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Tiempos de memoria

Escribió poemas en un tiempo en el que muy pocas mujeres escribían.

05 de septiembre de 2012 - 05:32 p. m.
La poeta Maruja Vieira, una voz qu ha trascendido el tiempo. / Archivo
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“Todo lo que era mío… / La clara voz del padre y el eco de sus pasos / despertando la infancia”. Rasgó, buscó, iluminó, perdió, ganó, amó, luchó y volvió a escribir. “Las palomas / vinieron, yo no estaba. / Me dejaron / —tarjeta de visita— / una plumita blanca”. Una noche, sin permiso, conoció a Antonio Machado a través de sus versos, y aquellos versos la llevaron a otro mundo, un mundo donde todo era posible. Un sueño cuando estaba lejos de las palabras. Una realidad cuando sacaba sus hojas en blanco y escribía, por ejemplo, “No es fácil escribir / el nombre de antes. / Es como volver a un traje antiguo, / unas flores, un libro, / un espejo amarillo por los años”.

La realidad, dijo el tiempo, fue que vivió en Venezuela en los años 50, que trabajó en televisión, que escribió columnas de opinión en El Espectador y El Tiempo, que profundizó en diversos ensayos y fue numeraria de la Academia de la Lengua, que condensó su obra en libros como Campanario de lluvia (1947), Los poemas de enero (1951), Poesía (1951), Palabras de la ausencia (1953), Clave mínima (1965), Los nombres de la ausencia (2006), Todo lo que era mío (2008), Rompecabezas (2010) y Tiempo de la Memoria (2010).

El sueño, su realidad íntima, a veces no comprobable, difusa casi siempre, dijo la vida, fue que Maruja Vieira fue más que nada amiga de sus amigas (Meira Delmar, Dora Castellanos, Elisa Mujica), una ilusa que creía en los antiguos navegantes y volaba con ellos, una especia de quimera hecha mujer que creía en lo imposible, que siempre ha creído en lo imposible: “A los 85 éramos descaradamente vivos”, escribió dos años atrás. A fin de cuentas, como cantaba Mercedes Sosa, a quien le dedicó un poema, “de lo posible se sabe demasiado”.

Por Fernando Araújo Vélez

De su paso por los diarios “La Prensa” y “El Tiempo”, El Espectador, del cual fue editor de Cultura y de El Magazín, y las revistas “Cromos” y “Calle 22”, aprendió a observar y a comprender lo que significan las letras para una sociedad y a inventar una forma distinta de difundirlas. fernando.araujo.velez@gmail.com
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