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Samba por la amistad

Caetano Veloso y Gilberto Gil, figuras relevantes de las sonoridades del Brasil, acaban de presentar el álbum “Dos amigos, un siglo de música”, proyecto en el que reivindican la complicidad en la creación artística.

31 de enero de 2016 - 09:00 p. m.
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Gilberto Gil hizo del jingle un modelo de comunicación. En su primera etapa creativa, durante las décadas de los 50 y 60, diseñó sólidas estructuras publicitarias para que los mensajes llegaran a los oídos jóvenes de forma contundente y sin desviarse en el camino. El recurso que empleó para llevar a buen término su propósito fue la música, y desde luego le sacó provecho a que desde muy pequeño tuvo una relación estrecha con ella.

Fue el sonido del acordeón el que primero sedujo al artista cuyo nombre real es Gilberto Passos Gil Moreira. Se acercó a él como un aficionado, pero el instrumento no le proporcionó las herramientas necesarias para desarrollar una composición fluida, y más bien, optó por ser simplemente su admirador, su fiel seguidor, pero no su cómplice.

Para desempeñar ese rol de aliada, que está mucho más próximo a la hermandad que a la amistad, encontró a la guitarra. Este instrumento de cuerdas fue muy funcional para Gil, menos engorroso al momento de transportarlo y, sobre todo, incondicional hasta en los instantes más crudos. La prueba mayor de lealtad entre la carne y la madera la vivieron el artista nacido en Salvador (Bahía) y su guitarra durante el tiempo reinante de la dictadura en Brasil, cuando él y otros colegas, como Caetano Veloso y Chico Buarque de Holanda, asumieron la voz de todos aquellos que, amedrentados, preferían reservarse sus ideas y opiniones.

De este instante de crisis datan lazos irrompibles como las relaciones entre los trovadores y sus instrumentos, y los vínculos que se van fortaleciendo a partir del arte y la ideología. Gilberto Gil y Caetano Veloso son ejemplos de la amistad transformada en un movimiento cultural activo, que le ha suministrado el estímulo a las manifestaciones sonoras del Brasil para tener eco más allá de las fronteras geográficas.

“La dictadura y nuestro surgimiento musical fueron momentos muy especiales. Pero creo que ahora mismo empezamos a vivir un tiempo peligroso, quizá demasiado interesante. Puede que libros, películas, canciones surjan en muchas partes del mundo. Nosotros ahora aportamos parte de nuestro material”, asegura Caetano Veloso, quien nació en Santo Amaro de Purificación, una pequeña población ubicada también en Bahía.

Los nombres Veloso y Gil funcionan a la perfección por separado. El primero tiene alrededor de 500 canciones y 49 trabajos discográficos publicados en los cinco continentes, mientras que el segundo cuenta con medio centenar de registros y algo así como cuatro millones de álbumes vendidos. Sin embargo, en dupla la situación se multiplica para ambos y por eso acaban de publicar Dos amigos, un siglo de música, con el que celebran cincuenta años de labor individual trascendiendo barreras culturales, políticas y sociales.

En esta producción, dirigida por los dos artistas y supervisada por un hijo de cada uno (Moreno Veloso y Bem Gil), se reviven momentos memorables como los conciertos históricos en el teatro Vila Velha, las actuaciones en festivales de música, la conquista de grandes ciudades como Río de Janeiro y São Paulo, los días en prisión y el dolor del exilio. Además se realiza un acercamiento a la forma como Gil entiende la propuesta de Veloso, y viceversa.

Dos amigos, un siglo de música está disponible en tres formatos (dos CD, DVD o kit de dos CD más DVD) y tiene 28 canciones con las que se realiza un recorrido por los temas más importantes de Caetano Veloso y Gilberto Gil. Lo mejor de este proyecto es que su alcance está otorgando la posibilidad de verlos en escena. Comenzaron con formato íntimo y guitarreado en Ámsterdam y ya han visitado más de 35 ciudades. La idea es que el tour llegue a Colombia, para ser testigos del sonido de la complicidad.

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