Es raro que falle, pero hoy hice un mal movimiento y la arepa salió volando directo al suelo, rebotando contra todo antes de caer. En lo que solamente podría calificar como una fugaz pero contundente manifestación de lo ninja en mi alma, con la mano izquierda (mi mano débil) agarré la parrilla, hice una sentadilla perfecta y seguí la trayectoria de la arepa en el aire. Centímetros antes de que la arepa tocara el suelo y se perdiera definitivamente (esta es una casa con gatos: todo son pelos), interrumpí la trayectoria de la arepa con la parrilla (en la mano izquierda) evitando la catástrofe y, además, haciéndola aterrizar del lado que quería. Esto es, por supuesto, una demostración de que todo error y toda fatalidad son susceptibles de embellecimiento o capaces de redención.