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Teatro de exportación

Un ingeniero mecánico conquistó a los empresarios de teatro del Reino Unido. El colombiano Gabriel Zapata recibió en Edimburgo el premio a joven emprendedor de artes escénicas.

08 de septiembre de 2008 - 04:09 p. m.
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Su hobby nunca fue refugiarse en las salas de teatro, prefería invertir su tiempo libre tocando las cuerdas de una guitarra. Su profesión nada tiene que ver con las artes escénicas, pero un buen día, sin meditarlo mucho, Gabriel Zapata, un ingeniero mecánico, decidió convertirse en el  director ejecutivo del grupo de teatro Acción Impro, de Medellín.

“Me di cuenta de que el grupo tenía mucho talento pero poca iniciativa para administrar los  recursos que tenía. Entonces, dejé mi trabajo y decidí convertirme en la persona que gestionaría dineros en pro de Acción Impro. Así, los actores podrían dedicarse solamente a la parte artística”. Con el tiempo, Gabriel descubrió que era completamente imposible que el colectivo se mantuviera sólo con la venta de la boletería, así que decidió ofrecer un nuevo servicio: hacer puestas en escenas para empresas que quisieran transmitir a sus empleados valores corporativos. Empezaron a contactarlos para crear historias que, disimuladamente, les insinuaran a los empleados la importancia de la puntualidad, o las normas básicas de educación, e incluso, recomendaciones a la hora de usar el teléfono de la oficina. Con los recursos que conseguían podían darle rienda suelta a sus historias y hacer lo que debe hacer un artista según las propias palabras de Gabriel Zapata “lo que quieran”. “En Colombia es imposible vivir sólo del teatro, por eso los actores ejercen otras labores como dar clases, trabajar en comerciales de televisión, en novelas, etc”.

A principios de este año, Gabriel fue escogido por el Ministerio de Cultura para representar a Colombia en la convocatoria que elegiría al joven emprendedor de las artes escénicas del mundo, un programa del British Council para resaltar la labor de jóvenes emprendedores del sector cultural de países en desarrollo. En el mes de agosto viajó a Inglaterra para competir con jóvenes de otros siete países y para conocer los modelos de trabajo de los teatros más reconocidos del mundo: “Lo que teníamos que hacer para conseguir el premio era contar en 20 minutos qué era lo que habíamos hecho en nuestro país por el arte dramático. Conté mi experiencia y tiempo después estaba recibiendo, además del reconocimiento personal, 25 millones de pesos para crear un proyecto en pro del teatro en Colombia”.

Aunque él todavía no sabe cuál será ese proyecto, tiene muy claro que lo que le hace falta al teatro nacional es organización. Para él, no sólo el teatro debe organizarse, la cultura también debe tener las mismas intenciones y  no depender de ayudas estatales, en las que no tiene mucha fe.

Y aunque su tarea es prácticamente conseguir los recursos económicos para los montajes de las obras, Gabriel nunca ha solicitado patrocinios a empresas privadas, pues es consciente de que a muchas de ellas no les interesa invertir en eventos culturales que no son de asistencia masiva.  “Es increíble ver cómo al Teatro Nacional de Inglaterra el gobierno le aporta anualmente 100 mil millones de pesos. Cuando yo les decía a los jueces la cantidad de dinero con el que trabajamos en Colombia se quedaban aterradas”. Hoy, Gabriel, desde su oficina en Medellín, sigue trabajando para conseguir recursos que logren consolidar el teatro como un arte de asistencia masiva.

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