Lo que relato a continuación ocurrió ayer, fue un hecho absolutamente real, al cien por ciento, y no osaré que alguien piense que es fruto de mis delirios. Eran las 22:57 cuando mi amigo El cojo Robledo casi desbarata la puerta de mi casa. Con patadas y gritos estridentes exigía mi ayuda. Debo anotar que El cojo Robledo es escritor, como novelista se define él, pero yo llegaría a pensar que más que todo es un cuentista. El caso es que ha peleado con medio mundo porque no ha logrado quien le publique algo. Bueno, a lo que venimos: cuando le abro la puerta se fue derecho a la estantería donde él sabe que guardo el licor y se sopló, sin preguntar ni decir nada aún, al menos tres vasos de whisky. Del de malta, que estaba sin comenzar y es carísimo. Perdón, pero es que me distraigo con boberías y no voy al grano. Me ofrece un nuevo trago que se lo bebe él y ahí es cuando me relata entre sollozos histéricos que está en mitad de una novela de amor, que lleva unas cincuenta páginas escritas, y de repente, contra su voluntad, contra el deseo de sus dedos que agitan el teclado, la protagonista, a quien ha dado por llamar Melanie, se ha desenamorado de su amante, quien tiene la poca fortuna de tener por nombre Romeo, y cuando mi amigo El cojo Robledo descansa un poco después de escribir varias líneas, al retomar el trabajo se encuentra con todo el texto burdamente modificado. Lo último que le hizo la tal Melanie fue negarse a besar a Romeo, que el aliento le huele a alcantarilla, argumenta, y parece que amenaza con propagar con no sé qué virus el computador de mi amigo si éste persiste en esta novela absurda. Le ha propuesto que comience una gran historia de heroínas en la que ella resulte siendo algo así como la salvadora del mundo. Mi amigo El cojo Robledo se acabó mi whisky y cuando salió caminaba mejor que un atleta jamaicano y me dijo sin dudas que la solución de todo la tenía Silvia, una amante que piensa crearle a Romeo, pelirroja y con pequitas, y es que él deduce que ante los celos, Melanie será capaz de todo, hasta de suicidarse. Hay que aclarar que mi amigo no sabe mucho de mujeres.