“Cada obra de teatro comienza distinto”, dice el dramaturgo Moisés Ballesteros al hablar de las historias y los motivos que han inspirado los textos de sus 32 obras de teatro escritas en los últimos diez años. El artista, con tan solo 28 años y diez de experiencia profesional, ha actuado, dirigido y escrito. Su trabajo habla del amor, la soledad, el paso del tiempo, la violencia, la guerra y la muerte. Sobre todo, de la conciencia de la muerte.
“¿Qué pasa si voy en mi moto y alguien me cerró? Lo esquivo, ¿pero realmente lo esquivé? o morí y no me di cuenta, ¿se puede continuar existiendo sin saberlo?, ¿sin saber que se está muerto? Ese es un tema recurrente en mis obras, es un asunto de ser consciente de sí mismo. Sergio Blanco, dramaturgo y director uruguayo, dice que los temas ya están acabados en el teatro. Sabemos que todos tenemos miedo a morir y queremos ser amados, eso se hace presente en todas las obras, lo que varía es cómo lo contamos”, afirma Ballesteros.
En Venecia o afuera no para de llover, por ejemplo, él narra la historia de dos mujeres que están en una pequeña casa en medio de una fuerte temporada de lluvias e inundaciones. Esperan a alguien y no se pueden dormir porque los niveles del agua pueden subir, pero al final se dan cuenta de que hace tiempo estaban dormidas. En este caso, el interés del dramaturgo no era hablar de la guerra o la violencia, pero sí de esas situaciones por las que constantemente estamos pasando los colombianos. En sus inicios como estudiante del programa de artes escénicas de la Universidad Pedagógica, escribía inspirado en clásicos de la dramaturgia universal, como la trilogía clásica de La Orestíada y se tardaba varios meses frente a la hoja en blanco. Con el tiempo, la premura de las convocatorias, la presión de contar con una compañía propia como Teatro Estudio 87, tener temporadas y solicitudes internacionales, terminaron por cambiar todo el proceso. Muchas de sus obras parten de investigaciones, laboratorios de creación y talleres.
Rabia, una pieza que narra la historia de dos perros que buscan a su padre desaparecido —enmarcada en el conflicto bipartidista de liberales y conservadores, actualmente en temporada en La Sala: Fábrica de Hechos Culturales—, surgió del proceso que se llevó en la clínica de dramaturgia Punto Cadeneta Punto, liderada por Carolina Vivas. También de una intensa indagación sobre la impunidad. Su inminente estreno, a finales de marzo en La Maldita Vanidad, será la Trilogía del desasosiego y habla del Bogotazo a partir de tres dramas: tres familias que decidieron cerrar puertas y ventanas, pues sus vidas atravesaban una tragedia más intensa que la que se vivió en las calles de la ciudad el 9 de abril de 1948. “La idea era escribir varias obras que sean una misma con una unidad temática. Yo tenía muchas ganas de escribir sobre el Bogotazo, sobre todo hablar de eso que pasó alrededor, en lo íntimo. Cuando uno investiga sobre los años 40 es como si todo se redujera a un día, a un hecho: la muerte de Jorge Eliécer Gaitán”.
“En mis obras tengo la necesidad de dialogar, es un asunto totalmente exquisito. A veces mis actores me dicen que rayo en el terreno de lo poético, que así no habla la gente. Yo les digo que no importa, el teatro es un filtro, una obra de arte y no la realidad, nos sirve para ver lo que pasa, para hacer conciencia. Siempre me ha interesado la realidad colombiana, no le tengo miedo al lugar común. En este momento de mi vida siento que la única manera en la que puedo entender el mundo es a través de la escritura, es la manera más sincera. Me permite alejarme, observar, mirar la realidad en la que vivimos y decir algo sobre ella”, concluye Ballesteros. Este año ya ha escrito tres obras: un monólogo, un drama y una autoficción. Para Ballesteros, la palabra “drama” está para ser dicha, para ser representada, no para que se quede en el papel.