El siglo XX apenas se insinuaba. Unos aires renovadores en las letras parecían imponerse y siendo testigo de su tiempo, en 1911, André Gide reunió a un grupo de colegas para fundar La Nouvelle Revue Française (NRF) (La Nueva Revista Francesa), una publicación que se convertiría en adalid del gusto y la calidad literaria francesa. Con el grupo aún no del todo armado, Gide conoció en un chalet cercano al suyo, ubicado en Normandía, a un joven apuesto y adinerado que intentaba hacerse un destino huyendo sobre todo de los deseos de su padre de convertido en parte de algún departamento del Estado.
André Gide conoció así a Gaston Gallimard, y su encuentro desprevenido marcaría el destino de las letras galas para siempre. Gallimard, que parecía haberse colado en el mundo literario más por influencia de sus amigos que por convicción propia, se convirtió en asistente infaltable a los clubes de lectura y amigo cercano de los árbitros de la verdad en materia literaria. Para entonces, la NRF intentaba ganar prestigio también como casa editorial.
Publicaron primero O Refém, de Paul Claudel, y con él lanzaron su famosa colección Blanche, reconocida por sus carátulas color marfil y sus dos líneas rojas como márgenes. Sin embargo, un prematuro error parecía empantanar las intenciones editoriales del grupo de escritores. En 1913, Marcel Proust tocó las puertas de la editorial con un manuscrito que había dado en titular En busca del tiempo perdido. Gide no le prestó mucha atención a aquel hombre tildado de perdido y calificó su texto como “una obra de entretenimiento, de un escritor mundano”. Sería Gallimard —que en los pocos años de operación se había convertido casi en el único propietario de la casa editorial—, el que se daría cuenta de que habían dejado escapar una de las voces más valiosas de su época, por lo que asumió casi como reto personal robarle los derechos de publicación de Proust a Bernard Grasset, editor que sí había decido publicar su obra.
La entrada de Proust en 1917 a la casa editorial Éditions Gallimard y luego el premio Goncourt recibido en 1919, con A la sombra de las muchachas en flor, marcaron el comienzo de la publicación de una serie de célebres escritores, como Albert Camus, quien fue lector de manuscritos de la editorial, para luego publicar con ella El extranjero y todo el resto de su obra, y como Jean-Paul Sartre y Marguerite Yourcenar.
La editorial, ahora en manos de Antonie Gallimard, nieto del fundador, celebró este año un siglo de publicaciones con la exhibición “Gallimard, 1911-2011 : un siècle d’édition” (Gallimard, 1911-2011: un siglo de edición), que se muestra en la Biblioteca Nacional de Francia. Este viaje al interior de uno de los mitos editoriales del Siglo XX delataba no sólo todos los triunfos de la casa, entre los que se cuenta 35 premios Goncourt, 36 premios Nóbel, y nombres de autores como Le Clézio, Milán Kundera, Ernest Hemingway, Franz Kafka, Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa, sino que sobre todo demostraba cómo Gastón Gallimard y sus amigos eran conscientes de que lo que pasaba en su comité editorial marcaría historia. La exposición estaba llena de cartas intercambiadas entre editores y autores que revelan cómo eran seleccionadas las obras , acaloradas discusiones sobre si publicar o no a una mujer, así como la primera edición de Las flores del mal, de Charles Baudelaire, ilustradas por Rodin por expresa petición de Gastón Gallimard; y en general un conjunto de textos históricos que revelan que fue política de la editorial que se conservaran todo tipo de manuscritos, cartas y borradores .
Hoy, la editorial que trazó como sus selecciones los devenires de la literatura de un siglo parece facturar mucho menos que otros monstruos de la edición; anualmente ha reportado ganancias de 242 millones de euros. Sin embargo, su prestigio sigue intacto. Cada año, más de seis mil manuscritos tocan las puertas de la editorial con la esperanza de que un chispazo como el ocurrido con Proust suceda. Intacta sigue también su independencia. La editorial que empoderó Gastón Gallimard aún sigue entre los de su sangre.