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Buenos Aires

La librería más hermosa que conozco está en la avenida Santa Fe, cerca del barrio de La Recoleta, en Buenos Aires. Los libros ocupan los palcos y la platea de un teatro centenario que, a punto de reducirse a ruinas, estuvo cerca de ser convertido en supermercado.

Fernando Quiroz
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De manera que pudo haber jabones y comida para perros donde hoy Borges y Cortázar, Sábato y Gambaro, hablan de la historia de las letras argentinas. Se llama Grand Esplendid. Mientras uno curiosea títulos y pasa revista a los autores predilectos, llega desde el escenario, convertido en café, un piano que invita a olvidarse del reloj.

A pocos pasos de allí, la librería Clásica y Moderna, sobre la avenida Callao, parece responder a la monumentalidad de la anterior con la discreción de su pequeña sede, ubicada al fondo de un restaurante que sirve de punto de encuentro para quienes quieren partir camino entre Palermo y el Centro.

En sus mesas atiborradas y anaqueles desordenados, hay una selección cuidadosa de buena literatura que los libreros del lugar explican con lujo de detalles. No cabrían allí una docena de compradores al mismo tiempo. No obstante, sorprende el tamaño del piano que se deja oír desde el salón contiguo y que en las noches acompaña a bandoneonistas insignes que insisten en alborotar la nostalgia de los amantes del tango.

No hay que ser un buen caminante para llegar en pocos minutos desde allí hasta la avenida Corrientes, coronada, a esa altura, por una fabulosa tienda de discos y de libros Zivals. El mítico Obelisco, en la avenida Nueve de Julio, se ve como una postal bastante cercana desde la puerta del local. En esa decena de cuadras que separan uno y otro punto se concentra una parte fundamental de la oferta cultural de Buenos Aires.

Teatros de alcurnia, como el Alvear y el San Martín, adonde llegan algunos de los más exigentes montajes de teatro del mundo, se codean con espectáculos de cabaret y comedias ligeras anunciadas con luces de neón y fotografías gigantes de modelos casi desnudas. Así mismo, librerías de renombre como Losada y Gandhi comparten la calle con galpones desangelados en los que se consiguen tomos sueltos de viejas enciclopedias, tratados para la curación de casi todas las enfermedades y toda la suerte de novelas que alguna vez fueron las más vendidas.

Buenos Aires no empieza en Corrientes. Ni ahí termina. Pero el que pretenda decir que conoció la capital argentina, debe recorrer esta avenida con los ojos bien abiertos, donde se ubica uno de los pulmones culturales de esta ciudad maravillosa.

Por Fernando Quiroz

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