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Una moda académica: ¿Posibilidad o utopía?

Con ocasión de la edición número 29 de Colombiamoda, presentamos una reflexión sobre el estado de la moda en la academia, la cultura y la industria.

25 de julio de 2018 - 09:00 p. m.
/ Ilustración: Tania Bernal
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A propósito de la vigésimonovena edición de Colombiamoda y distanciándome del cubrimiento que los medios tradicionalmente realizan de la feria, quisiera empezar una reflexión que difícilmente tendría lugar fuera de los círculos especializados y en la que se ha debido avanzar desde hace años en el país. Me refiero al lugar que ocupa la moda en el entorno académico colombiano y las repercusiones que podría tener una discusión al respecto en la industria y la producción cultural nacional.

La condición marginal de la moda como búsqueda académica no es nueva y, ciertamente, no es exclusiva de Colombia. Sin embargo, para un país que es referente regional en materia de moda y en el cual, en 2016, de acuerdo con las cifras oficiales, el sector tuvo una participación del 10,7 % del PIB, es una discusión que se ha debido proponer tiempo atrás. Prueba de la falta de interés que existe por parte de la academia respecto de la disciplina es que de las diez mejores universidades colombianas según el ranking de QS, ninguna ofrece programas de pre o posgrado enfocados en la moda y ninguna parece tener intención de empezar a hacerlo en el futuro cercano.

Esta deslegitimación del campo obedece, entre otros factores, a la percepción que tiene el ciudadano del común respecto del tema y que permea hasta los sectores más elevados de la comunidad académica nacional. ¿Cómo podría un país que mueve más de US$3.000 millones anualmente, entre exportaciones e importaciones únicamente desde la industria textil-confección, no interesarse por un mejoramiento del sector, no sólo desde la perspectiva económica sino desde las aulas y el ámbito cultural? Estas preocupaciones han permanecido latentes desde hace ya al menos una década entre los expertos, pero nunca se han cristalizado en una conversación abierta entre los múltiples actores —profesionales e instituciones— que desemboque en medidas reales o, por lo menos, en un cambio de postura hacia concebir el tema como un sujeto digno de la consideración intelectual. Encarar esta situación requeriría revisar los factores que inciden en ella, para esclarecer los lugares desde donde podría provenir un cambio.

En primera instancia, se debe tener en cuenta el papel que juegan los medios masivos de comunicación en la formación de la opinión pública y reconocer que, al relegar el campo de la moda a las secciones de ocio y farándula, están reforzando la percepción generalizada que ve la moda como un asunto insustancial que sólo les atañe a algunos sectores específicos de la sociedad. Aquí se pone en evidencia que el problema no es sólo de opinión, sino que es institucional y se hace manifiesto incluso desde la forma en que se comunica la moda: hasta las mismas publicaciones especializadas fomentan cierta —aunque quizás no deliberadamente— mirada frívola del tema, cuando podrían utilizar su alcance para empezar a cambiar la percepción existente al respecto. En este sentido, si la moda no ha conseguido salir de su estatus banal es porque hemos estado educando a los profesionales del sector por fuera de una academia crítica que estimule sus inclinaciones intelectuales, entrenándolos, en cambio, más hacia el saber hacer que hacia el saber por qué hacer. Es un círculo vicioso: los medios reproducen un punto de vista trivial porque a los profesionales del sector no se les estimula su producción intelectual, debido a que la academia no considera la moda como un objeto legítimo de estudio, ya que el grueso de la sociedad ve en el tema un asunto trivial. Y así ad infinitum.

Nos quedamos con una sola cara de la moneda, que limita el potencial no sólo humano, sino productivo del sector. Es cierto que la moda tiene esa capacidad de vaciar de contenido hasta al más genuino de los movimientos sociales —por poner un ejemplo—, al diluirlo hasta el punto de reducirlo a un eslogan prosaico en una camiseta; pero que esto sea cierto, no implica que no existan profundas reflexiones intelectuales por hacer respecto de ese hecho en sí mismo. Y es precisamente ese reconocimiento de la moda como un fenómeno terriblemente complejo, generador de una infinidad de manifestaciones superficiales capaces de desencadenar ese tipo de reflexiones, el que hace que constituya un objeto de producción de conocimiento y no meramente un asunto superfluo. Puede hacerse ciencia desde la moda. Ciertamente, no el mismo tipo de ciencia que puede hacerse desde la astrofísica, pero ciencia, sin lugar a dudas. No en vano desde múltiples campos del conocimiento se ha acumulado más de un siglo y medio de producción teórica e intelectual sobre la moda.

Ahora bien, no en todos los aspectos se le ha negado a la moda su validez como objeto de investigación. El esfuerzo de las instituciones en Colombia ha estado conducido generalmente por y para el mercado, produciendo contribuciones en análisis de tendencias, inteligencia de mercados y desarrollos tecnológicos para el sector, entre otros, generando un volumen de información y de datos estadísticos invaluables para la industria y la economía. Quizá si una iniciativa más modesta, pero semejante, encaminada a la producción teórica surgiera, podría convocar a académicos de otras áreas del conocimiento —filósofos, sociólogos, psicólogos— cuyas investigaciones produjeran resultados útiles para la academia y de las cuales el mercado también pudiera sacar provecho. No veo plausible la posibilidad de abrir una línea de investigación en moda desde Colciencias, por ejemplo. Deseable, sí; plausible, no. Mucho menos cuando el país se encuentra en una situación en la que apremian otros direccionamientos para el presupuesto público. No obstante, sí supondría un escenario ideal, por utópico que parezca.

La moda necesita un mercado en el cual manifestarse y una producción teórica sobre la cual estructurar su innovación posterior. Un sistema dependiente de sólo uno de los dos extremos, eventualmente, se agotaría o empezaría a sub-aprovechar los recursos de los que dispone. Los futuros profesionales del sector requerirán unas herramientas que les permitan comprender este fenómeno, para prolongar los avances que ya hemos alcanzado. El cambio que propongo no va a llegar de un día para otro, pero si quienes toman las decisiones empezaran a considerarlo como una posibilidad desde ahora, quizá en diez años no se escribirían artículos como este, sino que se escribiría acerca de las contribuciones científicas que, desde la moda, estuvieran aportando los investigadores colombianos.

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