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Reivindicar la literatura oral

El profesor barranquillero Adrián Freja de la Hoz acaba de presentar su más reciente libro, “Literatura oral en Colombia. Romances, coplas y décimas en el Pacífico y el Caribe colombianos”.

18 de enero de 2016 - 11:12 p. m.
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Profesor de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia, el barranquillero Adrián Freja de la Hoz acaba de presentar en la Universidad Nacional de Colombia un proyecto de investigación en el que ha invertido algunos años de su vida y el cual le ha permitido conocer de cerca las regiones del Pacífico y el Caribe colombianos. Freja de la Hoz, quien en 2010 ganó el Premio Nacional de Literatura Ciudad de Bogotá en la modalidad de ensayo, es uno de los más acuciosos conocedores de las manifestaciones poéticas populares del país. Su tesis de maestría la publicó la editorial de la Universidad Nacional de Colombia y en su lanzamiento participó el maestro de la carranga Jorge Velosa, quien al conocer Literatura oral en Colombia. Romances, coplas y décimas en el Pacífico y el Caribe colombianos (2015), el libro de Freja, lo llamó por teléfono, sin casi conocerlo, para comentárselo en detalle.

Profesor, no deja de ser atractivo su descubrimiento: encontrar las similitudes formales de las décimas de los campesinos de los Montes de María con la décima espinela. ¿Cómo enlazó ambos elementos?

Para mí fue un gran descubrimiento encontrar a campesinos que, sin saber leer o escribir, componían décimas espinelas al estilo de los mejores poetas del Siglo de Oro español. Cuando llegué a la región de los Montes de María escuché que los campesinos hablaban de décimas y yo quise saber qué tipo de décima cantaban. Inicialmente hice grabaciones de estos campesinos y luego, al escuchar con detenimiento, iba analizando verso a verso. Me di cuenta de que cada uno de los versos era octosílabo, que rimaba el verso primero con el cuarto y el quinto, que el segundo rimaba con el tercero, que el sexto, séptimo y décimo también rimaban, así como el octavo con el noveno. Además noté que cada una de las rimas era consonante. Más sorpresiva aún fue la pausa en el cuarto verso. Es decir, al escuchar una y otra vez los videos y audios recolectados en los Montes de María, me di cuenta de que no había una sola falta a la norma de la décima creada por Vicente Espinel a finales del siglo XVI. En aquella época yo era estudiante de la carrera de literatura en la Universidad Nacional y acababa de ver un curso de literatura española del Siglo de Oro, por eso conocía a la perfección la métrica utilizada en el monólogo de Segismundo de La vida es sueño. También conocía las obras barrocas de Quevedo y Góngora, así como varios de los poemas de Sor Juana Inés de la Cruz en donde aparecía este tipo de forma estrófica. Pensaba, cuando vi el curso de literatura española de los siglos XVI y XVII, que quienes componían esa estrofa tan compleja eran únicamente poetas de renombre, por eso para mí el descubrimiento fue tan sorprendente e importante en relación con los estudios literarios en Colombia.

¿Por qué cree que este tipo de manifestaciones poéticas de la literatura oral son poco estudiadas por los literatos y sí por la antropología?

La respuesta es quizás muy sencilla, pero al mismo tiempo muy triste. Los estudios literarios han heredado, por un lado, el paradigma del siglo XIX, según los cuales la literatura era entendida como el “arte de las bellas letras” y, por otro lado, se ha conservado la tradición artística europea como la estética predominante. Tal vez los únicos estudiosos de la literatura que abordan fenómenos de literatura oral y popular son los medievalistas, quienes estudian la lírica popular europea como un fenómeno previo al Renacimiento artístico. Pareciera que luego del siglo XV la literatura europea se dio de forma escrita. Mientras que en áreas como la antropología los elementos populares (“folklóricos”) tuvieron mucha importancia en la segunda mitad del siglo XX.

Las décimas y los cantos de estos campesinos cumplen con los requerimientos formales de la décima espinela. Ahora, ¿qué nos puede decir de los temas de los cantos? ¿Qué tipo de exploraciones conceptuales se dan en ellos?

Las décimas propias del mundo oral campesino en Colombia y, en general, en Latinoamérica abordan situaciones muy relacionadas con el mundo inmediato y vital. La literatura oral tiene la particularidad de tener fuertes lazos con las labores diarias, las celebraciones rituales, las festividades y toda práctica cotidiana y cultural. Por tanto, los temas y problemas que se manifiestan en estas composiciones son muy características de la vida del campo. Las reflexiones conceptuales son las mismas que ha tenido la humanidad a lo largo y ancho de su existencia. La muerte, la vida, el amor y la violencia aparecen para ser pensados desde una visión muy propia de la sabiduría popular.

¿Qué puentes y diferencias hay entre los juglares del Caribe y del Pacífico colombiano?

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Las diferencias entre los juglares del Pacífico y el Caribe son variadas, pero antes de diferenciar ambas regiones es importante aclarar que no existe uniformidad como tal en las expresiones orales y sus exponentes en el Caribe o en el Pacífico. Por ejemplo, entre el norte y el sur del Pacífico existen diferencias culturales importantes que determinan los fenómenos de la literatura oral. En el Caribe se podría hablar de cierta “homogeneidad”, sin embargo, es claro que la manera de composición de los versos y su puesta en escena puede variar entre pueblos del oriente y el occidente caribeño. Retomando el paralelo entre Caribe y Pacífico, existe una clara tendencia en el Caribe a la improvisación de las décimas, fenómeno que no ocurre en ninguna región del Pacífico, en donde las décimas son conocidas previamente.

¿Qué les falta a los términos “oraliteratura”, “oralitura” u “oratura” para que decidiera usar el de literatura oral? ¿Le molestan esos conceptos?

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Sí me molestan esos términos, por una sencilla razón: si quitamos el término “literatura” de las manifestaciones artísticas de la palabra oral, estamos privando a este tipo de expresiones de su carácter artístico, puesto que el término “literatura” es entendido hoy como un arte. Si hablamos de “oratura” podemos referirnos a una expresión “popular”, pero no necesariamente artística. Mi intención es reivindicar la literatura oral, darle el estatus que se merece, mostrar que también es un arte. Si hoy consideramos la Ilíada como una obra de arte, por qué no consideramos las décimas, romances o coplas campesinas como expresiones con valor artístico literario. Ambas son expresiones orales, se trata de textos de la literatura oral. El asunto de inventarse nuevos términos puede que tenga su origen en la ya superada idea de Walter Ong, quien en su libro sobre oralidad decía que no tenía sentido hablar de “literatura oral” porque literatura viene del latín litera que quiere decir “letra”, es decir hace referencia a lo escrito. Pero si buscamos hoy las acepciones de literatura en el Diccionario de la RAE no aparece la letra o lo escrito por ninguna parte. Entonces el término “literatura” ya superó su etimología y hoy la entendemos como el “arte de la palabra”, no importa si se trata de la palabra escrita u oral.

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