El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Plegarias punk atendidas

Dos de las integrantes del grupo serán liberadas luego de que el parlamento aprobara un indulto para una serie de presos rusos.

18 de diciembre de 2013 - 05:04 p. m.
Maria Alyokhina y Nadezhda Tolokonnikova durante su juicio. / AFP
Foto: AFP - NATALIA KOLESNIKOVA
PUBLICIDAD

Luego de ser juzgadas por vandalismo y alteración del orden público, de ser condenadas a dos años de prisión, de recibir tratos brutales en las coloniales penales, de entrar en huelga de hambre para pedir condiciones dignas de encarcelamiento, Nadezhda Tolokonnikova y Maria Alyokhina, activistas de Pussy Riot, serán liberadas la próxima semana.

El giro en el caso del grupo de punk ruso llega luego de que el parlamento de ese país aprobara una amnistía para ciertos presos (incluyendo aquellos condenados por vandalismo); la iniciativa aún ha de ser firmada por el presidente Vladimir Putin (figura central de las protestas de Pussy Riot) antes de convertirse en ley y así entrar en efecto.

Pussy Riot se convirtió en un fenómeno internacional luego de una serie de actuaciones relámpago en varios lugares de Moscú (estaciones de metro, una prisión, las afueras del Kremlin) que culminaron con una presentación en la principal iglesia de Moscú, la Catedral de Cristo Salvador, un ícono de la fe ortodoxa que fue destruido durante la época soviética y reconstruido en los años 90.

Durante su presentación, en el altar de la Catedral, las integrantes del grupo punk le pedían a la Virgen que sacara a Putin del poder. En el video de su protesta, que se hizo viral en la red, se ve a las activistas besando el suelo y haciendo reverencias antes de ser sacadas por personal de seguridad del templo.

La actuación, el 21 de febrero de 2012, se convirtió en el símbolo más notable del descontento de una parte de la sociedad rusa en contra de Putin, quien para esa época comenzó a ser llamado zar por un sector de la oposición.

Privilegiando el anonimato de sus miembros (se cree que son unos 30 en Rusia y todos suelen presentarse en público con una máscara conocida como balaclava), Pussy Riot presenta una forma de la disidencia ciudadana que, sin afiliaciones con la política tradicional, se vale del arte para mostrar su mensaje: las cosas no están bien y más vale hacer algo al respecto.

Luego de un polémico juicio, en el que una de las tres acusadas logró ser liberada después de apelar la sentencia, Tolokonnikova y Alyokhina fueron condenadas a dos años de prisión en distintas colonias penales rusas (en una de ellas, el comandante de la guardia se declaró como estalinista, según contó Tolokonnikova en una carta abierta).

La liberación de las activistas llega apenas un par de meses antes de los Juegos Olímpicos de Invierno que se celebrarán en la ciudad rusa de Sochi.

slarotta@elespectador.com

@troskiller

Conoce más
Ver todas las noticias