duda, ha posibilitado el descubrimiento de nuevos talentos y la consagración de grandes realizadores. En el caso de Colombia, la realización de películas documentales tiene una fuerte tradición y nos ha legado históricamente reconocimiento a nivel internacional. Contamos con obras canónicas como “Camilo Torres” (1967), “Chircales” (1972), “Nuestra voz de tierra, memoria y futuro” (1981), y “Agarrando pueblo” (1977), de reconocidos exponentes como Marta Rodríguez, Jorge Silva, Luis Ospina y Diego León Giraldo entre muchos otros.
Pero esta tradición no se veía reflejada en la circulación: durante décadas hubo una escasa distribución, limitada a pequeños circuitos de predominio académico y una recepción precaria por parte de un público más amplio. Solo hasta los últimos años ha aumentado la difusión televisiva, por internet y la cantidad de estrenos en las salas de cine del país, con cifras apreciables de espectadores que ven en el documental una posibilidad de reflexión y entretenimiento a la altura de producciones más comerciales. Películas como “Amazona” (2016) de Clare Weiskopf, “Señorita María” (2017) de Rubén Mendoza y “Carta a una sombra” (2015) de Daniela Abad y Miguel Salazar, son largometrajes documentales populares vistos por un gran número de espectadores colombianos.
Uno de los retos actuales del cine documental en Colombia es seguir fortaleciendo su relación con el público y que las variadas opciones del documental nacional e internacional tengan la posibilidad de ser vistas e interiorizadas por los espectadores. Que el público se interese por otras formas documentales más experimentales, reflexivas, de ruptura y no solo por los documentales más tradicionales o comerciales. Que se aproxime a sus creadores y conozca otras formas de hacer cine de primera mano. En este desafío la Muestra Internacional Documental de Bogotá cobra protagonismo. En su vigesimoprimera edición se consolida como la vitrina del documental nacional e internacional en Colombia siendo reconocida en toda Latinoamérica a gracias a su trayectoria de 20 años ininterrumpidos. Esta muestra además es impulsada por el propio gremio de documentalistas colombianos que están reunidos en la Asociación Latinoamericana de Documentalistas, ALADOS de Colombia. La muestra irà hasta el pròximo hasta el 7 de noviembre.
Actualmente la MIDBO cuenta con tres secciones: Cine Documental, Documental Expandido y el Encuentro Pensar lo Real. Las dos primeras son espacio de exhibición y la última un encuentro académico. En la sección Cine documental se presenta una selección de películas documentales de corto, medio y largometraje colombianas y extranjeras, que brindan un panorama de la creación documental actual. Cine expandido busca dar cuenta de la diversidad de formas y exploraciones que desbordan las pantallas y abren nuevas posibilidades de narración y visualización documental. Finalmente, el Encuentro Pensar lo Real se plantea como un espacio académico de creación y reflexión alrededor de las diferentes expresiones del documental, desde las diversas formas de narrar y abordar lo real.
La MIDBO 21 es otro espacio que demuestra que el cine documental también se ve en la gran pantalla y convoca a cientos de espectadores ávidos de conocer nuevas formas de ver, ser, pensar y existir en diversas geografías.