El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Pequeñas grandes historias

Temas que abordan la guerra y el desplazamiento hacen parte de los nuevos libros para niños.

26 de abril de 2012 - 05:47 p. m.
PUBLICIDAD

Un pequeño cuento

Nuestra historia comienza en la década de los 80, cuando grandes editoriales y librerías independientes se percataron de que hacía falta un elemento para completar el cuadro literario en el país: libros que estuvieran dirigidos al público infantil. La editorial Norma fue la precursora. Con títulos como Palabras que me gustan, de Clarisa Ruiz, y la famosa colección de historias para niños Torre de Papel, le dio inicio a un ambicioso proyecto en el que primaban temas que se desprendían de la tradición oral, las retahílas y las fábulas que por años tuvieron como propósito dejar una moraleja.

En esta década, más que escritores surgieron ilustradores que, desprevenidos, crearon imágenes que proponían más que las palabras. Entonces se complementó la facilidad del texto con la dureza en el dibujo y llegó el auge del formato que hoy conocemos como ‘libro álbum’. Escritores e ilustradores colombianos incursionaron en este género. Un ejemplo claro es el artista Ivar da Coll, que con su famosa serie Chigüiro logró plasmar vivencias diarias de los niños a través del carisma de un animal que hace parte de la tradición colombiana. La industria parecía tener un futuro prometedor.

Para los 90, sin embargo, decisiones en el sector editorial, que intentaban simplificar los temas para vender estereotipos, hicieron que el mercado promocionara historias con un lenguaje simplificado en donde princesas, príncipes y hadas eran los protagonistas. Cosas buenas también sucedieron. Panamericana, por ejemplo, abrió sus puertas al público para ofrecer un producto que era más asequible, ayudando a promover el interés de los padres por incentivar la lectura en los menores.

Pero un afán de cambio, que se dio en los últimos ocho años y que pretendió la ruptura del facilismo en la literatura infantil, hizo que nuevos proyectos se posicionaran dentro de las editoriales: Nidos para la Lectura, de Alfaguara; la serie Iguana, de Ediciones B; la colección La Biblioteca, de Random House Mondadori; la creación de Gato Malo, la editorial independiente de Enrique Lara; y el crecimiento de los proyectos de distribución y producción de literatura infantil, Babel y Espantapájaros, son algunos ejemplos. La industria no sólo entendió la importancia de importar y traducir nueva literatura infantil; incluso se dedicó a promocionar a escritores colombianos como Yolanda Reyes, Jairo Buitrago, Triunfo Arciniegas y el mismo Ivar da Coll.

Un cambio de tema

“Bien mamá (…) tengo que decirte que nunca me han gustado mucho las princesas”, dijo el príncipe a su madre después de que ella le dijera que ya estaba en edad para casarse. La reina hizo desfilar a las mejores doncellas por el castillo, pero el príncipe fijó su mirada en el hermano de una de las mujeres. Al final del cuento el príncipe se casa con este hombre y el pueblo se acostumbra a tener dos reyes en el poder. Con esta historia, escrita por las holandesas Linda de Haan y Stern Nijland, se demuestra que la literatura infantil de los últimos años no conoce tabús: la realidad es mostrada al niño tal como es, sin arreglos que le hagan creer que la sociedad viene en un empaque predeterminado.

Y así como la temática mundial

ha evolucionado para, según la editora de Babel, María Osorio, “respetar la inteligencia del niño al entregarle historias en las que pueda interpretar su entorno real”, los libros infantiles en Colombia también se han transformado: ahora pretenden mostrar la realidad del país. Un mensaje que busca que los niños entiendan que más allá de las hadas, los castillos y las princesas, existen escenarios ineludibles como la pobreza, el racismo, la soledad, la guerra y la violencia.

