Si hay algo que se repite en la recepción de Quémese después de leer, que además fue el filme encargado de abrir el Festival de Venecia, es la conmoción y el revuelo que ha causado entre quienes la ven, trátese de críticos de cine o simples espectadores.
Quémese después de leer no trata de fuego ni de pirómanos ni de bomberos al rescate, pero sí del peligro que se pasea tranquilamente por los corredores de las centrales de inteligencia estatales de Estados Unidos. Osborne Cox (John Malkovich), un agente de la CIA que ha sido despedido, decide regresar a casa y escribir sus memorias de la agencia, incluidas todas las actividades ilegales y encubiertas que terminan por untar a más de uno. Un computador que desaparece con el libro ya acabado es el desenlace apenas evidente y necesario de esta historia.
Sin embargo, lo que puede parecer un thriller más sobre los secretos de una de las instituciones más intrigantes y —por seguir la línea de los Coen— sospechosas del planeta, se convierte también en un arma peligrosa. Rompiendo un poco la tradición de estos directores, la cinta es protagonizada por celebridades como Brad Pitt, George Clooney, John Malkovich, Tilda Swinton y Frances McDormand, sin dejar de ser por eso ni arma ni peligrosa.
Llena de violencia, de burla, escepticismo, cinismo, de personajes que no son más que perdedores sentimentales y de otros solitarios que viven al margen de una sociedad y fugitivos de unas leyes que no entienden, Quémese después de leer carga con todos los distintivos y aclamados ingredientes de Joel y Ethan Coen.
Una película inteligente con las características que siempre encantan de este par de hermanos, una película con una imagen que la atraviesa de principio a fin y que resume todo: un hombre, elegante y altivo, camina rumbo a una reunión y hace resonar sus negros y brillantes zapatos a lo largo de un piso meticulosamente blanco.