La historia de Colombia y todo el mundo –en general– ha estado marcada por la indiferencia y omisión del papel de las mujeres en los procesos decisivos de la sociedad. Subyugadas a labores netamente hogareñas, las mujeres encontraron en las historias mínimas la mejor arma para que su voz se escondiera debajo del discurso masculino que regía los hogares. Las recetas, los cuentos, las canciones, fueron pequeños relatos que luego se transformaron en libros, novelas, películas y obras de teatro, una voluntad férrea las encontró en el camino y dispusieron –siguen disponiendo– de cualquier herramienta para hacerse escuchar y a la vez transformar la realidad de un país que ha sido contado por hombres.
Todos los días, en todas partes del mundo, muchas mujeres pelean pequeñas –enormes– guerras contra la violencia física o contra frases en la calle que no son banales sino la evidencia de un sistema de pensamiento o peligroso. Peleando contra él muchas damas, antes que nosotras, no solo quemaron sus corpiños, sino que dejaron la vida. El lado macho de la fuerza anida en todas partes, y muy ladinamente en el doble discurso que condena a los hombres que nos matan pero, a la vez, exige que sigamos ocupando el lugar sumiso y obsoleto de toda la vida.
Pero hay unas que resisten. Que desde largas jornadas en el trabajo hasta labores domésticas resisten ante el olvido y la inequidad. Hay unas, unas como Gloria Triana y Petrona Martínez. Mujeres cargadas de tierra. De mar. Que a veces el Estado no olvida, sin embargo.
El Ministerio de Cultura otorgó el Premio Nacional Vida y Obra 2015 a la cantadora Petrona Martínez Villa y a la socióloga Gloria Triana Varón como un reconocimiento a la contribución significativa que las dos han realizado al enriquecimiento de los valores artísticos y culturales de la nación.
El impacto de la obra de la cantadora de la Costa Caribe y de la socióloga bogotana en el campo social y cultural en general fue tenido en cuenta por dicha premiación en el momento de elegirlas para recibir este reconocimiento, para el que hubo 70 postulaciones.
La cantadora
San Cayetano, Magdalena. Su primer grupo musical fue su familia. Desde niña, Petrona Martínez vivió inmersa en el folklore de origen africano de la Costa Atlántica, oyendo cantos de su abuela y de sus tías, con quienes se crió después de que su madre enfermara. Así aprendió a cantar bullerengue, una danza musical campesina proveniente de África, mezclada con la cadencia del mar Caribe. Entonando melodías durante el trabajo, sembrando yuca, ñame, arroz, plátano, guandul o maíz, cantando por la tierra y los animales, y cantando, también, con lamento por los trabajos desmedidos de su gente para poder ganarse la vida. Los saberes cotidianos y la sabiduría heredada por sus ancestros le dieron palabras a su voz, formada en fiestas patronales y celebraciones familiares mucho antes de que aprendiera a leer y escribir, ya adulta, con la lista de mercado.
La documentalista
“Los reconocimientos nacionales se parecen mucho a las despedidas, “pero yo no he parado de trabajar por la cultura popular del Caribe y el país”, dijo para El Universal Gloria Triana.
Vive en Bocagrande. El mar se presiente detrás de la ventana. Ese cargo –en la oficina de asuntos indígenas del Ministerio de Gobierno– y una especialización en antropología social le permitieron acercarse a lo desconocido del país. Sobre todo a La Guajira, donde visitó el territorio wayuu en buses desvencijados y en los camiones que recorrían las rutas del contrabando.
Retrató en sus audiovisuales una Colombia desconocida o ignorada. Paisajes de contrastes que revelaban las raíces del país: las indígenas.
Las imágenes para ella eran la forma de ahuyentar los recuerdos de la vida casi conventual que afrontó durante su infancia en una antigua casona de Ibagué, donde vivió con sus abuelos.
Todo giró –y gira– alrededor del arte, de la magnificencia de la cultura.
Para estas dos matronas de la cultura, este reconocimiento puede ser la victoria de una batalla. Una a la que todas las mujeres estamos convocadas. La lucha de las grandes historias. ¿Qué hay que hacer para ser una mujer así? Porque yo quiero ser esas mujeres. Yo quiero, todo para mí, ese coraje.