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Una manifestación pacífica

El evento musical por excelencia en el Valle del Cauca celebra su edición XVII y se ha convertido en la excusa perfecta para que Cali oiga, mire, vea y goce.

18 de septiembre de 2013 - 05:26 p. m.
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En el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez no hay espacio para las dudas ni las cavilaciones. En este encuentro cultural, que se realiza en Cali desde 1997, simplemente se viven las manifestaciones folclóricas sin la predominancia de ningún color. Aquí todos conviven en armonía. Se mezclan y el resultado se vuelve una amalgama al alcance de todo aquel que decida sumarse a un evento que se disfruta con todos los sentidos alerta.

Durante los años de experiencia del evento nadie ha asistido obligado. El escenario siempre ha estado lleno y la consigna máxima es el disfrute de la música. Primero fue en el Teatro al aire libre de Los Cristales, después en la Plaza de Toros de Cañaveralejo, más adelante en el Estadio Pascual Guerrero, y finalmente en la Unidad Deportiva Panamericana. En todas estas plazas reina la convivencia pacífica, se destaca el clima agradable, se multiplica el esmero de los grupos en tarima, y sobresale la música sin academia pero que se transforma en maestra a la hora de hablar de transmisión de emociones.
Tres canciones seguidas tienen los participantes para demostrarle al público sus capacidades. Terminan su interpretación y por regla del concurso se quedan estáticos, escuchando los aplausos de un público tan complaciente como bailador. Los licores de elaboración rústica se parecen a las letras de muchas de las agrupaciones participantes. A nadie le interesa la métrica, ni mucho menos las partituras. Aquí reinan el saber heredado y la destreza adquirida en un instrumento ejecutado durante años.

Es, sin duda, una fiesta colectiva en la que el baile es grupal y al mismo tiempo personal, porque cada quien vive el concierto a su manera. Son miles de voces las que se funden en una sola para entonar coros sencillos, en los que se corrobora que el Pacífico no solamente tiene influencias en los departamentos del Valle, Cauca y Nariño, sino que cobija todo el territorio nacional y, además, tiene una presencia importante en el público de Ecuador, Venezuela y Cuba.

Las marimbas de chonta, los violines caucanos y los tambores no ponen obstáculos para fusionarse con instrumentos como la guitarra, el bajo y la batería. Todo lo que tenga que ver con el sonido, el goce y la voluntad se vale en el Petronio Álvarez, un evento que por esta época suena por todos lados.

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