Ejemplo de este fenómeno es el libro álbum Eloísa y los bichos, que fue escrito e ilustrado por el dúo de Jairo Buitrago y Rafael Yockteng —ganadores del Premio A la orilla del viento, del Fondo de Cultura, por el cuento Camino a casa—. En la historia, Eloísa y su padre llegan a una ciudad extraña en busca de un mejor trabajo y un futuro. Padre e hija huyen de un pasado doloroso mientras se acostumbran a un lugar en donde las personas tienen una constitución física distinta y en donde su comportamiento no va de acuerdo con las normas que conocían. Se muestran como desplazados, personajes que se mueven, como muchos seres de nuestro país lo hacen, a ciudades que encuentran hostiles.

“No es que las hadas y las princesas estén sobrevaloradas. Es que ahora esas hadas y esas princesas tienen que ayudar al niño a acercarse al mundo”, dice Osorio, quien insiste en que las nuevas generaciones tienen que comprender que la literatura debe entregarles la libertad de pensamiento, no el condicionamiento del mismo. Como ella, la prestigiosa autora argentina María Teresa Andruetto afirma: “La escritura de los textos infantiles debe ser una escritura de sugerencia, fuertemente literaria, que se salga de los espacios comunes, que tenga un arduo trabajo de lenguaje y formas narrativas. Los cuentos para niños no deben tener un único significado, tienen que mostrar diferentes miradas para el lector, atreverse a contar una historia de adultos en un formato de niños”.

No ad for you

Aún faltan nuevos personajes

“Poco será lo que hagamos para formar buenos maestros lectores, buenos padres lectores, para promover los sitios en donde se diversifique y se exponga la buena literatura infantil”. Con esta frase, María Teresa Andruetto nos acerca a una realidad que la editora de Babel, María Osorio, considera problemática para la difusión de la nueva literatura infantil: en Colombia, las editoriales y librerías especializadas en el género son escasas y están centradas en la capital. Por esto afirma que “la producción editorial tiene que crecer para poder circular en todos los estratos de la población infantil que viven en nuestros pueblos y municipios. Este mercado tiene que ser uno que busque la ecuanimidad, no la exclusividad”.

Osorio explica que en el país sólo existen seis librerías especializadas en el mercadeo de este género, y cuatro de ellas están en Bogotá: “Babel, Espantapájaros, Elena la ballena y La hora del cuento, son las únicas opciones que tienen los padres. De resto están Rabo de nube, en Popayán, y la librería Don Quijote en Manizales”. Nos quedamos entonces con una pregunta: ¿dónde pueden los niños y sus mediadores conocer las nuevas producciones literarias para separarse de los textos académicos? Según Osorio, esta tarea le corresponde a las bibliotecas, instituciones que deben preocuparse por ser formadoras de las nuevas generaciones al propiciar espacios para la lectura y escritura.

No ad for you

La producción de la nueva literatura infantil en el país es tanto una necesidad como una afirmación sobre los temas que los niños deben leer según su realidad. Y aunque el progreso ha sido notable, aún quedan cosas por resolver: el fácil acceso a los libros, la promoción de espacios de lectura y la autonomía del texto independiente sobre el académico, son algunos ejemplos. Quizá el tiempo nos enseñe que hay una nueva historia para contar, que aún quedan muchas cosas por decir.

Uranito, nuevo sello infantil

Ediciones Urano introdujo en esta Feria del Libro su sello infantil, Uranito, que trae hasta ahora libros dirigidos a los lectores entre los 6 meses y los 12 años.

No ad for you

Los libros de Uranito, con una clara aspiración a ser considerados simples objetos por su calidad estética, son productos esmerados en temas como ilustración, papel y encuadernación. De variados formatos, con mucho aire y color en la diagramación, se dejan manejar y leer con facilidad.

Estos títulos proponen historias que oscilan entre lo cotidiano y la fantasía: el dilema de una niña que odia sus pecas y las adivinanzas que debe sortear un dragón para aprender algo de sí mismo.

No ad for you

Con su colección, Uranito intenta alcanzar a los lectores comunes y corrientes, además de insertarse en el sistema educativo; de ahí la necesidad de algunas narraciones de tener que enseñar algo, intención más clara en unos libros que en otros, eso sí.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias