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Rindiendo homenaje a «Tigres de cristal»

A través de “Tigres de cristal”, Toni Hill escribió sobre el acoso escolar cuando aún no tenía nombre. Tomando este fenómeno como tema central, el autor fue construyendo una novela negra que, de forma irónica y retorcida, rindió homenaje a todos aquellos niños que se vieron envueltos en esta dinámica durante los años 60 y 70. “Tigres de Cristal” es la historia de unos chicos que se convierten en monstruos y héroes al mismo tiempo.

25 de diciembre de 2018 - 03:45 p. m.
Toni Hill, autor de «Tigres de cristal», una novela que trata sobre el acoso escolar en tiempos en los que ese concepto no existía. / Cortesía
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Rendir homenaje es un acto que debe realizarse con sumo cuidado, como si se estuviera afilando una espada, o alimentando a un primer hijo, o caminando a través de un desfiladero entre dos montañas. Es un acto íntimo y agresivo a la vez. Es desnudar el alma mientras se baila una funesta danza. Es tomar los secretos de una persona, acariciarlos, besarlos y luego apuñalarlos a traición.

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Esto es rendir homenaje, sobre todo si se trata de los emigrantes que llegaron a Cataluña en los años 60 y 70. Lejos de ser españoles de regio abolengo, estas familias venían del fango. Eran familias que solo poseían un par de pantalones cortados y una valentía que apenas les cabía en el pecho. Eran personas que mataban su pasado en alcohol, en un llanto ahogado o en un grito al cielo; luego, aspiraban la falta de esperanza que flotaba alrededor y trabajaban hasta que se olvidaban de sí mismos. Los emigrantes que llegaron a Cataluña en los años 60 y 70 no tenían la sangre azul, pero eran reyes de su suelo y de aquel barrio que llamaban la “Ciudad Satélite”.

En un barrio lejos del gobierno español y de la civilización de una Barcelona inalcanzable, no era extraño ver a niños creciendo en medio de heroína, dinero ajeno y cicatrices por todo el cuerpo. Los hijos de estos emigrantes entendían más de miedo que de historia colonial, de abandono más que de álgebra y más de peleas que de fútbol ¿Cómo rendirle homenaje a estos chicos mitad ilusión mitad desaliento?

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Toni Hill decidió enfrentarse a este reto mediante la más extraña de las armas: la novela negra. “El Moco”, un niño rechazado con un padre agresivo y una madre alcohólica. El “Cromañón”, otro niño mimado más parecido a un gorila. El Cromañón acosando al Moco pegándole, insultándolo, asustándolo, cubriendo su vida de barro y miseria. El Moco encontrando refugio bajo la reputación de Víctor Yagüe y una noche en que deciden vengarse del Cromañón…matándolo sin quererlo en el proceso.

Dos niños convirtiéndose en asesinos, solo así Toni Hill le podía hacer justicia a estos chicos. Solo así podía retratar toda la ira, la tristeza y la incomprensión de toda una generación. A lo largo de las páginas de “Tigres de Cristal”, el lector logra sentir compasión, rabia, repugnancia y empatía por el Moco y Víctor Yagüe, todo al mismo tiempo; el asco que al inicio siente por el Cromañón, pronto se transmuta en una extraña piedad y una ciudad satélite que antes era invisible, ahora destila un halo en el espacio.

Sin embargo, este es tan solo la primera parte del homenaje. No es suficiente escribir sobre estos niños si no se explora a los hombres en los que se convirtieron. Aquí es donde Toni Hill descubre que las heridas de un acoso y de una infancia que nunca existió no cierran. Víctor y el Moco llevan detrás la sombra de la muerte y, allá a donde vayan, allá también los persiguen unas manos que los asfixian constantemente. También, ven en los niños del 2015 réplicas pálidas de lo que fueron y pudieron llegar a ser, y reaccionan visceralmente ante lo que, por fin, hoy en día tiene nombre: acoso escolar.

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Al tratar el acoso en dos generaciones distintas, Toni Hill indaga en las mil y una formas en las que este puede tomar forma. Un golpe, un insulto, una mentira, una mirada, una foto que se multiplica con cada bit, una manada de niños bestiales que se ciernen sobre su víctima, y un final que únicamente puede componerse de sangre, arrepentimiento y venganza. Solo así Toni Hill podía rendir homenaje a los niños de los años 60 y 70, a los hombres que son actualmente y a los chicos de ese mismo barrio 40 años después. Solo así podía descubrir todas las facetas que salen a relucir cuando lija todo su barro, su llanto reprimido, su ira contenida y esa poca felicidad que ha cicatrizado su corazón. La novela se llama “Tigres de Cristal” porque en eso es en lo que terminan transformándose estos niños: en monstruos, en guardianes y en una fragilidad eterna.

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