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Vivir entre animales

La fascinación por el hombre que convive con los animales, una criatura no del todo animal aunque tampoco completamente humana. Un ser que logra dominar ciertos poderes de la naturaleza, un espíritu libre.

04 de septiembre de 2012 - 06:00 p. m.
Mary-Ann Ochota, antropóloga y conductora del programa. / Cortesía
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Esto en la ficción, en relatos que van desde Mowgli hasta Tarzán: el lado más salvaje de la humanidad. En la realidad ese salvajismo toma la forma del abuso, de la violencia contra el más pequeño.

Criado por animales es una miniserie de tres capítulos que explora la historia real de niños que, tras ser abandonados o maltratados por su familia, terminaron viviendo con monos en Uganda, perros en Ucrania o gallinas en Fiji. La producción se estrena hoy, a través de Animal Planet, a las 11:00 p.m.

“Creo que una de las lecciones más importantes que hay para aprender de estas experiencias es la fragilidad, la vulnerabilidad de los niños. Otro punto es el conocimiento científico que se puede extraer de estos casos en temas como el aprendizaje del lenguaje”, dice Mary-Ann Ochota, antropóloga y conductora del programa.

El interés por el hombre-animal es un asunto presente en múltiples culturas. Más allá del poder de la naturaleza, de pronto imaginamos que ser criado en la selva nos exime de la culpa de ser humanos: el peso de cargar con pasados y odios, la libertad de los instintos, de las pocas opciones, de no conocer la maldad.

La historia de estos casos es la del maltrato intolerable que empujó a unos menores a internarse en la selva durante tres años, como es el caso de John, un menor de Uganda que a los cuatro años huyó de su hogar para vivir con monos, hasta que fue sacado de allí por campesinos.

La reincorporación de los niños es tan extrema como su adaptación a otros ambientes, pues, en casi todo el sentido de la palabra, son criaturas salvajes, con un conjunto de reglas diferentes, sin una lengua para hablar, sin obedecer la autoridad de un profesor, por ejemplo.

Ochota asegura que una de las complicaciones de la producción fue encontrar testigos confiables que pudieran contar la historia, no el mito o la leyenda, sino el recuento verídico de una experiencia increíble, aunque dolorosa. “Estos son relatos muy poderosos porque hablan de lo que significa ser humano”.

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